El duro camino de la reconciliación

En estos tiempos de inmediatez en la indignación, de militancias que solo aceptan estar ya sea en el blanco o en el negro, bien vale la pena dedicarle una hora y unos pocos minutos a dos películas documentales que muestran el duro camino que el país ha recorrido y aún debe recorrer para alcanzar la verdad, la reconciliación y algo más de paz.

Se trata de El sueño de Benicio, de Geritt Stollbrock Trujillo, y Del otro lado, de Iván Guarnizo. En la primera se cuenta la historia de tres líderes del municipio de Suárez, en el norte del departamento de Cauca, una zona que ha vivido conflictos de muy diversa índole. El desastre ambiental y social que provocó la construcción de la represa de la Salvajina, más el odio y la muerte que han provocado la guerrilla, el paramilitarismo y el tráfico de drogas. Una región en la que siempre ha sido muy difícil poner de acuerdo las visiones de las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. A esto debe sumarse un hecho que enluta y avergüenza a Colombia: el asesinato sistemático de líderes sociales. Al terminar diciembre de 2020, la cifra de líderes muertos en el país desde 2016, cuando se firmó el acuerdo con las Farc, ya era de más de mil, y un alto porcentaje de ellos habían sido abatidos en los municipios del norte del Cauca.

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A pesar de que la película está enmarcada por ese trasfondo de muerte, desplazamiento, violencia y conflicto, deja un mensaje de esperanza, pues a raíz de la firma del acuerdo con las Farc, las tres comunidades se unieron para crear la Escuela Intercultural de Paz Benicio Flor, cuyo nombre es un homenaje a un líder indígena que había sido asesinado en 2015 como consecuencia de su empeño en transformar al norte del Cauca en un territorio en paz.

Esta película se basa en una investigación académica adelantada por la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes en el Norte del Cauca y en principio iba a ser un apoyo gráfico de unos 20 minutos de duración de una trabajo académico. Sin embargo, con el correr de los días la película fue tomando una fuerza propia y terminó convertida en un largometraje con vida propia, producido por la universidad en asocio con la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad.

Mientras que El sueño de Benicio muestra procesos que adelantan las comunidades, Del otro lado muestra, desde el punto de vista de los individuos, uno de los aspectos más dolorosos del conflicto en Colombia: el secuestro.

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Iván Guarnizo, su director, es hijo de Beatriz Echeverry, quien fuera secuestrada por las Farc en 2004 y quien estuvo 603 días en poder de la guerrilla en diversos lugares de la selva amazónica. Ella murió pocos días después del inicio de las conversaciones de paz entre el gobierno y las Farc. Había expresado su perdón y no quería que nadie viviera su experiencia.

Poco después de su muerte apareció un diario que ella había escrito durante su cautiverio, día a día, en el cual daba a entender que había establecido una relación madre-hijo con algunos de sus captores.

Iván y su hermano, que nunca habían querido hablar del tema, decidieron seguir el rastro de su madre en la selva y encontrar a sus captores, seguramente ya desmovilizados para sentarse frente a frente con ellos y hablar del tema. Para ellos la reconstrucción del trágico periplo de su madre era seguir la senda del perdón. Una vez la hubieran recorrido podrían saber si ellos ya estaban preparados para perdonar.

Este viaje estrechó la relación entre los dos hermanos y también cambió por completo la mirada de Iván Guarnizo acerca del conflicto.

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Como señaló recientemente en una entrevista a El Nuevo Siglo, “en Colombia hemos hecho muchas películas sobre la guerra y sobre el pasado, sobre las heridas que nos dejó el conflicto, pero muy pocas películas sobre cómo cambiar esas heridas. Para hacer esta película me agarré del pasado, pero solamente me importa el futuro”.

Estas dos películas son dolorosas, sobrias, honestas. Hablan de la tragedia pero también dejan abierto el camino de la esperanza. Más importante aún, nos invitan a detenernos un rato para reflexionar e intentar entender las causas de tanta violencia.

Ya los expertos en cine nos dirán si estas películas son buenas, regulares o malas. A mí, por lo pronto, ambas me han conmovido.

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