¿Desaparecerán los periodistas?

Para mejor claridad, mi definición de lo que entiendo por periodista la expreso en sentido restringido. El profesional de los medios cuyo oficio es investigar, analizar, opinar, denunciar y conceptuar sobre los temas de actualidad y de importancia para una comunidad, con profundidad, dejando en su público su impronta de lógica e imparcialidad en ese su quehacer.

Hoy, en todos sus aspectos se respira una crisis en los medios. Y es de carácter económico. En el mundo cierran periódicos, y los que subsisten recortan su personal de periodistas. La competencia de las redes, de Google y de Facebook, les han disminuido sus ingresos por publicidad.

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La gran tragedia de los medios tradicionales, hoy, a saber, la prensa, la radio y la televisión, es que funcionan en un marco de libre empresa, de mercado, de capitalismo, pero tienen la característica de que generan un valioso bien público, es decir la información y su manejo. Esto les impone restricciones. Pero también conlleva el que se les exija generar unos ingresos para sobrevivir, con unas restricciones adicionales, que no las tiene el productor de cualesquiera otros artículos o servicios comunes y corrientes. 

Comparemos un periódico escrito con una empresa productora de jabones (disculpas por la comparanza). Cuando esta se ve amenazada por un competidor que le sustrae una porción de su mercado, puede acudir a prácticas comerciales válidas. Por ejemplo, buscar un mercado de exportación.

Al contrario, el periódico no estará en capacidad de proyectarse más allá de las fronteras nacionales. El fabricante del jabón podrá diversificar sus productos, con lociones, champús, cremas y similares. El periódico no estará en capacidad de hacer lo mismo. Si, como consecuencia de la entrada de un competidor, el jabonero rebaja sus ventas, podrá reducir costos y recortar personal, sin perjuicio de la calidad de su artículo. En los medios disminuir costos mediante el recorte del número de periodistas, implica rebajar la calidad del medio. Y exponerse a perder más usuarios.

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La lógica indica que en una economía libre se deberá propiciar una entrada de competidores, en beneficio de precios y calidades. En el caso de los medios se da una contradicción. Hay que propiciar el pluralismo, o sea la existencia de muchos y muy variados medios, para que el usuario pueda escoger. Mientras más mejor (Pambelé). Pero esa competencia en “crescendo”, originada por un número mayor de actores mediáticos, hará que tanto la porción de la publicidad como los usuarios se disminuyan para cada uno de esos actores, con los efectos señalados antes: nuevo recorte en los ingresos, nuevo recorte de personal, nuevo recorte en la calidad.

Tengo para mí, sin ningún indicio objetivo, que la profesión del periodismo está derivando en una crisis existencial para los periodistas de verdadera vocación, de opinión, de investigación, que mantienen sus oficio y cargos en ciertos diversos grandes medios.

En el mundo los medios importantes han sido adquiridos por los poderosos grupos económicos. En Colombia esa situación es evidente. Entonces, la profesión del periodista, ese de profundización, investigación y denuncia, se desdibuja, se difumina, se desnaturaliza. En casos extremos se lo considerará un empleado más que deberá seguir las sutiles señales del más alto nivel. Ya no será, ante su conciencia y ante la sociedad,  el escudero fiel de la verdad y de la información como un bien público; ya no se sentirá como un profesional ser humano responsable de lo que, por su influencia,  puedan sentir, pensar, opinar, votar y actuar los ciudadanos que constituyen  su público; y además con el bien público como objetivo. Otros, con diferentes intereses, así sea suave pero decisivamente, les señalarán, les dirán, les impondrán. Además, el gran público que sabe eso, ya desconfía de los medios en manos de esos poderosos conglomerados económicos.

Por último, y además de todo lo dicho, y que conspira contra la continuidad de la existencia del periodista como se ha definido al comienzo de este escrito, es que, menos tarde y más temprano, creo yo, habrán de desaparecer, tanto el libro, tal y como se presenta hoy, y también el papel periódico.

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Las nuevas generaciones son virtuales, y las próximas lo serán más. En estos dos campos, libros y periódicos, solo quedarán en lo virtual. Y en lo virtual la pregunta correspondiente es: ¿desparecerá ese  periodista de reflexión, de análisis, de investigación, profesional dedicado a su tarea con exclusividad, y de la cual derivará su sustento, y también consciente de su importante papel, y de la ética de su oficio, con gran amor al mismo, y con independencia de cualquier poder económico o gubernamental? ¿O este oficio quedará esparcido entre las redes y la virtualidad, con oficiantes de calidad y condición desconocidas, y con tantos cuantos no profesionales ejerciendo a la bartola dicha profesión y ministerio? Y algo triste: ¿será que lo anterior conllevará a que se volatilice y deje de existir, no solo el periodista sino también el periodismo, tal y como los hemos conocido y respetado?

Foto de portada: Ashni en Unsplash

2 Comentarios

  1. Internet se ha llevado por delante muchas cosas y aún falta que se lleve más. Es cierto que en algún momento acabará con libros, revistas y periódicos impresos, pero además, cada vez más mezclará sin distinguirlos a los meros publicistas con los auténticos periodistas. Y eso que el artículo no contempla algo más, la inteligencia artificial que escribe y hace periodismo también está en el horizonte. Llegará el día en que sólo máquinas hagan un periódico, no se olviden.

  2. Excelente reflexión que sintetiza todos los debates sobre el rol del periodista y su realación con el medio como tribuna. En sociedades donde los medios continuan independientes -relativamente- la estructura empresarial de estos le ha permitido a los poderosos, por tradición y consolidación de audiencias, adaptarse a los cambios y fortalecer su influencia incorporando modelos de pago y financiación siempre ligados a apoyos de segmentos de “mercado” entre sus audiencias. Los veteranos periodistas que tienen un historial de material e investigaciones pueden darse el lujo de conseguir una editorial que los publique en libro y así trascender esa esfera del medio para tener una voz propia y llegar a la mesa de noche de sus lectores que agradecen esa recopilación o legado pero en forma de literatura. La realidad apabullante es que la gente que constituye la sociedad civil tiene en sus dispositivos portátiles la posibilidad de filtrar por gustos los contenidos que considera relevantes, incluída la oferta editorial y en ella el libro es el estandarte del libre pensamiento. Las ferias de libros son ahora espacios para foros y escenarios culturales donde cada cual encuentra “su verdad” El compromiso del periodista consiste en mantener su versión de verdad y lo que considera su aporte a la civilización. En crísis como la descrita en esta nota es donde se hace evidente la fragilidad democrática en nuestro cono sur.

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