El cambio de pinta del alcalde Ospina que no convence a los caleños

El más reciente mensaje pedagógico que el alcalde Jorge Iván Ospina quiso difundir, en vivo y en directo el 2 de mayo, no le salió bien. Por el contrario, motivó más polémicas y desató toda clase de calificativos, burlas y mensajes en redes sociales.

El mandatario quería dar una sensación de control y gobernabilidad, en un discurso con el que pretendió imitar la irreverencia simbólica de Antanas Mockus y la profundidad de Sergio Fajardo. Para hacerlo, se cambió la camisa azul de jean que lo caracteriza desde campaña, por una de color blanco, para dar la impresión de  cambio.

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“Voy a cambiar lo que siempre ha sido un patrimonio; voy a cambiar y voy a cambiar con ustedes. Voy a cambiar para que nuestra ciudad recupere las sendas del bienestar y el progreso… El Ospina de la camisa azul quedó atrás, para tener a un Jorge Iván luchando por la vida, luchando por las tareas de nuestras gentes”, dijo el mandatario para decretar el 3 de mayo día cívico en Cali.

Ospina buscaba dar un parte de tranquilidad y liderazgo cuando la ciudad aún no se reponía de los disturbios y saqueos que empezaron el 28 de abril y que aún no terminan. El saldo extraoficial ya suma docenas de muertos, cientos de heridos y decenas de desaparecidos.

En medio de esa desazón, los caleños no entienden en qué momento el mismo Jorge Iván Ospina, que en su primera administración entre 2008 y 2011, los puso a soñar con un ´Nuevo Latir´, ahora era el centro de burlas.

Tanto, que Gustavo Orozco, especialista en Seguridad y Terrorismo comparó, en una columna en El País titulada ‘Calichavismo’, sus pintorescas salidas con las del presidente Nicolás Maduro,

Élmer Montaña, abogado, activista y duro contradictor de Ospina, escribió lo siguiente en su cuenta de Twitter, “Cuando vi esta payasada confirmé que Jorge Iván Ospina (o como quiera llamarse ahora) no es digno de ser alcalde de Cali. Se equivoca si cree que siguiendo las recomendaciones de un diseñador de vestuario le vamos a perdonar su traición”.

Caído en las encuestas

La verdad es que Jorge Iván Ospina atraviesa por una dura crisis de imagen y popularidad. De las mieles de alta favorabilidad ya no queda mucho y en las más recientes encuestas sigue en rojo. Su imagen positiva cae por debajo del 45 por ciento y la negativa supera el 55 por ciento.

Para empeorar la mala racha, durante los disturbios debió padecer la vergüenza de tener en la ciudad al ministro de defensa Diego Molano, junto a la cúpula militar y policial, dando línea sobre qué hacer para contener los actos vandálicos. Cuando comenzó el paro, el 28 de abril, decretó un toque de queda improvisado y ordenó militarizar la ciudad, pero luego debió postergar por unas horas el confinamiento. En el ambiente quedó un tufillo de improvisación.

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Diego Martínez, subdirector de información de El País y duro contradictor de Ospina, dijo en su reciente columna ´Marcha el vandalismo´, “Mejor dicho, esta no fue una protesta pacífica que degeneró en despelote. Este fue un despelote planeado desde el principio, muy bien articulado y concebido para causar el caos en Cali. Y lo peor fue que lo lograron. A ello contribuyó un alcalde confundido y sin liderazgo, dando declaraciones contradictorias y una autoridad ausente y amedrentada”.

El cambio de Jorge Iván Ospina. Foto: Alcaldía de Cali
El cambio de Jorge Iván Ospina. Foto: Alcaldía de Cali

Días antes del comienzo del paro Ospina apareció, junto con otros alcaldes alternativos, como Claudia López, de Bogotá y Daniel Quintero, de Medellín, apoyando un comunicado en el que pedían no retirar la reforma tributaria presentada por el Gobierno, sino crear un consenso alrededor de la iniciativa, la misma que unió en su contra a buena parte de los colombianos.

El texto decía: “Hemos considerado de especial importancia que se logre un acuerdo nacional y territorial sobre la ‘Ley de Solidaridad Sostenible’, de manera que se asegure la creciente y apremiante necesidad de inversión social y económica que requieren el país y las ciudades capitales, como motores de la reactivación social y económica necesaria para enfrentar los efectos adversos derivados de la pandemia del covid-19.

Pero después, el sábado 1 de mayo, el propio Ospina publicó en sus redes sociales un video en el que le pedía al presidente Duque retirar el proyecto: “Señor presidente, la reforma tributaria está muerta, que no nos provoque más muertes; por favor retírela”.

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Tampoco le salió bien al alcalde de Cali la propuesta de pagarles a las empresas de vigilancia para que contribuyan con la seguridad de los caleños. Lo hizo a raíz de la indignación por el asesinato de un joven deportista que intentó defender a su novia de un atraco y posible violación en el cerro de Las Tres Cruces, ocurrido el 18 de abril, en pleno confinamiento. Como era de esperarse, le llovieron críticas y le recordaron el origen de los paramilitares en Colombia.

Mala racha desde la feria

Sin duda, las desgracias de Ospina comenzaron con los escándalos generados por la feria virtual de Cali y el alumbrado navideño móvil. Al principio de la polémica, los ciudadanos le reprocharon la falta de sensibilidad social al gastar más de 20.000 millones de pesos en esas dos actividades, mientras miles de familias caleñas padecían dificultades en medio de la pandemia.

Pero con el avance del tiempo, investigaciones periodísticas y de la Contraloría, encontraron indicios de malos manejos, pago de favores políticos y presunta corrupción.

En febrero, tras una incautación, responsabilizó de la llegada de fusiles a las calles de Cali al presidente de Estados Unidos, Joe Biden. Según Ospina, “(…) son mejores en controlar el ingreso de drogas que en evitar la salida y venta de armas”.

Y, justo al comenzar el paro que no termina en Cali, se metió en el debate sobre qué hacer con la estatua de Sebastián de Belalcázar derribada de su pedestal por miembros de la comunidad misak. Ospina dijo no saber si reconstruirla o montar otra figura, con lo que pareció aprobar lo sucedido.

Ojalá, por el bien de los caleños, el alcalde haga mucho más que cambiar de camisa para relanzar y reorientar su administración, para poner de nuevo a sus habitantes a soñar, como lo hizo hace varios años atrás.

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