¿Es Colombia un buen “hábitat” para sus ciudadanos?

El primer lunes de octubre de cada año se celebra el Día Mundial del Hábitat, una ocasión para reflexionar sobre la importancia del desarrollo de iniciativas sostenibles, para así garantizar una vivienda adecuada para todos. ¿El país sí le ha apostado a esto?

Este lunes se conmemoró el Día Mundial del Hábitat, una fecha que tiene por objetivo recordar la importancia de que el desarrollo de las ciudades se haga de manera sostenible, garantizando que todas las personas cuenten con una vivienda digna.

Para este año, la temática se centra en “acelerar la acción urbana para un mundo libre de carbono”, según explicó Naciones Unidas. Es decir, en reflexionar acerca del papel de las ciudades en las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2), puesto que son responsables del 70 por ciento de estas.

Para la ONU, se trata de una fecha pertinente para alentar a los gobiernos locales en el desarrollo de proyectos prácticos de cero emisiones. Estos gases de invernadero se han convertido en una problemática mundial debido a su concentración en la atmósfera.

En mayo de este año, por ejemplo, se reportó un máximo histórico en las emisiones de CO2, con un promedio mensual de 419 partes por millón (ppm), el nivel más alto desde que comenzó a medirse hace 63 años.

De hecho, de acuerdo con los datos del Instituto Scripps de Oceanografía, de la Universidad de California en Estados Unidos, la concentración media global de CO2 ha venido incrementando, a pesar de que en el último año hubo una leve reducción de las emisiones, derivada de la pandemia y las medidas para hacerle frente en varios países.

Colombia, como los 195 países que firmaron el Acuerdo de París, debe reportar cuántos gases de invernadero emite. En 2019, el Ideam presentó el Inventario de Gases de Efecto Invernadero calculados de 1990 a 2014. De acuerdo con este informe, al año el país emite a la atmósfera más de 230 millones de toneladas de CO2.

Otro de los datos arrojados por el análisis fue que las actividades de transformación de usos del suelo y la deforestación son las que más emiten estos gases.

Teniendo en mente estas cifras y los retos de descarbonización a nivel mundial, a finales de 2020, el Gobierno colombiano se fijó una ambiciosa meta: reducir en un 51 por ciento las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) para el año 2030, a través de una disminución de la deforestación y una transición energética. Hoy, todavía sigue existiendo la pregunta de si será posible cumplirla.

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¿Qué dicen las cifras de la deforestación?

De acuerdo con el Sistema de Monitoreo de Bosques y Carbono (SMByC) del Ideam, en 2020, Colombia perdió 171.685 hectáreas de bosque a causa de la deforestación. Esta cifra sería equivalente a 6.979 veces el área total del Estadio Nacional de Río de Janeiro, conocido como el Maracaná.

Sin embargo, para el trimestre de 2021, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente, esta cifra presentó una baja en algunos de los departamentos más afectados, como Meta, Caquetá y Guaviare, que representan más de la mitad de la deforestación en Colombia (56,3 por ciento).

Otro de los datos dados a conocer por el Ideam es que la Amazonia, el bosque tropical más grande del mundo, sigue siendo la región más afectada, con un aumento de 11.046 hectáreas arrasadas, pues se pasó de 98.256 hectáreas en 2019 a 109.302 en 2020. Las causas detrás de esta pérdida tienen que ver con quemas generadas por la acción humana, la ganadería, la tala ilegal de árboles así como el cambio climático.

También se conoció un aumento en la deforestación (2 por ciento) al interior de los Parques Nacionales Naturales (PNN), pues 15.866 hectáreas de bosque fueron taladas. A pesar de este dato, de acuerdo con el ministerio, la deforestación viene disminuyendo en áreas como el Parque Nacional Natural Tinigua, que perdió 800 hectáreas menos que el año anterior.

Al mismo tiempo, la protección de estos espacios naturales ha estado en entredicho por acciones como la designación de Orlando Molano, arquitecto de profesión, como director de los Parques Nacionales Naturales. Esto, porque en el pasado, Molano se desempeñó como director del Instituto Distrital de Recreación y Deportes de Bogotá (IDRD), durante la alcaldía de Enrique Peñalosa, administración que, entre otras cosas, se vio envuelta en varias polémicas por la tala de árboles para la construcción de instalaciones, entre las que se incluyeron 165 canchas sintéticas.

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En este sentido, el balance que se ha hecho desde distintas organizaciones ambientales es que si bien el Gobierno ha impulsado proyectos para proteger y recuperar bosques y otras áreas naturales, estas parecen quedarse sin efecto si se comparan con cifras como las del Ideam. De igual manera, parecen insuficientes para acabar con la deforestación, que además tiene relación con problemáticas históricas como la titulación de tierras.

Una de estas es, por ejemplo, la operación Artemisa, la estrategia militar con la que el Gobierno buscaba recuperar los parques y espacios naturales afectados por la acción del hombre. Esta iniciativa no ha generado los resultados esperados, ya que no se ha dado con los grandes financiadores de la deforestación.

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Las ciudades le apuntan a ser más verdes

En mayo de este año, el Ministerio de Ambiente, de la mano del el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), identificó 48 acciones encaminadas a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en 16 ciudades colombianas, las cuales le permitirían al país reducir 3,5 millones de toneladas de CO2 en 2030.

De acuerdo con la información, el 43 por ciento de estas iniciativas tiene relación con el reemplazo de combustibles y el avance en tecnologías que permitan un uso más eficiente de la energía; un 21 por ciento tiene que ver con iniciativas relacionadas con la electricidad, como la instalación de paneles solares; un 30 por ciento con proyectos de transporte y un 6 por ciento con edificaciones.

“Hemos venido trabajando en el ministerio y demás institutos del Sistema Nacional Ambiental en planes y en estrategias que nos lleven como país, a través de acciones pequeñas y grandes, y de la educación ambiental como recurso valioso, a contribuir con el planeta, con el mejoramiento de la calidad del aire y la conservación y restauración de los entornos naturales”, dijo al respecto Carlos Eduardo Correa, ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Estas estrategias se constituyen precisamente como un esfuerzo adicional para cumplir con las metas propuestas para dentro de nueve años. Parte de este trabajo, además, incluyó pilotos en los que se identificó, por ejemplo, que al reemplazar el 10 por ciento de los buses diésel por buses eléctricos en 14 ciudades departamentales, se reducirían 180.000 toneladas de CO2.

Bogotá también ha hecho apuestas en esta materia. La alcaldesa Claudia López presentó el Plan de Acción Climática (PAC 2020-2050), con el que espera reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la ciudad en un 15 por ciento para 2024 y hasta en un 50 por ciento para 2030.

Las medidas dentro del plan incluyen un aumento de espacios verdes, así como la implementación de modelos de producción y de consumo amigables con el planeta y la movilidad sostenible.

Todavía no es posible saber si Colombia y sus ciudades podrán convertirse en hábitats amigables para sus ciudadanos. Sin embargo, si las problemáticas de la deforestación no se atacan de raíz, las acciones encaminadas a reducir las emisiones, que requieren compromisos serios de cumplimiento, se quedan cortas.

Se espera que a Colombia no le pase lo mismo que a los países en el Acuerdo de París, pues a cinco años de su entrada en vigor, estos parecen estar muy lejos de alcanzar los objetivos que se plantearon en un principio.

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