El centro y la rabia

Si los líderes de la ‘esperanza’ realmente quisieran contrarrestar la producción de odio escucharían esa digna rabia, la harían valer, oirían sus reclamos de justicia y sus propuestas para construir instituciones más igualitarias y comunes en el país.

El país pasa por un momento crítico. Las mafias y el paramilitarismo se han infiltrado en diferentes instancias del Estado, y cuentan con un gobierno que representa sus fuerzas oscuras, mientras refuerza condiciones de concentración de poder y de represión policial características de regímenes autoritarios. La guerra, difusa, informal, incontrolada, se reafirma como statu quo en este proyecto de organización neoliberal, de ultraderecha. Ella da réditos a élites que continúan beneficiándose del miedo en los territorios, del despojo de tierras, de los desplazamientos forzados, del asesinato de líderes sociales, de la instalación de proyectos mineros o agroindustriales que pueden así desarrollarse “sin obstáculos”. 

En estas condiciones, es significativo que los precandidatos de centro sigan enfatizando que el tema relevante es la “polarización” y que insistan en representar el consenso frente a la división, la esperanza frente a la rabia. 

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No voy a repetir aquí todos los argumentos que pueden aducirse para mostrar que la idea de una presunta “polarización” entre extrema izquierda y ultraderecha es equivocada para definir un escenario político en el que está en juego el antagonismo entre posiciones que le apuestan al Estado social de derecho y a la necesidad de cuestionar la hegemonía de programas neoliberales que lo han erosionado; y visiones que pretenden desmontar lo que queda de aquél con proyectos neo o posfascistas. 

La idea de polarización, en la que insisten los candidatos de la ‘esperanza’, no permite reconocer este antagonismo porque ha dejado incuestionados presupuestos del neoliberalismo. Entre ellos el énfasis en la seguridad de los capitales –por encima de un enfoque social y de robustecimiento de lo público–, junto a marcos de análisis tecnócratas y desarrollistas, que han dejado sin futuro a millones de vidas en el país, mientras les van diciendo que esperen, que va a llegar alguna vez algo mejor, en medio de un horizonte que, en realidad, cada vez se ha cerrado más.

En este panorama algunos precandidatos de centro (hace unos días Alejandro Gaviria, y unos meses atrás Sergio Fajardo) se presentan como figuras del consenso y del desprecio del enardecimiento. Asocian la rabia con los discursos de odio, la inscriben en la lógica amigos/enemigos, se pretenden separar de la política estigmatizante y del miedo; presumen hablar con la voz fría de la razón, de los discursos técnicos, apelando a la armonía social, a la empatía, a la reconciliación. Pero estas mismas pretensiones reproducen lo que pretenden combatir: porque cambiar condiciones de violencia estructural, como las que se han dado en Colombia, requiere trastocar lo que hemos sido; asumir los conflictos no neutralizarlos bajo aparentes armonías; poner múltiples instituciones en cuestión, no reconciliarnos con ellas. De hecho, entre las condiciones que más reproducen los afectos reactivos (como el odio o ciertas formas de rabia y de resentimiento) es que el horizonte de posibilidad se sienta cerrado, que todo quede incambiado, que circule la impotencia. 

En un libro reciente me ha interesado pensar este tipo de experiencias. Estas se producen como reconocimiento de un daño padecido y asumido como una injusticia. Cuando se habla de ‘rabia’ se pierde de vista que no se trata de una emoción homogénea: la rabia de quien estigmatiza a otro y lo culpa del daño que sufre es distinta de aquella sentida por quien lucha por un mundo más igualitario. La primera se acerca al odio, esto es, el deseo de eliminar o negar la existencia de aquel que se identifica como causa de un daño, al asumirlo como amenazante e indigno de existir, mientras cierra el campo de experiencia e impide reconocer que el daño se produce en un contexto más amplio. En contraste, la segunda, la digna rabia que reivindican movimientos populares igualitarios en América Latina, exige que el mundo, en el cual se producen daños sistemáticos, deba ser transformado, con la mirada puesta hacia otras posibilidades por venir.

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Si los líderes de la ‘esperanza’ realmente quisieran contrarrestar la producción de odio escucharían esa digna rabia, la harían valer, oirían sus reclamos de justicia y sus propuestas para construir instituciones más igualitarias y comunes en el país. En cambio al despreciar la rabia contribuyen a invisibilizar las condiciones del daño, y a reproducir la injusticia. Más aún, en la medida en que el institucionalismo liberal ha autorizado múltiples formas de represión de la rabia politizada en la protesta social, y algunas de sus expresiones de acción directa, ha contribuido al escalamiento de los conflictos. Pues la rabia que no se escucha se transforma en ira. Y el cierre de espacios de aparición pública, en los cuales los conflictos sociales pueden escucharse y tratarse, también es un suelo propicio para que se cultive la impotencia, que el odio expresa.  

Así, señores líderes del centro, su desprecio de la rabia contribuye al odio que pretenden contrarrestar. 

7 Comentarios

    1. Señora Laura, completamente de acuerdo con todo lo escrito por usted. El momento de no tocar el extremo, hace mucho tiempo que pasó. Lo que tenemos es UNA NARCOCRACIA APOLTRONADA EN EL PODER, por eso, para empezar bien, VAMOS TODOS POR EL 55/86 PARA DERROCAR LA NARCOCRACIA REINANTE, Y DESPUÉS A TRABAJAR EN LA RECONSTRUCCIÓN. MUCHAS GRACIAS POR SUS VALIOSAS PALABRAS. FELICIDADES.

    2. La violencia estructural es inherente a todas las injusticias y exclusiones que vivimos. Las condiciones de vida digna son necesarias para felicidad personal y la paz social.

  1. Comparto este artículo en su integridad. Hasta ya hay una rabia en la juventud con la Coalición de la Esperanza porque saben que ellos también son parte del problema

  2. Ya casi en Colombia son las elecciones presidenciales y del congreso, y sinceramente sólo he conocido análisis y propuestas por parte del Pacto Histórico; los demás actores políticos no han hecho sino tildar a ese movimiento que lidera al momento las encuestas de polarizar el país y de tildarlos de extrema izquierda, y por favor hagan un pare en el camino y escuchan las propuestas de Petro, para poder abrir un debate serio de cara al país, donde los ciudadanos podamos conocer todas las posiciones frente a cada uno de los problemas que tenemos; es la única forma de avanzar y superar los miedos de lado y lado. Precandidatos dennos la oportunidad de escuchar sus argumentos y salidas a problemas concretos, y seremos los ciudadanos los que tendremos la última palabra para decir por donde coger.

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