El éxito mató al ‘grunge’

Hace 30 años, con el lanzamiento de ‘Ten’, de Pearl Jam, y ‘Nevermind’, de Nirvana, el estilo musical nacido en Seattle conquistó el mundo. Pero su popularidad también fue el inicio de su decadencia.

Por Andrés Zambrano

A comienzos de los años noventa, el llamado Hair metal mandaba la parada en las listas de popularidad de la música. Estamos hablando de grupos como Poison, Motley Crue, Bon Jovi y el mismo Guns N’ Roses. Era la celebración de los excesos, del secador y la laca, los lujos, el alcohol, las drogas, el machismo. En otras palabras, perreo con guitarras eléctricas. Eran los tiempos en que MTV mandaba y la imagen eran fundamental para triunfar en la música.

Sin embargo, en la trasescena de la música se estaba cocinando lo que el mundo después conocería como el grunge, una respuesta nihilista a la fiesta que pregonaban los grupos del también llamado glam metal. El foco estaba en Seattle, una ciudad en el norte de Estados Unidos que solo era famosa por ser la sede del cuartel general de Microsoft y poco más, de pronto porque allí nació Jimi Hendrix.

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La movida musical, al menos en Estados Unidos, pasaba por Nueva York y Los Ángeles, pero la capital del estado de Washington era otra cosa. Algunos cronistas del rock dicen que el relativo aislamiento de esa ciudad favoreció el surgimiento del grunge y puede que tengan razón, pero también hay que decir que ese sentimiento de desazón iba más allá de las fronteras de esa ciudad.

No es casualidad que American Psycho, de Bret Easton Ellis, fuera un fenómeno de ventas ese año, una novela que se cargaba todo el optimismo de la era Reagan, y que también en 1991 apareciera otro libro, Generación X: historias de una cultura acelerada, de Douglas Coupland, que terminaría por ponerle el apellido a la generación que nació en los años sesenta y que definió el grunge.

Esa cultura del consumismo excesivo que caricaturizaba de manera cruel y descarnada Easton Ellis era la misma con la que no se sentían sintonizados los fanáticos del grunge. Por eso, la irrupción en agosto de 1991 del álbum Ten de Pearl Jam y pocos meses después Nevermind, de Nirvana, fue la tabla de salvación para esa insatisfacción que sentían.

Ese sonido rugoso, áspero y esa imagen desprovista de maquillaje, cercana a la calle, al taller redefinió la estética limpia y colorida difundida por MTV. La propuesta visual del video de Smell like teen spirit, dirigido por Samuel Bayer, era puro cine de autor, frente las superproducciones de Michael Jackson. Y lo mejor de todo, para militar en el grunge, el uniforme no oficial estaba a la mano en el closet o en tiendas de descuento. Una camiseta de algodón, una camisa de cuadros como las que usan los leñadores, un jean roto y un par de tenis, de preferencia Converse, muy baratos en ese momento, y muy costosos después, por cuenta de Kurt Cobain.

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El grunge era la encarnación de la contracultura, la reivindicación de la marginalidad, de la cultura obrera. Por eso, lo que sucedió en agosto de 1991 fue una celebración pero también el comienzo de su decadencia. El éxito no formaba parte de su postura estética y su víctima más famosa fue el propio Cobain. En varias entrevistas, el líder de Nirvana dijo que nunca quiso ser famoso, mientras que los miembros de Pearl Jam se negaron durante años a aparecer en sus videos, porque consideraban ese lenguaje un puro producto publicitario.

Pero, contra sus expectativas, el mundo celebraba su inconformismo y la contracultura se convirtió en cultura, en el estándar, en el mainstream y la industria musical se volcó sobre el grunge con toda su fuerza. No es gratuito que ese mismo año se estrenara la película Singles, dirigida por Cameron Crowe. Esa cinta fue el mejor testimonio de lo que estaba sucediendo en Seattle y es importante decir que su director sabía bien de qué hablaba, pues en el pasado fue un precoz cronista de la revista Rolling Stone que luego se convirtió en director de cine.

La banda sonora de esta película es fundamental para entender el fenómeno. Entre los grupos están Soundgarden, Pearl Jam, Alice in Chains, que aparecen brevemente, y Mother Love Bone y Mudhoney, entre otros. A manera de anécdota hay que decir que a la película la salvó el fenómeno, porque la compañía productora la tenía engavetada, y eso que tenía un elenco integrado por nombres como Bridget Fonda, y Matt Dillon.

Más allá de Nirvana

Si bien el grupo más famoso del grunge es Nirvana, seguido por Pearl Jam y Soundgarden, con sus respectivos líderes —Kurt Cobain, Eddie Vedder y Chris Cornell—, es importante decir, con motivo de estas tres décadas, que en la génesis del movimiento y casi toda su historia están dos ilustres desconocidos: el guitarrista Stone Gossard y el bajista Jeff Ament, integrantes de Pearl Jam que escribieron la prehistoria del movimiento.

A finales de los años ochenta la banda Green River, junto con Melvins, puso las bases de este movimiento, pero no llegaron a conocer la fama. De la división de Green River surgieron dos grupos, Mudhoney y Mother Love Bone.  Gossard y Ament se fueron para Mother Love Bone y lograron llamar la atención de la gran industria musical. Los firmó la multinacional Polygram, pero cuando estaban listos para irrumpir con toda la fuerza, su cantante, Andrew Wood, se convirtió en la primera víctima oficial del grunge, al fallecer por una sobredosis.  

A manera de homenaje, un amigo de Wood, Chris Cornell decidió realizar un disco de homenaje, y formó el grupo Temple of the Dog, con Gossard y Amment. Ese disco, que hoy es mítico, fue la pieza que permitió integrar en este rompecabezas a Eddie Vedder el gran cantante de Pearl Jam, que no formaba parte de la escena de Seattle.

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Con todos estos elementos, más la irrupción de Nirvana, el grunge estaba listo para ser un producto de exportación. En 1991 dejó de ser el secreto mejor guardado de Seattle, para convertirse en un fenómeno mundial que durante tres años se tomó la industria del entretenimiento. Hubo réplicas del grunge por todas partes. En Inglaterra vale la pena mencionar a Bush y en Colombia a Juanita Dientes Verdes. 

Sin embargo, por su misma definición no estaba para durar. Las bandas de grunge no buscaban la fama, no se sentían cómodas siendo imágenes de portada para revistas de adolescentes. La muerte de Kurt Cobain en 1994 fue la segunda del largo martirologio del grunge, que lamentablemente estuvo muy asociado al consumo de heroína. Le siguieron Layne Stanley en el 2002, Scott Weiland, cantante de Stone Temple Pilots, en 2015, y Chris Cornell, cantante de Soundgarden, en 2017. Con ese listado de víctimas no son muchos los grupos que sobrevivieron; en realidad solo Pearl Jam mantiene su formación original, con Amment y Gossard como la columna vertebral de un sonido que nació en Seattle, hace 30 años.

El grunge fue una casualidad cósmica, un momento irrepetible en el que por algún dictado de los dioses se juntaron en una ciudad algunos de los músicos más talentosos de su tiempo. Al grunge hay que agradecerle que devolvió al rock a sus raíces y que puso a la música otra vez en el centro del negocio del entretenimiento. Privilegiaron el fondo sobre la forma y consiguieron ser exitosos… pero pagaron un precio muy alto.

Escuche algunas de las canciones de la era del grunge:

Foto: AFP

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