El dilema que le quita la paz a J Balvin en medio de las manifestaciones

En medio de un estallido social sin precedentes, y cuando muchos le piden a los famosos que tomen partido, Amazon Prime presenta ‘El niño de Medellín’, un documental que sigue las dudas y la disyuntiva del músico paisa durante el paro de 2019.

Uno pensaría que El niño de Medellín, el documental de Amazon Prime sobre el colombiano J Balvin, estaba pensado como una mirada íntima a una estrella de talla mundial que lucha contra la depresión y la ansiedad.

Las primeras tomas y las conversaciones iniciales van hacia allá, y tiene lógica: el colombiano ha sido uno de los pocos artistas en aceptar que más allá de la fama y la riqueza, también hay enfermedades mentales y sufrimiento.

Sin embargo, pronto queda claro que el plan fue cambiando a medida que iba avanzando la filmación. Justo la misma semana que el director Matthew Heinman (el mismo de documentales como Cartel Land y películas como A Private War) escogió para acompañar al máximo exponente del reguetón, en Colombia arrancó un estallido social que copó toda la agenda informativa.

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Un estallido social que le hizo cuestionar a muchos, incluídas las estrellas musicales como Balvin, su posición o su silencio. 

Uno entiende por qué Heinman eligió grabar el documental esa semana: Balvin, quien logró llegar al estrellato luego de un camino largo, que lo vio superar el rechazo de muchos para alcanzar las grandes ligas de la música mundial, se prepara para cerrar su más reciente gira en el estadio Atanasio Girardot de Medellín.

Más que su primer concierto solo en un estadio, es el sueño de toda su vida: cantar en la ciudad que lo vio surgir ante un público multitudinario. El momento que hará que todo (la lucha contra la depresión incluida) valga la pena.

Pero como la realidad es caprichosa: eso coincide con el paro nacional y el estallido social de noviembre de 2019.

Y lo que sigue es un documental muy pertinente para este momento, en el que el país vive un estallido social aún más grande que el de 2019, y cuando muchos aún le exigen a las estrellas y a los famosos que hablen, que tomen partido. El mismo Balvin sigue metido en el medio de la controversia, porque aunque ha opinado sobre el tema, muchos aún lo llaman tibio.

“Diga lo que diga, me van a atacar”

Al inicio del documental, y cuando las protestas del 2019 apenas están iniciando, el cantante se muestra reacio a opinar de política. En las conversaciones con sus amigos, con su mánager y con sus familiares dice que él solo es un artista y que su misión es entretener a la gente. “Soy un colombiano orgulloso de llevar mi país y mi tierra a todas partes. No soy de izquierda ni soy de derecha, pero voy derecho para delante con dignidad y con respeto”, dice en un concierto en México, justo antes de viajar a Colombia.

Pero a medida que la fuerza del paro (y la cantidad de jóvenes que salen) sorprende al país, muchos comienzan a presionar a Balvin en redes sociales. Mientras que artistas como Adriana Lucía o Monsieur Periné se unen rápido a las protestas, y otros como Marbelle las atacan, él guarda un prudente silencio.

“Soy un colombiano orgulloso de llevar mi país y mi tierra a todas partes. No soy de izquierda ni soy de derecha, pero voy derecho para delante con dignidad y con respeto”.

“Las estrellas del desapego, que ven el fuego desde Miami, pero siguen lejos de las llamas. ¿Dónde está el niño de Medellín?… Copia conceptos que hacemos aquí para venderlos afuera como suyos y vender su maldito concierto”, escribió, por ejemplo, Mañas Ru-Fino, un reconocido rapero de Medellín en las redes sociales.

Balvin, que revisa diariamente las redes, comienza a entrar en una especie de crisis.  Sobre todo porque el paro se agudiza y se convierte en un estallido social. Las manifestaciones multitudinarias, los cacerolazos, los desmanes y las denuncias de abusos policiales se convierten en el pan de cada día, e incluso comienzan a cancelar los conciertos. Cada vez más gente le dice “tibio” y le pide que se pronuncie.

Con el agravante de que meses antes, en medio de las protestas en Puerto Rico, él había tomado partido a favor de los marchantes.

Es tanta la presión, que los fantasmas de las depresión y la ansiedad reaparecen. Incluso se enferma de la garganta. “Me pone muy nervioso (lo que está pasando con las protestas). Debo ser muy cuidadoso con lo que digo, no quiero meterme en asuntos políticos porque no es lo mío”, le confiesa al documentalista.

En otro aparte, cuando responde una entrevista con un periodista de El Colombiano, que le pregunta por la polémica, incluso dice: “Ahora somos los presidentes del país, cuando antes éramos lo más indigno. Y sé que no van a quedar felices, porque si no apoyo lo que cada uno de ellos cree que tengo que apoyar voy a  quedar como un hijo de puta”.

“Ser artista viene con una responsabilidad”

El punto de máxima tensión es cuando el Esmad mata a Dilan Cruz, uno de los jóvenes que protestaban en Bogotá. Balvin, realmente conmovido por esa muerte, hace un post de Instagram en el que lo homenajea y destaca que falleció por buscar el sueño de un país mejor. Pero es insuficiente: la mayoría lo critica por no decir nada sobre el paro ni tomar una posición política.

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A medida que se acerca el concierto, el estrés aumenta y todo lo que sucede termina por cuestionar al paisa sobre su papel y su responsabilidad como artista. “Pensé que sabía qué tipo de artista quería ser, pero ahora no lo sé (…). Sé que la gente no es estúpida, sabe quién es real y quién no. Yo respeto eso, pero a veces me pregunto: ¿Por qué me juzgan tanto?”, le dice a Heinman.

Balvin incluso se reúne con Mañas Ru-Fino, el rapero que lo había criticado públicamente. “La gente está sintiendo como que usted se está escondiendo”, le dice él. Y luego remata: “Los que están marchando es gente como yo, y lo ven a usted como un modelo a seguir. Lo que están pidiendo los pelados es que puedan estudiar mínimamente, que usted vaya a la salud y mínimamente lo atiendan y no le manden dos tabletas de acetaminofén. ¿Me entiende? Cualquier cosa que usted pueda hacer para ayudar créame que los va a ayudar, porque es que están matando a los pelados”, le dice él. 

Incluso su mánager, Scooter Braun toma partido y le pide que se pronuncie a favor de los jóvenes que marchan. “Cuando eliges ser músico, no te conviertes en un político. Pero cuando tienes una plataforma más grande que la política, y una plataforma en la que buscas inspirar, eso viene con una responsabilidad. No la pediste, pero cuando aparece, toca enfrentarla”.

“La gente está sintiendo como que usted se está escondiendo”, le dice Mañas Ru-Fino a Balvin un día antes del concierto.

Aún así, Balvin se muestra dudoso. Especialmente por la polarización del país: “Aquí hay izquierda y hay derecha, chicos que piensan esto y otros que piensan todo lo contrario”. También dice que Balvin es su personaje público, el de los conciertos, pero que la persona real, José Osorio (su nombre de pila), es alguien privado, alguien que solo aparece con sus familiares y amigos.

Pero Braun parece tenerla clara: “Sí, pero tú estás aquí gracias a muchos de esos chicos. Y recuerda que los artistas son los que pueden hablar por otras personas que no tienen tanto poder para hacerlo. Y J Balvin tiene la plataforma, pero el que va a hablar desde el corazón es José”.

El dilema sigue

Heinman sugiere que, al final, Balvin termina por aceptar su papel como un artista que tiene una responsabilidad política.

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Y eso parece, porque en medio de su multitudinario concierto -todo un éxito comercial-, hace una declaración en ese sentido: “Me dijeron tibio por tratar de ser prudente. Pero hasta que llegué a Medellín y me fui a los barrios, me conecté con los chicos, no supe qué es lo que necesitan”.

“Y le pido al gobierno que por favor los escuche, que si están marchando y están saliendo a las calles es porque algo no anda bien, algo necesitan: más educación, más salud. Estamos cansados de la violencia”, grita en medio de aplausos, antes de pedir un minuto de silencio por los muertos.

J Balvin y el dilema ante el paro nacional
El documental también sigue a Balvin por sus visitas a la Comuna 13 y a algunos barrios populares de Medellín.

El documental termina un poco después de esa escena y deja la sensación de un tema resuelto. Pero, nuevamente, como la realidad es caprichosa, hoy -justo cuando el documental es visto en todo el mundo- es claro que la disyuntiva sigue viva.

No solo porque Colombia está en medio de un estallido social mucho más grande y largo que el de 2019, sino también porque Balvin ha seguido siendo blanco de ataques. Aunque esta vez sí decidió hablar e incluso rechazó la reforma tributaria y el abuso policial.

Pero como días después criticó también los actos vandálicos y los equiparo con la violencia de la fuerza pública, muchos salieron a atacarlo y le llovieron críticas por “tibio”.

Él trató de zanjar la cuestión hace unos días con unas historias en su cuenta de Instagram. Allí dijo:

“Si opino, soy tibio, si no opino, no tengo empatía, ¿entonces? Está claro que hay una injusticia. La gente está sufriendo, gente inocente que está luchando está muriendo en las calles por la fuerza pública. No quiere decir que todo el mundo que esté en la calle sea vándalo o que todos los policías sean asesinos. Así como hay gente buena, hay gente mala. No se puede generalizar. ¿Por qué queremos seguir polarizando y dividiendo al pueblo?”.

El debate sigue abierto.

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