El origen de todos los males (II)

¿Cuál es el error que cometen los padres? Hablemos del “pecado original de la educación parental”, ¿en dónde está ese paso en falso que se traduce en conflicto con los hijos?

“Pues yo les tranqué duro, a mí, mis hijos no me la montaron, y ahí está, se criaron y no les pasó nada”. Esta afirmación es tan común como el himno nacional o los villancicos navideños. Es el argumento elocuente con el que millones de padres y madres se reconfortan en haber hecho una excelente tarea de formación y educación, sintiéndose dueños de una verdad esquiva. Porque para ellos, ver al producto de su pedagogía funcionando aceptablemente, es decir, caminando, hablando, comiendo, pagando impuestos, siendo hinchas de Millonarios, votando por Uribe, trabajando y, seguramente, trayendo nietos, es la consumación indiscutible de su gran trabajo como padres. No tienen más.

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Y sí, visto desde lo funcional, es verdad. El aparato funciona, camina, no se tropieza con los muebles y trabaja. Ahora, ¿qué tan cómodos con ellos mismos están estos hijos funcionales? Es una pregunta que por lo general no se formula y mucho menos se llega a la respuesta. Y, digámoslo en seco, si se trata de cultivar a un mamífero, bípedo, pensante que sea funcional para la sociedad y para la familia, entonces aplauso y cinco aclamado para la mayoría de los progenitores de la tierra.

Pero, entonces, ¿de dónde sale tanto y tanta desequilibrada, alcohólico, drogadicta, depresivo, violenta, corrupto, disfuncional, desadaptado, neurótica, compulsivo, obsesiva, bulímico, mitómana, misógino, frígida, machista y, en general, los millones de personas que no se llevan bien con sus propias vidas?

“Yo no sé de dónde saliste así, nosotros no te enseñamos eso”: Es el escudo con que los padres en conflicto con sus hijos adolescentes se lavan las manos y le ajustan las “malas conductas” del hijo o hija, a un accidente, a un amigo, a un grupo o a lo que sea que no sean ellos mismos.

¿De dónde sale tanto y tanta desequilibrada, alcohólico, drogadicta, depresivo, violenta, corrupto, disfuncional, desadaptado, neurótica, compulsivo, obsesiva, bulímico, mitómana, misógino, frígida, machista y, en general, los millones de personas que no se llevan bien con sus propias vidas?

Ellos mismos no pueden haber sido, porque ellos mismos son perfectos, porque el día que su crio vio la luz, ellos se hicieron sabios intempestivamente. Sabios sin haber leído un libro, sabios sin la menor experiencia en el tema, sabios solamente, porque ahora tenían a un ser inerme e indefenso al que le aplicarían toda la sabiduría que heredaron de sus padres. A su vez, otros ignorantes que como los lanceros fueron “brutos pero decididos”.

Hay un fenómeno aterrador que se observa cuando una pareja que no supera los 30 años recibe un hijo. Consiste en que, al momento de la aparición del nuevo ciudadano, los dos progenitores se tornan de inmediato en elocuentes educadores y no han pasado más de un par de días para oírlos auto-elogiarse como grandes educadores. Teorizan y desde tan temprano momento auguran y aseguran tener bajo su control todos los eventos que sacarán adelante a ese bebé que, por cierto, siempre, es de una singularidad superlativa.

“El pediatra dijo que estaba enorme para tener 3 meses, dice que parece de 6”, “En el jardín lo van a poner dos cursos más adelante, porque las profesoras están aterradas, dicen que, para tener 3 años, parece de 7”, y así sucesivamente. Y lo cierto es que no conozco a un solo bebé que, descrito por sus padres, parezca de la edad que tiene, o posea las habilidades propias de su momento. Nuestros hijos son nuestro ego hecho carne y hueso. 

Entonces, vuelvo a la pregunta del origen de todos los males:

Si como padres lo estamos haciendo a las mil maravillas. Si el bebé viene genéticamente cargado de genialidad y de las mejores características de cada uno de sus antepasados (“es que ya se nota que es Castiblanco, tiene una facilidad para los números”) y el cachorro apenas habla. Entonces, ¿en dónde está ese punto de giro que desvía tanta perfección hacia una adolescencia difícil y conflictiva que en número considerable se manifiesta en oposición a lo trazado por el par de genios que sienten que los han hecho perfecto?

“¿Pero, tú, de dónde eres así?, ¿Nosotros qué daño te hemos hecho?, A ti esa amistad, con ese tal Roberto, te está haciendo mucho daño”.

Cuando las cosas salen problemáticas en la adolescencia, la razón, “por default” es un misterio. Es un hecho ajeno al seno familiar y no tiene nada que ver con los dos maravillosos, geniales, inteligentes, responsables y perfectos padres de la criatura.

Esa sabiduría intempestiva que invade los cerebros de personas que aun no se han terminado de educar y que, desenfadadamente, arrinconan al niño de 7 años a darle catedra de la vida, es uno de los eventos más patéticos que haya podido presenciar. “¡Mira! Uno en la vida para ser alguien, debe tener claro que hay que ser disciplinado. ¿Tú ves que yo deje de ir a trabajar por ver influencers o ves que deje todas mis cosas por ahí tiradas? Tienes que aprender, porque si no, no vas a ser nadie en la vida”.

Cuando las cosas salen problemáticas en la adolescencia, la razón, “por default” es un misterio. Es un hecho ajeno al seno familiar y no tiene nada que ver con los dos maravillosos, geniales, inteligentes, responsables y perfectos padres de la criatura.

Y esto lo dice un pobre idiota que no logra sacar una burra de un pantano que tiene el matrimonio echado a perder y que, si viéramos su grado de alegría de estar vivo y de tener la vida que tiene, en una escala de uno a diez, no llegaría a dos. Pero se da “garra” acosando a su pobre crio de 7 años que no tiene más remedio que oírlo, seguramente sin entender un carajo de lo que le están diciendo, pero que se vuelve el auditorio cautivo de un discurso vacuo, megalómano y mentiroso de cualidades y virtudes que no conoce ni por la tapa el o la gran “speaker”.

Y, ojo, esto, con todo y lo caótico, se hace de buena fe, no lo pongo en duda. Los padres actuamos con las mejores intenciones. ¡Siempre! Entonces, reitero la pregunta, ¿en dónde está el problema?, ¿qué es eso que de lo que se puede acusar a un padre que ha hecho todo con amor y preñado de buenas intenciones?

La pregunta me ha inquietado durante 31 años, en los que obsesivamente he buscado qué decir al respecto y les aseguro que he llegado a la respuesta, también me comprometo a revelarla en algún momento. Pero no va a ser sin antes viajar con ustedes a tantas visiones de la paternidad como sea posible, porque la razón de ser de esta columna no es dar respuestas, es hacer preguntas.

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