‘Duna’, la historia que venció a David Lynch (y también a Jodorowsky)

Ahora que llueven elogios para ‘Duna’, versión Denis Villeneuve, vale recordar uno de los grandes fracasos del cine dirigido por el creador de ‘Mulholland Drive’.

Es una mera suposición que apareció años después del estreno de Duna, 1984. Si David Lynch hubiese triunfado con esta película -estuvo lejos de ocurrir- seguramente no habríamos visto Terciopelo azul, Mulholland Drive o cualquier otra cinta que rodó luego.

La hipótesis no tenía mayor complejidad: al realizador lo habrían atrapado los grandes estudios, robustos tentáculos, que habrían detenido su trasegar onírico y sardónico dentro del cine independiente.

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No ocurrió porque el resultado de Duna fue lamentable, según la crítica y los fans de la novela de ficción de Frank Herbert, de donde nació la película.

Roger Ebert, reputado crítico de cine que ganó un Pulitzer, la calificó como “un desastre, un verdadero desastre”.

Y para no dejar dudas, agregó: “fea, desestructurada e inútil, va a los reinos más oscuros de uno de los guiones más confusos de todos los tiempos. Incluso el color no es bueno; todo se ve a través de una especie de filtro amarillo polvoriento, como si la película se hubiera dejado al sol demasiado tiempo”.

Trailer de la película (1984)

Tal vez sin tanto apasionamiento como el de Ebert, otros críticos también despedazaron la producción, en su momento, de las más costosas de la historia: 40 millones de dólares. Su recaudación no cubrió los gastos, pues llegó a poco menos de 31 millones.

Años después, Lynch diría: “sentí que me había vendido”.

Duna I

El escritor y periodista Frank Herbert, en 1965, publicó el primer libro de la saga Duna, posiblemente la gran obra de ciencia ficción de todos los tiempos.

Jodorowsky, lleno de optimismo, calculó que tendría en el elenco a Orson Welles, David Carradine, Salvador Dalí (que cobraría 100.000 dólares por hora) y Mick Jagger. La música sería de Pink Floyd.

Una creación sobre la vida y la política en otro planeta, a la que le agregó aventura, ecología y religión; elementos necesarios para vender masivamente y, además, tentación para aquellos que olfatean adaptaciones y posibles éxitos cinematográficos.

Aún así, Duna, que tuvo seis entregas entre 1965-1985, trastabilló varias veces antes de llegar al cine.

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En 1971, Arthur P. Jacobs, quien produjo El planeta de los simios (saga de cinco películas), compró los derechos del libro de Herbert, pero murió de infarto dos años después.

Luego, en 1975, aparecería del millonario francés Michel Seydoux quien destinó un dineral para que el chileno Alejandro Jodorowsky hiciera “la mejor película de la historia que nunca se hizo”.

La idea del realizador era ambiciosa: reunió al genio de los efectos especiales, Dan O’Bannon, al diseñador H.R. Giger y al ilustrador Moebius (Jean Giraud).

Lleno de optimismo calculó que tendría en el elenco a Orson Welles, David Carradine, Salvador Dalí (que cobraría 100.000 dólares por hora) y Mick Jagger. La música sería de Pink Floyd. Por presupuesto, la película no fue más allá de la preproducción: Jodorowsky preveía un largometraje de 9 horas de duración.

Kyle MacLachlan como Paul Atreides

En 1976, el productor Dino de Laurentiis compró los derechos y eligió, tres años después, a Ridley Scott para que la dirigiera, pero este prefirió a Blade Runner.

Dos años después buscó a David Lynch, listo para rodar El regreso del Jedi, y lo convenció. Ya era un hombre con prestigio por películas como Eraserhead (1977) y El hombre elefante (1980), que tuvo ocho nominaciones a los premios Oscar.

Lynch sabía dónde se metía y en una entrevista dijo: “Con Duna no tengo que complacerme a mí mismo, como ocurrió con ‘Eraserhead’”. Hablaba de su primera película de autor en la que no tuvo que rendirle cuentas a nadie. Pero esta adaptación era a otro precio.

Duna II

Si Jodorowsky pensó en Pink Floyd para la banda sonora, esta versión real tuvo a Toto, un grupo pop con grandes hits a comienzos de los años ochenta. No hubo Mick Jagger, pero sí Sting, líder de The Police, escogido como villano.

Poster de Duna, versión Jodorowsky, hecho por Hugo Figueroa.

El protagonista sería Kyle MacLachlan, el fetiche de David Lynch, y compartiría con actores como Virginia Madsen, Jurgen Prochnow, José Ferrer y Patrick Stewart.

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Mientras De Laureuntiis esperaba con Duna un éxito cercano al de La guerra de las galaxias (1977), su director justamente quería distanciarse lo más posible de la obra de George Lucas. La obra de Herbert era oscura, insondable.

Sting, por ejemplo, cuando la vio renegó, no le gustó, no sabía de qué trataba y no sabía si alguien la había entendido.

Durante la filmación, de seis meses, de ocho escenarios en el desierto mexicano, de veinte mil extras, de muchos accidentes, de enfermedades ‘desconocidas’, a veces sin luz, a veces sin teléfono, Lynch ya hablada de la complejidad de ceñir tanto en tan poco tiempo.

Y rodó una película de tres horas y media, pero Universal hizo el corte final y la redujo a un poco más de dos. A la película, de hecho, ya le habían achicado el presupuesto para los efectos especiales.

Trailer de ‘Duna’ 2021

No quedó como se esperaba. Sting, por ejemplo, cuando la vio renegó, no le gustó, no sabía de qué trataba y no sabía si alguien la había entendido. “Seguro antes del corte tenía sentido”, dijo.

Ni hablar de Lynch, que rechazó la versión final para siempre, aún hoy la repudia. Y todo lo que lleve el nombre Duna. El año pasado, en una entrevista con The Hollywood Reporter, le preguntaron si vería la versión dirigida por Denis Villeneuve, alabada recién en el Festival de Venecia y que en diciembre estará en los teatros.

“No”, fue su respuesta. Y explicó que había sido un dolor de corazón para él. “No es la película que quería hacer -agregó-. Me gustan mucho ciertas partes, pero fue un fracaso total para mí”.

Duna III

La adaptación del libro también dejó más que insatisfechos a los fans de la obra, las deudas con la versión de Herbert eran grandes a sabiendas que era desmedido incluirlo todo en una sola película.

“Era un proyecto de unas dimensiones demasiado grandes para poder controlarlas”, le dice a Diario Criterio Javier J. Valencia, crítico de la web El pájaro burlón.

Si bien tuvo un descalabro económico y de valoración, la película de Lynch hoy parece haber tomado otro vuelo, aunque siempre se ponderó su sello en imágenes asombrosas.

Duna está más cerca de Kubrick ( ‘2001: A Space Odyssey’ ) que de Lucas (‘Star Wars’).

Y en otros detalles. En un artículo de Atlantic, el escritor Daniel D. Snyder expone que si el objetivo de la película era crear, como el libro, un mundo que se sintiera completamente extraño, entonces Lynch y su estilo surrealista fueron la elección correcta. (Duna se puede ver actualmente en Netflix).

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“Con sus extrañas secuencias de sueños, -dice el autor- plagadas de imágenes de fetos y energías brillantes, y paisajes inquietantes como el infierno industrial del mundo natal de los Harkonnen, la película está más cerca de Kubrick ( ‘2001: A Space Odyssey’ ) que de Lucas”.

Duna de Lynch tiene adeptos a pesar de su fracaso, ya clasifica como película de culto. Y ahora que pronto habrá una nueva versión de la obra de Frank Herbert, seguro será una y otra vez revisada.

Lynch, dos años después, estrenó una obra maestra, Terciopelo azul, también producida por Dino De Laurentiis. Luego vendría la serie Twin Peaks y más películas, más pesadillas, más enanos que bailan y más preguntas sobre el universo Lynch que ni él ni nadie jamás resolverán.

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