De la incontinencia en política

Los síntomas de la democracia norteamericana son ambiguos. Saludable uno de ellos, indica que la mayoría preferiría que ni Biden ni Trump participaran en las próximas elecciones. Preocupante, el otro, de enfermedad, al observar que las encuestas señalan que si los candidatos lo fueren solo ellos dos, la mayoría votaría por Trump.

Cierto que Biden no se ha destacado en nada. Muchos lapsus. Se cae, mental y físicamente. No tiene pinta. Parece una rígida y gris estatua de mármol parlante. Carece de fuerza y convicción. Pobre en liderazgo. Sin embargo, esto de Trump, el que lo prefieran a este otro, decente y normal, es más que sintomático de una cultura política que se decanta por alguien bronco, elemental, inmaduro, agresivo, egoísta, cortoplacista, dañino a largo plazo, desconcertante, imprevisible, extorsivo, desconsiderado, intimidatorio, intolerante, corrosivo, insolidario, incluso en ocasiones actuante de no buena fe. Todo un actor que ejerce el puro bullyng como política, tanto en lo nacional como en lo internacional.

Una vergüenza como presidente. Pero no, lo más posible es que Trump se imponga en el proceso interno de la selección del candidato republicano. Y si fuese Biden su contraparte, como se dijo antes, le ganaría a este último,  salvo que se presentase un tercer aspirante a constituirse en triunfador por entre los dos, como el incumbente de allá.

Escribo lo anterior porque, por simple distracción, le he dedicado algún tiempo a coleccionar frases y actitudes, muy dicientes, del señor expresidente Donald Trump. Traigo aquí solo algunas, de entre las muchas archivadas.

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¿Un presidente misógino? Su comportamiento con Ángela Merkel puso el tema en la opinión. Seria y señorial señora -si se me permite así decirlo-, respetada en todo el mundo, si por algo se caracterizó ella fue por su discreción, su reserva y su sentido de la dignidad. Todo esto no fue óbice para que en una reunión del G-7, muy rudo, fachendoso y tosco, Trump se dirigiera a donde la Merkel, le arrojara dos caramelos sobre la mesa y le espetara, juntándole un poco más la cara: “para que no vuelva a decir que no le doy nada”. Dio media vuelta y se retiró. En otra ocasión, públicamente le endilgó: “Usted ha conseguido que Alemania se convierta en una prisionera de Rusia”.

¿Un presidente experto en insultar a sus aliados? Refiriéndose a la Unión Europea, sentenció: “es tal vez tan mala como la China”. Descalificación nada menos que para 27 países, que son los que configuran la Unión Europea. A todos los amenazó con imponerles aranceles; nada menos que a estos, sus más importantes, esenciales e históricos aliados. También amenazó a los europeos con retirarse de la OTAN. A los días de hoy, y con el papel que esa Organización está jugando en el problema de la guerra de Ucrania, el daño hubiera sido  inmenso. También sucedió con Justin Trudeau, primer ministro de Canadá. Gobernante él de este país, su vecino e importantísimo socio; país fiel, respetuoso y compañero solidario en las lides internacionales de los Estados Unidos, a Trudeau lo señaló como “débil y deshonesto”.

¿Una forma peculiar de tratar y descalificar a sus colaboradores, precisamente a aquellos nombrados por él mismo? A Jeff Sessions, con un background respetable como abogado  e investigador, a quien había designado como Fiscal General, por intentar averiguar la injerencia rusa en la elección del mismo Trump, lo destituyó y le adicionó un ‘cariñito’: lo llamó “un retrasado mental”. A Wilbur Ross, respetado banquero de trayectoria, a quien había nombrado en la secretaría de comercio, por cualquier disentimiento lo despidió, y le añadió un “no confío en usted.”

Donald Trump y Joe Biden. Foto: AFP
Donald Trump y Joe Biden. Foto: AFP
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Y una miscelánea.

A Turquía, nación situada en la línea norteamericana, la alejó con una serie de amenazas por no liberar al pastor evangélico norteamericano Andrew Brunson, investigado por supuestas actividades golpistas en ese país. Le duplicó los aranceles del acero y el aluminio. Se justificó añadiendo: Turquía “este país que desde hace mucho tiempo es un problema“.

Contra la India, al que la estrategia norteamericana camela y requiebra, con el objeto de neutralizar desde ese vasto territorio a sus vecinos Rusia y China, afirmó: “ese país cree que Estados Unidos es la alcancía de la que todo el mundo puede robar”. En una visita del príncipe heredero de Arabia Saudita, el  gran petrolero aliado histórico y fundamental, lo regañó: “será que ustedes no se han dado cuenta de que fabricamos el mejor armamento del mundo”. Al referirse a haitianos y salvadoreños, en una reunión en donde había algunos senadores con esa pinta, comentó: “de dónde salió esa gente que viene de esos agujeros de mierda”.

Quedan por fuera muchos más. Pero, como remate, el siguiente diamante. Como el presidente de los Estados Unidos tiene la facultad de indultar, por razones de interés nacional, a personas que hayan sido condenadas, Trump, seguramente pensando en lo que ahora mismo le está ocurriendo, sostuvo que gozaba del “derecho absoluto” (así lo dijo) de indultarse, previamente, a él mismo. Lograron demostrarle que no.

Hay quienes afirman que tales actitudes no son “locuras” sino que tienen su sesgo razonado y que Trump ejercita la doctrina según la cual hay que sacrificar o menospreciar a los amigos, si ello sirve para sacar adelante los propósitos; y, añaden, que muy consciente practica él lo que denominan la desestabilización permanente o la imprevisibilidad controlada. Otros, al contrario, aseguran que ello sólo obedece a que Trump tiene una personalidad que sufre de incontinencia política, que no goza de mayor inteligencia emocional, que es impulsivo e irreflexivo; y todo ello acompañado por una gran seguridad en sí mismo.

Opino que a Trump le acaecen por igual las dos circunstancias explicativas anteriores. Eso de la imprevisibilidad controlada casa muy bien con su personalidad natural y espontánea. En unas ocasiones actuará de acuerdo con aquella, y en otras  actuará de acuerdo con esta, o sea con su nuda idiosincrasia. Y en otras, reiteradas ocasiones, sumará, reforzará y conjuntará esas dos condiciones. Y el resultado habrá de ser, entonces, triplemente grosero, además de triplemente peligroso y contraproducente.

Personajes, los hay, que no deberían estar en la política sino en un zoológico.

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2 Comentarios

  1. Lo unico que hizo recordando esos comentarios es ver la vision tan impresionante de Trump , la Merkel no pudo ser mas bestia en manejar lo del petróleo y gas porq es imposible , La UE manejada por EEUU y mire hoy dependiendo de Rusia , la Otan debia de acabarse solo ha demostrado ser una irganizacion que entra acaba con todo y despues aca no ha pasado mada como con Yugoslavia y ni hablar del del de Canadá, sera que ud pertenece a los progres?

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