‘Del otro lado’: la luz, pese a todo

Del otro lado’, un documental en el que su director Iván Guarnizo busca al guerrillero que vigiló a su madre secuestrada, se estrena en el Bogota International Film Festival (BIFF) este viernes 8 de octubre, y desde el 14 estará en varias salas del país.

Puede resultar una perogrullada afirmar el valor social y político de un grupo grande de películas recientes dedicadas a excavar en las huellas del largo conflicto armado colombiano. En esa indagación, hemos podido darles rostros y relato a muchas experiencias atrapadas en la frialdad de las estadísticas o en la aplanadora de las ideologías. Este cine, mucho del cual espera turno para estrenarse, está creando un espacio afectivo nuevo, formas de comunidad que como sociedad aún no hemos alcanzado. Y una convicción: nos pasó a todos. Sí, la guerra nos pasó a todos. Hay que decirlo como un mantra y al momento siguiente reconocer también la individualidad de cada relato, su acento particular.

Del otro lado, el documental de Iván Guarnizo que se desvela en estos días para los espectadores colombianos, se arrima a uno de los flancos más dolorosos de la de por sí terrible historia de disolución social que hemos vivido: el secuestro. El director es hijo de Beatriz, secuestrada por las Farc en el Guainía entre 2003 y 2004. Eran, para quienes no lo recuerdan, los años del proceso de desmovilización de las AUC y en los que el reclamo de un acuerdo humanitario que permitiera darle algún tipo de solución a la catástrofe del secuestro, se enfrentaba a una doctrina oficial que negaba el conflicto armado, con el fin de que la guerra y su encadenamiento de causas y consecuencias históricas quedara reducida a la aleatoriedad del terrorismo.

Puede leer de Pedro Adrián Zuluaga: Memoria: la danza de todo lo que existe

Supongo –bueno, eso es lo que muestra el documental– que el trauma de ese acontecimiento, que Iván vivió como hijo, pudo buscar el camino hacia volverse una narración como resultado lateral de otro proceso de paz: el acuerdo del gobierno Santos con las Farc. Con la guerrilla ya desmovilizada, y tras la muerte de su madre –lo que ocurrió pocos años después de su liberación–, Iván pudo reparar en “el daño hecho y los tesoros que se han conservado”, tal como se lee, al comienzo del documental, en una cita de Adrienne Rich.

El daño es innegable y el documental lo expone, sin cargar demasiado las tintas al respecto. Su evidencia surge de manera natural en las conversaciones familiares. Pero en este mismo espacio íntimo queda claro que la familia Guarnizo logró no ser deshumanizada por lo que le pasó. Lo monstruoso del secuestro no la desfiguró. No puedo imaginar un tesoro más grande que ese. Gracias a esa entereza, Iván y su hermano reúnen la fuerza para emprender un viaje de búsqueda y reconocimiento de Güérima, el guerrillero que vigiló a su madre, y quien aparece con frecuencia en el diario que ella escribió en cautiverio, otro tesoro cuyo valor sus hijos solo iban a entender más adelante.

La sola descripción da una idea de cuán vulnerable o riesgosa era la apuesta de los Guarnizo. Cómo acercarse a ese hombre, a Güérima, para sacarlo de su condición de verdugo y mirar en él la humanidad que las Farc también quiso quitarle, sin que tampoco lo haya conseguido. Del otro lado hace equilibrismo entre la necesaria cercanía y la prudente distancia, y creo que consigue salir victorioso en su desafío de no manipular emocionalmente, pero al mismo tiempo ir al centro de la herida, sus secuelas y su posible cura, atada esta última al proceso y la existencia del documental.

Antes hablé del nuevo espacio afectivo que estas películas están creando. También es un espacio narrativo que empieza a hacer reconocibles estructuras retóricas como la búsqueda o el claro-oscuro moral. Del otro lado es un documental que adquiere la forma de un road movie, pero también –como muchos otros trabajos recientes que exploran la porosidad de la memoria– de una pesquisa detectivesca. El cine de detectives nos educó en la aceptación de la ambigüedad ética, nos enseñó que el mundo de las motivaciones humanas es más complejo de lo que quisiéramos aceptar, que no hay buenos y malos rotundos sino zonas intermedias y posiciones inciertas en el entramado de los hechos.

Puede interesarle: Tantas almas: La pasión de José

Hay una imagen recurrente en este documental. Una luz de linterna, como esas que se usan para orientarse en lo tupido u oscuro de un bosque –o de una selva– que ilumina fragmentos de la imagen. Es imposible pues arrojar una luz completa o definitiva sobre las personas y sus acciones. Hay que aceptar los silencios, las sombras, los cortes (como aquel que un personaje, a punto de ser sobrepasado por su propia emoción, le pide al director), el fundido a negro que dará pie a la siguiente imagen. Y así mismo es este cine que se está haciendo con tanta urgencia (aunque los procesos de su emergencia y visibilidad sean largos): es necesario, vital si queremos pasar a la siguiente imagen que tendremos de nosotros. Sí, inevitablemente en plural.

3 Comentarios

  1. Mireya Escobar Patiño

    Por lo que acabo de leer en la anterior sinopsis acerca del documental, me parece muy interesante. Además que bueno sería que lo puediera conocer “todo el mundo”, para crear más conciencia humana sobre lo que realmente es capaz de hacer un ser humano, tanto con su lado “luminoso”…para llegar al corazón y la sabiduría HUMANITARIA como con su terrible lado “oscuro”… para lograr PODER y RIQUEZA.
    Gracias!!.

Deja un comentario