Seguir estudiando o sobrevivir: el drama de los jóvenes que han dejado sus carreras

Unos 39.000 estudiantes universitarios abandonaron sus estudios en pandemia. El problema de la deserción universitaria, sin embargo, ya era crítico antes de la llegada del coronavirus.

Laura Correa* adelantaba sus estudios de antropología en la Universidad Nacional cuando la pandemia llegó al país. Con el cambio de la presencialidad a la virtualidad, continuó su carrera en casa. Para el segundo semestre de 2020, la situación económica se complicó en su hogar, ante la ausencia de uno de sus padres, y decidió poner en pausa su carrera. 

Camila López es otra joven que se vio afectada. En 2020, mientras la situación de salud pública empeoraba, decidió irse a una zona rural de Leticia (Amazonas) donde vivía su familia. Sin embargo, desde allí no pudo adelantar su semestre por las dificultades de internet y señal, una realidad que ya enfrentaban los estudiantes en zonas apartadas y que desde la pandemia se hizo aún más notoria. Camila también decidió aplazar el semestre. 

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Así como ellas, hay unos 39.000 estudiantes universitarios que abandonaron sus estudios universitarios en medio de la pandemia, de acuerdo con los cálculos del Ministerio de Educación Nacional y del Sistema Nacional de Información de la Educación Superior.

Laura y Camila pudieron retomar sus carreras y están cerca de graduarse. Sin embargo, no hay forma de establecer cuántos corrieron con la misma suerte de ellas. Los datos oficiales no detallan qué ha pasado con esos 39.000 estudiantes. Algunos abandonaron completamente sus estudios y otros podrían volver dentro de dos o tres años.

“Ese dato no lo sabemos, pero realmente, de los que desertan, hay una altísima probabilidad de que no regresen a la educación superior para terminar sus estudios“, explicó a Diario Criterio Gloria Bernal, codirectora del Laboratorio de Economía de la Educación de la Universidad Javeriana (LEE).

A pesar de esta falta de precisión en los datos, hay hechos ciertos, como la disminución de matrículas en el segundo semestre de 2020. “Se vio una caída en el número de estudiantes que formalizaron su carrera en este semestre del año. Esta fue del 32,2 por ciento en las universidades privadas, frente al mismo periodo de 2019. Es decir, el número de matriculados pasó de 106.597 a 81.753. En las públicas también hubo una caída, pero esta fue del 5,1 por ciento”, dijo Bernal. 

Deserción universitaria
Caída de matrículas de 2020-2 por pandemia. Fuente: LEE Universidad Javeriana.

De hecho, si se comparan todas las matrículas del segundo semestre con las del primer semestre de 2020, se presenta una caída del 2,2 por ciento, de acuerdo con un informe del LEE.

Y, en efecto, estas cifras estuvieron conectadas con las consecuencias de la pandemia. “Por un lado, el cambio en el modo de enseñanza de presencial a remoto en la educación superior pudo haber desincentivado a algunos estudiantes a ingresar a estudiar inmediatamente después de graduados del colegio. Por otro lado, la crisis económica que acompañó a la pandemia impidió que algunas familias pudieran acceder a educación superior“, dice el documento. 

Esta situación, no obstante, no es solo producto de la pandemia, que lo que hizo fue agravarla, según explicó Bernal. 

Una crisis que empeora

En el segundo semestre de 2017, Carlos Romero empezó su carrera de medicina. Hizo cinco semestres hasta que las finanzas de su hogar impidieron que pudiera continuar. Para empezar a reunir los recursos necesarios, decidió buscar trabajo. Todavía no ha retomado su carrera. 

“Mi carrera la pagaban mis abuelos. Cuando mi abuelo enfermó, tuvimos que tomar una decisión: pagar mi educación o su operación. Obviamente, la salud de mi abuelo fue la prioridad. Pensé en el Icetex, pero, al ser medicina, posiblemente no terminaría de pagar la deuda nunca”, dijo a Diario Criterio. 

Esta circunstancia se repite más de lo que debería. De cada 100 estudiantes que ingresan a la educación superior, cerca de la mitad termina graduándose, según un estudio que se hizo con jóvenes que ingresaron en 2014 y que debían finalizar sus estudios en 2019, explicó Bernal. “En el primer semestre, ya el 10 por ciento había desertado. Para el quinto semestre, la deserción era del 27 por ciento y para el décimo ya superaba el 40”, precisó.

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Deserción
Aumenta la deserción universitaria. Foto: Ingimage.

Otras cifras del Ministerio de Educación indican que cuatro de cada diez personas no cuentan con los recursos para matricularse en una universidad o no alcanzan a clasificar para acceder a una institución pública u oficial. De hecho, hoy, solo el 49 por ciento de los jóvenes entre los 17 y 21 años cuenta con la oportunidad de adelantar una carrera profesional. 

¿Qué medidas se han tomado?

En Colombia se han entregado subsidios tanto a las instituciones educativas (sobre todo a las de carácter público) como a los estudiantes. 

Un ejemplo de ello fue el programa Ser Pilo Paga, una iniciativa que estuvo vigente durante el gobierno de Juan Manuel Santos y con la que se financió a los estudiantes con los mejores resultados en las pruebas de Estado para que pudieran ingresar a una institución de educación superior. De acuerdo con las cifras oficiales, este programa benefició a más de 40.000 estudiantes a nivel nacional. 

Con el cambio de gobierno, se reemplazó por la llamada ‘Generación E’, cuyo objetivo es el de “reconocer a los mejores bachilleres del país de escasos recursos (con una inversión de 3,6 billones de pesos) y fortalecer a las 61 Instituciones de Educación Superior Públicas”. 

La diferencia entre ambos proyectos es que con Ser Pilo Paga los estudiantes podían elegir una universidad pública o privada y el Estado les cubría la totalidad de la carrera. Con Generación E, si los jóvenes se van a una universidad privada, el Estado financia el 50 por ciento de la carrera, la institución educativa 25 por ciento y el restante proviene de un fondo de donaciones. Pero si se deciden por una pública, el Gobierno sí costea la totalidad de la matrícula. 

Con la pandemia, se destinaron una serie de auxilios con el fin de cubrir el pago de la matrícula de los jóvenes en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica: 97.500 millones de pesos para 2020-2 y 98.800 millones para 2021-1, de acuerdo con el Ministerio de Educación.

Finalmente, el Gobierno actual manifestó que la matrícula cero para estudiantes de los estratos 1, 2 y 3 que estudien en alguna de las 63 instituciones de Educación Superior Públicas ya es una realidad para este segundo semestre de 2021 y para el primero del próximo año. 

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¿Por qué no han sido suficientes?

La matrícula cero también presenta inconvenientes. Por un lado, las universidades públicas han manifestado su preocupación respecto a los giros de la iniciativa. El Sistema Universitario Estatal (SUE) aseguró a El Tiempo que la entrega de estos recursos podría tardar hasta seis meses, lo que afecta la liquidez de las instituciones. 

Por otro lado, muchos han manifestado que la cobertura no es suficiente, puesto que la iniciativa contempla el cubrimiento de 695.000 estudiantes, una cifra que no cobijaría a todos los universitarios de los estratos mencionados que se encuentran en las instituciones públicas. 

Los programas que se han implementado para resolver esta crisis educativa han tenido problemas estructurales, según los expertos. Un ejemplo de ello es lo sucedido con Ser Pilo Paga, pues muchos coincidieron en que su inversión estuvo dirigida a las universidades privadas, por lo que las públicas se vieron enormemente afectadas. 

Ante este panorama, muchos jóvenes han pedido que la educación pública sea gratuita en su totalidad, como sucede en Argentina. Esto, sin embargo, no ha sido posible debido a la falta de recursos, según han manifestado diferentes gobiernos. A esto se le suma que tampoco se ha resuelto el hecho de que la educación pública (también a nivel escolar) no cuenta con los mismos niveles de calidad que la privada. Un asunto conocido pero al que tampoco se le ha dado una solución efectiva. 

Ante la imposibilidad de tener una educación gratuita (en el futuro cercano), para Bernal, es importante que en el país se piense en programas autosostenibles. “Hay que preguntarse si ‘Matrícula Cero’ es un programa que se puede mantener a largo plazo. Podría existir una forma más eficiente de distribuir los recursos”, dijo. De acuerdo con la economista, en el programa podrían estar incluidas personas que sí podrían pagar parcialmente la matrícula de su carrera. 

En este sentido, según manifestó, “hay estudios que han demostrado que las iniciativas que les dan un crédito o beca a los estudiantes con el compromiso de que una vez ellos entren al mercado laboral regresen parte de la inversión pueden ser efectivas”. El argumento es que se genera una dinámica en la que las personas se educan y, al mismo tiempo, aportan a un sistema que necesita recursos. 

*El nombre de una de las fuentes fue cambiado para proteger su identidad.

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