Cultivos ilícitos: la labor del Ejército para erradicar millones de matas de coca

No hay duda de que los cultivos ilícitos representan uno de los problemas más grandes que tiene el país. Año tras año miles de hectáreas de selvas son deforestadas para sembrar coca y otras plantas de uso controlado. En 2020, esa cifra, de acuerdo con el Ideam, ascendió a cerca de 13.000 hectáreas.

Datos preliminares del Ministerio de Ambiente indican que en 2021 se registró una reducción del 30 por ciento del área deforestada en Colombia. Aunque la noticia es positiva, el problema parece no tener un final cercano porque miles de campesinos, presionados por las bandas ilegales, carteles o por buscar medios de subsistencia, recurren a los cultivos ilícitos.

El Gobierno colombiano ha recurrido a distintas fórmulas para afrontar este problema, unas más polémicas que otras. De hecho, hace unos días la Corte Constitucional tumbó el plan del Gobierno con el que buscaba reanudar la aspersión aérea de cultivos ilícitos, prohibida desde 2015.

Cultivos de coca en Guaviare
Los cultivos ilícitos son los mayores depredadores de las selvas colombianas. Foto: Ejército IV Brigada
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Bajo ese panorama, a la administración de Iván Duque no le queda más remedio que continuar con la erradicación manual, ya sea forzosa o voluntaria. Una labor en la que participa el Ejército. La otra cara del debate sobre la fumigación.

Día a día, soldados con su fusil y un palín sobre sus hombros, recorren las selvas y parcelas para arrancar de raíz, miles, millones de matas de coca que nutren el conflicto colombiano.

Una labor compleja  

Cuando se habla de erradicación manual siempre se piensa en personas arrancando matas de coca y alguien del común podría decir: “No veo ninguna dificultad en arrancar una mata“. Sin embargo, tras esa sencilla labor se esconde una logística de meses de preparación y un alto nivel de riesgo que afrontan los soldados colombianos.

Son las 4:30 de la mañana y los soldados del pelotón al mando del sargento segundo Luis David Moreno Ramos se encuentran listos para iniciar una caminata de cuatro o cinco kilómetros. Su destino: un cultivo de coca que deben erradicar de manera manual en Calamar (Guaviare), una tarea llena de riesgos.

El sargento Moreno y su pelotón saben que los hombres de alias Iván Mordisco, cabecilla de las disidencias de las Farc, estructura primera, intentarán a toda costa que ellos no cumplan su misión. El cultivo de coca es el primer eslabón de un lucrativo negocio ilegal que financia sus actividades criminales. Por eso, la noche anterior, el sargento Moreno y los soldados a su mando planean minuciosamente el plan para que durante la jornada no haya ningún error o accidente que ponga en riesgo sus vidas.

Selvas del Guaviare
En las selvas de Calamar, Guaviare, se mueve la disidencia de las Farc conocida como estructura primera. Foto: Ejército IV Brigada.

Desde antes del amanecer, luego de desayunar, alistamos nuestro material de guerra, fusiles, explosivos, detectores de metales, equipos de comunicaciones, botiquines… y también las herramientas con las que vamos a hacer erradicación: palines, machetes, guantes…. En total son entre 20 y 30 kilos que un soldado tiene que cargar antes de iniciar la caminata que nos llevará a los cultivos ilícitos”, cuenta el sargento Moreno.

El pelotón, comandado por este suboficial, está conformado por los cabos de escuadra, quienes tienen a su cargo expertos en navegación terrestre, “que son –dice el sargento– los que nos orientan en el terreno y especialistas en comunicaciones“. De la seguridad se encargan soldados que portan fusiles, ametralladoras de grueso calibre, lanzagranadas, morteros . También hay un equipo de expertos en detección de artefactos explosivos, acompañados de un perro antiexplosivos. Todos ellos tienen la misión de que los soldados erradicadores lleven a cabo su labor sin ningún riesgo.      

El día a día

La marcha comienza en la penumbra, “es el mejor momento para avanzar hacia el objetivo”, dice el sargento. “Es importante contar que nosotros no caminamos por las trochas porque es un riesgo, porque pueden estar llenas de artefactos explosivos. Entonces, soldados con machetes abren un nuevo camino hasta llegar al cultivo ilícito de coca”.

Luego, una escuadra revisa el terreno para que no haya minas antipersona u otro artefacto letal. Al tiempo, el sargento Moreno dirige a otro grupo de hombres para que establezcan un helipuerto que servirá para una evacuación en caso de una contingencia.

Además de cargar su fusil, un soldado erradicador debe llevar sobre su hombro el palín. Foto: Ejército IV Brigada
Erradicación manual que hace el ejército
Cada soldado erradica unas 800 o 1.000 matas de coca al día.

Con el sol de la mañana comienza la erradicación. Los uniformados se organizan en parejas. “Uno entierra el palín en la base de la planta y la ladea, otro la ala y la desprende totalmente de la tierra”. Según el sargento Moreno, cada dúo arranca entre 800 y 1.000 matas en una jornada. En total, un pelotón de estos puede destruir de 1 a 1,4 hectáreas de cultivos de coca al día.

Pero las labores no culminan ahí. Los soldados deben medir con aparatos GPS el área erradicada y tomar los registros fotográficos y de video. Es la prueba de su labor realizada. Antes de que caiga la luz del sol, el pelotón debe regresar a la base móvil. No puede darse el lujo de regresar a la oscuridad.

Un trabajo de meses

La base de la erradicación de cultivos ilícitos son las compañías móviles, conformadas por dos o tres pelotones. Tras establecer un plan de erradicación, estos grupos son transportados por tierra, aire o agua hacia el área de la misión. Comienza así un internamiento de cuatro o cinco meses en las selvas del Guaviare. “Son meses de continuo movimiento, literalmente no dejamos de caminar y caminar. Empezamos en un sitio y terminamos en otros a muchos kilómetros de distancia”, dice el sargento Moreno.

Por seguridad, estos campamentos móviles tienen la orden de no durar más de 24 horas en el mismo sitio. Eso significa que, cuando un pelotón regresa de erradicar, toda la base se levanta. Los soldados vuelven a cargar sus elementos (hamaca, ollas) y caminan tres o cuatro kilómetros para establecer un nuevo campamento.

Sobrevuelo selvas del Guaviare
Cada 15 días un helicóptero aprovisiona a los pelotones que erradican los cultivos. Foto: Ejército IV Brigada.

Durante los meses de caminatas. el equipo del sargento Moreno, al igual que los otros dos pelotones que lo acompañan, mantienen comunicación con el batallón. Cada 15 días ellos envían las coordenadas de su ubicación y un helicóptero les lleva las provisiones y trasladan a los soldados enfermos o que han sufrido alguna eventualidad.

¿Por qué un campamento móvil está conformado por dos o tres pelotones? “Por seguridad”, responde el sargento Moreno. “Uno no puede llevarse todos los utensilios a las jornadas de erradicación. Entonces, en el campamento base se quedan dos pelotones: uno se encarga de la seguridad y otro de explorar la zona. En las noches, mientras unos descansan, otros vigilan”. De acuerdo con el subteniente, estas funciones se las rotan los pelotones: “si un día nosotros erradicamos al otro día nos quedamos a cuidar la base”.   

Los resultados

El sargento Moreno tiene una amplia experiencia en erradicación de cultivos ilícitos. Desde que se graduó como cabo tercero en 2006, la mayor parte de su tiempo se ha dedicado a esta labor. En Putumayo, cuando estuvo en su primera unidad, se especializó en explosivos y fue comandante de escuadra. Él ha recorrido buena parte del territorio colombiano erradicando. Ha estado en el bajo Cauca antioqueño, Cauca, Valle del Cauca, Montes de María, Catatumbo y ahora en Guaviare.

Sargento Segundo Luis David Moreno Ramos
Sargento segundo Luis David Moreno Ramos.

Si bien en Guaviare no ha tenido ningún enfrentamiento con los grupos armados ilegales, el sargento Moreno cuenta que ha tenido que hacer frente a hostigamientos, en otros lugares. “Una vez, en Montes de María, nos atacó un grupo de criminales que no solo estaban cuidando los cultivos sino los cristalizadores de coca. Gracias a nuestra preparación y a que nuestros planes de erradicación son tan meticulosos, nada nos pasó. Este tipo de hechos me han servido para obtener más experiencia y transmitirla, por ejemplo, al pelotón que tengo a mis órdenes”.

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La labor del pelotón del sargento Moreno y de otros más que andan las selvas del Guaviare ha producido importantes resultados. En los primeros 15 días de este año, los soldados han erradicado, de manera manual, 230 hectáreas, unos 360 campos de fútbol. Cifra a la que se suma la incautación y destrucción de 840 galones de base de coca, 974 kilogramos de hoja de coca, 1.276 galones de insumos líquidos y 550 kilogramos de insumos sólidos. También se han desmantelado cinco laboratorios de pasta base de coca, 211 máquinas y equipos y un semillero con 28.200 matas de coca.

Pese al sacrificio y a los largos periodos en que no puede ver a su familia, al sargento Moreno estos resultados lo llenan de orgullo. Sabe que cada mata de coca arrancada es un golpe a las organizaciones criminales que nutren el conflicto en el país. “En las noches de la selva mi consuelo son las fotos de mi esposa y mis tres hijas. Y aunque las extraño sé que lo que hago es para ofrecerles un mejor país a ellas”, dice el sargento.

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