¿Cómo le fue al cine en la dictadura de Rojas Pinilla, con la Junta Militar y en el ‘Bogotazo’?

Historia social del cine en Colombia es una de las investigaciones más ambiciosas que se ha hecho en el país sobre esta industria de altibajos. Su autor, Álvaro Concha, publicó el primer tomo en 2014 donde abordó el cine en Colombia, en casi 500 páginas, entre 1897 y 1929. 

Y recién acaba de editar el segundo tomo, desarrollado hasta 1959, en la misma línea de su primera entrega: contextualiza el recorrido del cine en el país desde 1897, lo acerca a sus relaciones sociales, económicas y políticas. No es un libro de anécdotas, ni de reseñas. 

DIARIO CRITERIO: ¿Por qué suele creerse que el cine es solo entretenimiento y no que tiene un desarrollo social y una historia, como usted lo refleja en su investigación? 

ÁLVARO CONCHA: Es una opinión general, por lo evidente, que el cine es industria, arte, entretenimiento y negocio. Este último atributo ha suscitado desde los comienzos mismos del cine una polémica eterna que contrapone el cine arte al interés comercial endilgado solamente a Hollywood, desconociendo que todos los países del mundo han hecho cine con un afán mercantilista. Aunque desde luego el negocio puede ser contradictorio con el arte, dudo que ese conflicto sea necesariamente antagónico. 

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DIARIO CRITERIO: ¿Qué tan libre ha sido el cine colombiano en contar lo social, los problemas de este país? 

A.C.: Limito mis respuestas al espacio temporal de mis dos tomos publicados, es decir, hasta 1959. En los tiempos mudos se realizó y exhibió sin censura, por ejemplo, la película Conquistadores de almas (1924), de Vicente di Doménico, que puso en pantalla las relaciones feudales de propiedad de la tierra en el país. La manera superficial de ver la historia de Colombia suele atribuirle una prohibición oficial al Drama del 15 de octubre, sobre el asesinato de Rafael Uribe Uribe, cuando se sabe que el veto fue impuesto airadamente por el pueblo liberal que protestó en las calles y en las salas contra la cinta de Francesco di Doménico. 

DIARIO CRITERIO: Esto ocurrió en el cine silente. ¿Qué pasó ya en el sonoro?

A.C.: En la era parlante, años cuarenta, a nadie se le ocurrió poner en cinta un tema diferente a la expresión costumbrista del ‘Alma nacional’, euforia nacionalista de la época de la República Liberal, que invadió la cultura popular en el país. En los cincuenta quizás hubo, por temor, una autocensura en los noticieros que no reflejaron la problemática de la violencia partidista de entonces. 

“El momento más difícil para el cine colombiano fue el comprendido entre 1948 y 1957, durante los gobiernos de Laureano Gómez y Rojas Pinilla” 

DIARIO CRITERIO: En su segundo tomo, entre otras etapas, aborda de 1948 a 1957. ¿Afectó mucho el asesinato de Gaitán, el ‘Bogotazo’, al cine nacional? Este periodo marca mucho, para bien o para mal, a nuestro cine?,

A.C.: No, a la primera pregunta. Sobre la segunda se puede decir que la última parte de ese período sí influyó para bien en el cine nacional. El establecimiento de la televisión le sirvió de nicho a la producción nacional cinematográfica. Por un lado, el teleteatro contribuyó, y por otro lado la infraestructura técnica, tecnológica y profesional sirvió para intentar realizar cine desde allí. Películas como la Frontera del sueño y Dos ángeles y medio, y más tarde El milagro de sal, recibieron un soporte benéfico, como lo explico con detalle en mi libro. 

DIARIO CRITERIO: ¿Cuál fue el momento más difícil para el cine colombiano, hasta 1959, en decir lo que tenía decir? 

A.C.: El comprendido entre 1948 y 1957, los gobiernos de Laureano Gómez y Rojas Pinilla. 

Historia social del cine en Colombia
Álvaro Concha lanzó el segundo tomo de su investigación sobre la importancia y la influencia del cine nacional desde finales del siglo XIX. Foto: Archivo Particular

DIARIO CRITERIO: ¿Por qué? 

A.C.: Pues había quedado atrás el boom del cine parlante nacional y solo quedaban noticieros que si se atrevieran a decir “lo que tenían que decir”habrían sido fuertemente censurados. A pesar de tener sonido, se quedaron mudos frente a la violencia. 

DIARIO CRITERIO: ¿Cómo le fue al cine, específicamente, con Rojas Pinilla? 

A.C.: Rojas Pinilla importó laboratorios de cine para la presidencia y estableció un departamento de cine en la radiotelevisora nacional, creada por él, desde donde se producía un noticiero al servicio de la imagen del general, el cual era de obligatoria exhibición en las salas de cine del país. De otro lado, Marco Tulio Lizarazo puso su cinematografía al servicio de Rojas, de cuyas ejecutorias filmó varios noticieros y documentales. La Junta continuó con el noticiero llamado Colombia al Día, Coldía

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DIARIO CRITERIO: ¿Y con la Junta Militar (entre 1957 y 1958)?

A.C.: En esa época se produjo Dos ángeles y medio, de Aguilera Malta, que reflejó el conflicto social de los gamines bogotanos y que no se exhibió al público, tal vez, intuición mía, sin pruebas, porque esa Junta, de cuyos laboratorios dependía la posproducción de la cinta, no avaló la película. La censura operó de frente contra algunas películas de los sesenta, pero eso es asunto del tercer tomo que estoy escribiendo. 

DIARIO CRITERIO: ¿Nos puede adelantar algo? 

A.C.: La censura a Raíces de piedra, película del año sesenta, dirigida por José María Arzuaga, por ejemplo. 

DIARIO CRITERIO: ¿Los partidos políticos tradicionales qué tanta injerencia tuvieron en el cine nacional en ese periodos que usted investigó? 

A.C.: Ninguna en el cine argumental y bastante en los noticieros. El liberalismo olayista, con los hermanos Acevedo, y el liberalismo lopista, con Actualidad Panamericana, de Escallón Villa, a manera de algunos ejemplos notables. 

“Ante la pregunta de por qué el colombiano subestima el cine nacional estamos tentados a decir que porque es malo. Pero no quiero caer en el facilismo prejuicioso y todavía reflexiono sobre el tema”

DIARIO CRITERIO: ¿Qué hacían con los noticieros que, cabe recordar, solo se veían en las salas de cine? 

A.C.: No se entienda imposición, sino influencia evidente, pues el protagonista de los Acevedo fue Olaya, quien mantuvo amistad con los hermanos y les hacía reconocimientos públicos. Por otro lado, Escallón había sido secretario de López Pumarejo a quien le daba cabida permanente en su noticiero. 

DIARIO CRITERIO: La Iglesia Católica procuró censurar algunas películas… 

A.C.: Hay un fenómeno curioso: la película por la cual uno creería que la jerarquía eclesiástica debió protestar duro fue Éxtasis (1933), proyectada en Bogotá en 1935 con el aval de todo el mundo, sin oposición alguna en la prensa de entonces, liberal o conservadora, y en contra del veto universal del papa Pío XI. 

‘Allá en el trapiche’, una comedia musical de 1943, llevó a que muchos dijeran que el cine colombiano se había mexicanizado. Todo porque en México se había estrenado hacía poco ‘Allá en el rancho grande’.

DIARIO CRITERIO: ¿Qué era no santo en ‘Extasis’?

A.C.: En esa cinta la joven Hedy Lamarr aparece desnuda y en una escena de orgasmo con un hombre, que no es su marido. Escándalo total en esos años. En cambio, la Iglesia sí influyó a través de la junta de censura en películas extranjeras de menor escándalo moral, y en perjuicio de exhibidores y distribuidores.

DIARIO CRITERIO: ¿Uno de qué herencia principal puede hablar del cine colombiano? ¿Italiana, francesa, española? 

A.C.: En los primeros dos decenios del siglo veinte, el cine que se exhibía de manera hegemónica en el país era ítalo-francés; sin embargo, no se refleja influencia alguna en las películas mudas nacionales de los años veinte que estaban más bien determinadas por el teatro que se exhibía entonces. 

DIARIO CRITERIO: ¿Y la influencia Hollywood?

A.C.: A partir de los treinta vino el alud de Hollywood, que tampoco se refleja en las películas parlantes colombianas de los cuarenta, influenciadas por el radioteatro y el costumbrismo. Colombia se cerró a la influencia extranjera en todos los oficios de la producción, incluida desde luego la técnica y tecnológica con la complicidad del Estado que obstaculizó la importación de máquinas e insumos para la cinematografía criolla. 

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DIARIO CRITERIO: ¿En qué momento se puede hablar de un cine colombiano auténtico, sin influencia de lo mexicano, por ejemplo? 

A.C.: Valga la pregunta para intentar refutar un prejuicio generalizado. Desde los tiempos de Allá en el trapiche, durante el boom del primer cine parlante colombiano de los años cuarenta, se ha hablado de la mexicanización del cine colombiano. El título de aquel filme se ha parangonado con Allá en el rancho grande en apoyo de esa afirmación. 

DIARIO CRITERIO:: ¿Pero es más que eso?

A.C.: Los países jóvenes de Hispanoamérica reflejaron en el cine el proceso de su unificación nacional y de modernización, proceso que exaltó el nacionalismo en las sociedades respectivas. La República Liberal en Colombia fomentó los valores folclóricos y culturales de la nación en busca del ‘Alma nacional’, y lo hizo desde el Ministerio de Educación. En el terreno material la economía cafetera campesina le daba base a la cultura y, en el espiritual, el bambuco le daba una superestructura. Se expidió una ley que fomentaba esos valores en el cine, valores difundidos ampliamente por la radio en expansión. Así que se fusionó el folclor con el cine, no como exigencia de una ley, sino como un flujo natural de la personalidad nacional.

DIARIO CRITERIO: Entonces, ¿en qué momento lo de la mexicanización?

A.C.: La aparente mexicanización se explica porque tanto Colombia como el país azteca tenían una inmensa población campesina que cantaba su atraso en el folclor. Por eso la identificación de una amplia base popular de nuestro país con el cine mexicano. A falta de un cine propio, ese cine extranjero le mostraba un 

espejo a las masas populares. Somos parecidos. El tema está mejor y más ampliamente desarrollado en mi segundo tomo. 

“De cine colombiano entre 1930 y 1957, recomiendo ver Dos Ángeles y medio, porque es la que más se parece a una película entre todas las de ese período”

DIARIO CRITERIO: ¿Quién ha hecho plata con el cine en Colombia? 

A.C.: En el período hasta ahora estudiado por mí, ningún productor nacional. Solo los distribuidores del cine extranjero. 

DIARIO CRITERIO: ¿Por qué cree que el colombiano aún subestima a su cine? 

A.C.: Ante esa pregunta todos estamos tentados a decir que porque es malo. Pero no quiero caer en el facilismo prejuicioso y todavía reflexiono sobre el tema. Tal vez le tenga una respuesta más tarde. 

DIARIO CRITERIO: ¿Qué película colombiana, entre 1930 y 1957, recomendaría ver y por qué? 

A.C.: Dos ángeles y medio, porque es la que más se parece a una película entre todas las de ese período. Estructura narrativa, historia, puesta en escena, actuación, cámara, montaje y sonido. Mejores aspectos de forma que las anteriores. El contenido es otra cosa. 

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