La economía naranja no pegó

Con la salida de Felipe Buitrago del Gobierno, que se oficializó esta semana, una de las políticas más importantes para el presidente Duque pasa a un segundo plano. A pesar de los proyectos y las inversiones, nunca pudo tomar forma. ¿Por qué?  

Cuando Iván Duque fue elegido presidente, la expectativa de su gestión estaba puesta en la cultura. Y no era para menos: el nuevo mandatario era el abanderado de la economía naranja, un concepto que pretendía darles fuerza a las llamadas industrias culturales y creativas. 

Duque no solo había escrito dos libros sobre el tema. Como senador propuso la Ley Naranja, que entró en vigencia en 2017 y que busca fomentar, proteger e incentivar a los emprendedores culturales. La idea es que con sus proyectos ganen plata y se conviertan en un motor de desarrollo del país. 

Una ley que muchos creían se iba a consolidar como una política nacional exitosa con su llegada al Gobierno.

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Pero ahora, con la salida del exministro de Cultura Felipe Buitrago, la sensación general es que la economía naranja se aguó y que en el año y medio que queda de gobierno no se alcanzarán a ver los beneficios que tanto se habían prometido. 

Parte de esa sensación se debe a que Buitrago era una especie de segundo padre de la economía naranja. No solo había sido el coequipero del presidente cuando impulsó el término (e incluso es coautor de ambos libros), sino que desde el inicio del Gobierno estuvo detrás de la formulación y ejecución de la política. Primero como asesor, luego como viceministro y, finalmente, como ministro.

Y aunque Angélica Mayolo, la nueva ministra, quien se posesionó este viernes, pasó por la Secretaría de Desarrollo Económico de Cali, en donde implementó una estrategia de industrias culturales, muchos creen que su nombramiento está más pensado en tender puentes con los jóvenes (tiene solo 31 años), las comunidades afro y el Valle de Cauca, debido a las movilizaciones, que en darle un impulso definitivo a su bandera de gobierno. 

Lejano y poco empático

La salida de Buitrago, a solo seis meses de haber sido nombrado en el cargo, fue una sorpresa. Sobre todo debido a que se trataba de uno de los grandes amigos del presidente Duque. 

Sin embargo, en el sector había voces de descontento con su labor. No tanto en las empresas y grandes instituciones culturales, sino entre los gestores y quienes hacen cultura en el territorio. 

La sensación general es que la economía naranja se aguó y que en el año y medio que queda de gobierno no se alcanzarán a ver los beneficios que tanto se habían prometido.

Varias fuentes le dijeron a Diario Criterio que su gestión fue la de un ministro con buenas intenciones, pero desconectado y en contravía de la comunidad, que lleva haciendo procesos culturales desde hace décadas. 

“Él cree que el Ministerio de Cultura es como una ventanilla de un banco, que solo da créditos, pero no entiende que detrás de esto hay alma”, explicó un gestor cultural, que prefirió no dar su nombre. 

De hecho, muchos lo veían como un ministro lejano, poco empático, con problemas de comunicación y con comentarios que algunos califican como soberbios. 

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Algunos recuerdan cuando le dijo al periódico Arteria  que “el sector es muy débil en su capacidad de gestión de proyectos” y que la gente “muchas veces, se queda pensando muy chiquito”

Comentarios que llevaron a los empresarios de eventos y espectáculos a enviarle una carta quejándose por desconocer su trayectoria. 

“El florero de Llorente fue toda la polémica por la inclusión del Fondo de Desarrollo Cinematográfico (FDC) en la fallida reforma tributaria. Lo solucionó bien, pero esa fue la primera gran metida de pata”, explica Nicolás Morales, director de la editorial de la Universidad Javeriana y analista cultural. 

Su segundo gran error se dio con las movilizaciones. En varios tuits Buitrago se mostró muy preocupado por los monumentos y el patrimonio cultural, y alabó a los miembros del Esmad. Pero por otro lado calificó como vándalos a personas de la comunidad indígena misak

Además, algunos le critican que no haya tendido puentes con los manifestantes, muchos de los cuales son miembros del sector que pasan una crisis económica por la pandemia. 

Como lo explicó la cantante Adriana Lucía, cuando el ministro dijo que era “un día muy triste para la cultura” por un acto de vandalismo en el Teatro Colón: “El ministro de Cultura dice que ‘hoy es un día triste para la cultura’ ¿conoce el ministro la crisis de la cultura de este país? ¿Sabe de los días tristes que la gente valiente de pueblos y ciudades padece por tener la ‘osadía’ de vivir del arte en un país que no lo valora?”.

La economía naranja “no pegó”

Esa distancia entre el exministro y gran parte del sector es una buena analogía de lo que viene sucediendo con la economía naranja. Aunque el Gobierno tiene montada la estrategia, hay varios beneficios tributarios, financieros y de formación, e incluso se habla de millonarias inversiones, muchos sienten que eso no tiene nada que ver con ellos. 

“Yo nunca entendí lo que estaban haciendo, aún no lo entiendo”, dice María Belén Sáez de Ibarra, directora de Patrimonio Cultural de la Universidad Nacional. Pero incluso los que sí lo hicieron e intentaron acceder, quedaron desilusionados.

“Uno puede pensar una teoría, incluso puede hacer un libro sobre el tema y tratar de imponerlo por decreto, pero si no conoce el sector y no hay una traducción real de esa teoría a la práctica, no va a funcionar, explica Rodrigo Rodríguez, fundador de Ditirambo Teatro, en Bogotá. 

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A él y a muchos les molestó que cuando aplicaron a los beneficios tributarios (que eximen de pagar impuesto sobre la renta por siete años) o a los créditos de Bancoldex, se estrellaron con una pared. Había requisitos con los que no se podían comprometer como garantizar una inversión mínima de $159 millones o un patrimonio de $500 millones.

“Estos beneficios están enfocados a las empresas -explica Rodríguez- pero en el sector lo que hay es muchas entidades y fundaciones sin ánimo de lucro que prestamos un servicio social-cultural sin enriquecernos, que lo hacemos de forma artesanal y no pensando en una industria”.

Incluso emprendimientos más grandes como Delirio, la carpa de salsa en Cali, han criticado la estrategia. Andrea Buenaventura, su directora, le dijo a El Tiempo que “lo que está pasando en la cultura es el equívoco de un Gobierno que instaló un discurso de economía naranja al que le puso cifras vacías y como no encontró el camino, se dedicó a dar bandazos”.

“Uno puede pensar una teoría, incluso puede hacer un libro sobre el tema y tratar de imponerlo por decreto, pero si no conoce el sector y no hay una traducción real de esa teoría a la práctica, no va a funcionar”.

El ministerio, por su parte, ha destacado que por lo menos a 500 empresas del sector se han beneficiado con iniciativas como la exención de impuesto de renta por siete años. 

Y con esas cifras, más las de este año (había plazo de inscribirse para obtener el beneficio hasta el 31 de marzo), proyectan que se generarán más de 4.700 empleos y habrá una inversión de más de $147.000 millones para el sector. 

Además, según los boletines oficiales, hasta agosto de 2020 habían otorgado $2,4 billones en financiación a las empresas naranja vía Bancoldex (un 70 % de ellas micro, pequeñas y medianas empresas). 

Y también que ya tienen listo todo el andamiaje de la política, que consta de un consejo de economía naranja, en el que participan entidades transversales como el Sena, el MinTIC, Bancoldex, MinComercio y MinTrabajo. Además de 47 centros regionales naranja (conocidos como ADN).

Sobre los grupos, artistas y gestores que no se consideran empresarios, el ministerio siempre ha destacado que, además de los beneficios financieros y tributarios de la economía naranja, mantienen la política de estímulos, con la que desde hace varios años le llega plata al sector. Es más, dicen que fortalecieron esa línea y que pasaron de 14.000 millones de pesos en estímulos a 25.000 millones. 

Pero en gran parte del sector cultural tienen reparos a esa explicación. Dicen que las empresas beneficiadas por la economía naranja están concentradas en el sector tecnológico y de software, que pocos consideran culturales, y en el audiovisual, en donde existe un trabajo gubernamental desde hace varios años y existe una cultura más empresarial. 

Y aunque los estímulos han seguido funcionando como siempre, creen que con la pandemia son insuficientes. 

La crisis de la pandemia 

Y es que el mayor problema para Buitrago y para la estrategia de economía naranja es la pandemia del coronavirus, que se atravesó en sus planes y golpeó muy fuerte al sector. 

Solo por poner un ejemplo, según el Dane en 2020 se perdieron 61.500 empleos en empresas culturales o creativas. 

Por eso, parte de la estrategia naranja del Gobierno tuvo que migrar a un plan de reactivación económica llamado ReactivArte, que entrega créditos y estímulos a los afectados. Según cifras oficiales, en el segundo semestre del año pasado se invirtieron cerca de 3,5 billones de pesos, y para 2021, serán 6,5 billones. 

Y aunque la mayoría cree que esas ayudas han sido positivas, también piensan que son insuficientes.  “Nosotros recibimos ayudas, pero el lío es que son apoyos de dos o tres meses y eso termina siendo poco cuando uno no puede abrir las salas con el aforo completo”, explica Rodríguez. 

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Ditirambo, de hecho, tiene dos salas (una en arriendo y otra en comodato), que siguen generando gastos, y aunque sigue haciendo funciones presenciales los fines de semana, él ya piensa en dedicarse solo a hacer funciones virtuales por un tiempo. Algo similar a lo que viven muchos gestores y emprendedores culturales. 

La estrategia naranja del Gobierno tuvo que migrar a un plan de reactivación económica llamado ReactivArte, que entrega créditos y estímulos a los afectados por la pandemia.

La salida de Buitrago se da en ese contexto: en medio de la crisis, el descontento de muchos y una economía naranja que no termina de satisfacer al sector. 

De hecho, algunos creen que su salida es un mensaje del presidente. “Pareciera que ya aceptó que su gran política terminó siendo un tema secundario”, dice Morales. 

A la ministra Mayolo le tocará demostrar lo contrario. Pero no la tiene fácil: a pesar de que muchos reconocen su perfil de gestora y su hoja de vida, creen que le tomará al menos un año conocer bien el sector y empaparse de sus problemas. Para entonces ya será muy tarde. 

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6 Comentarios

  1. 1. Establecer de carácter URGENTE,un subsidio de desempleo , o una renta básica o fondo de emergencia etcc para los artistas, escuelas de danza y/o colectivos culturales.
    2. Establecer de manera efectiva la política pública de la danza en Cali
    3. Instaurar el proyecto de ESCUELA APOYADA, presentado por Asobasalsa, Asosalcali y
    Fedesalsa que son asociaciones de bailarines de salsa de la ciudad de Cali , el cual se hace extensivo para las diferentes vertientes danzarías de la ciudad y que presenta un compendio importante desde el (IFPA), para mejorar la calidad de vida de los artistas de la danza en Cali.

  2. Un poco tarde para reaccionar, pero sólo podemos desearle mucha suerte a la nueva ministra. El sector cultura ha sido atrozmente afectado y tardará mucho tiempo en re-estructurarse.

  3. La política de explotación privada por las EPS de las artes, la cultura y el patrimonio, de la especulación financiera, de los bonos agua naranja, de Arte Ingreso Seguro de Bancoldex, no le sirve a la cultura. No todo es naranja. La cultura es policromía, polifonía, polisemia, diversidad; la industria, reduce sólo a los productos que venden.