‘El Matarife’: la crueldad vacía y los peligros del nacionalismo

Uno de los grandes acontecimientos literarios del año es la publicación, por primera vez en español, deEl Matarife’, la primera novela del maestro húngaro Sándor Márai. Una reseña. 

Otto Schwartz fue concebido en una noche signada por la violencia. Ese día, en el circo al que acudieron sus padres, un oso polar se devoró de un mordisco la cabeza de su adiestradora. Diez meses después nació el niño. Pesaba seis kilos y ya tenía dientes dentro de la boca. Su padre, guarnicionero de profesión y súbdito fiel del rey Guillermo II, lo apodó “el osezno“. Otto pasó su infancia en la comarca de Tetlow, en las afueras de Berlín, en la última década del siglo XIX. A los 10 años, intuyó por primera vez su futuro, cuando el matarife de su pueblo destajó a un buey macilento en una fonda campesina. En ese momento, el hecho de matar “se le reveló como un acto incondicionalmente positivo: la solución definitiva de un problema”. Minutos después, Otto se estremeció de placer cuando los ojos del buey explotaron sobre una plancha ardiente “con un agudo estrépito”.

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El gran escritor húngaro Sándor Márai (1900) escribió El Matarife, su ópera prima, a los 24 años. Ahora, gracias a la labor del sello Salamandra, el libro llega por primera vez a las librerías del mundo hispanohablante. Se trata de una novela corta, casi de un cuento largo. En sus 105 páginas, Márai narra en tercera persona la infancia y la adultez temprana de Otto, “un cuerpo enorme que respiraba sin apenas ideas ni sentimientos”, que de joven abandona su pueblo y se muda a una Berlín en proceso de modernización para trabajar como matarife antes de terminar en las filas del ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial. 

El Matarife es una novela inquietante, al estilo de Meridiano de sangre, en parte porque no da respiro y en parte por la frialdad de su violencia. El tono desapasionado de la obra adquiere una dimensión aterradora a medida que el narrador relata con aparente neutralidad los episodios de crueldad de Otto, en especial durante los años de guerra. Uno en particular, que involucra “un bramido enloquecido de mujeres y de niños”, requiere hacer de tripas corazón. Pero es justamente esa “indiferencia” la que nutre de enorme fuerza a la novela: al no condenar explícitamente a Otto, al dejar en evidencia, sin atenuantes, el tamaño de su ferocidad, Márai logra hacer una brillante y visceral refutación del fascismo, de la guerra y del nacionalismo. 

El matarife Sandor Marai portada
Sándor Márai (1900) escribió El Matarife, su ópera prima, a los 24 años. Ahora, gracias a la labor del sello Salamandra, el libro llega por primera vez a las librerías del mundo hispanohablante.

Es interesante anotar que la crueldad de Otto es diferente a la de un Iago o un Edmundo. Él no es un manipulador. Su crueldad –y esto la hace quizás más pavorosa– es sumisa, casi vacía; es muda e implacable. En ella no cabe la reflexión. Tampoco la duda. Es el resultado individual de un proyecto común que celebra la fiereza y la consecuencia más tenebrosa de un sistema que no admite los resquicios y que sofoca la diferencia. En la mente de Otto, la patria es irrevocable y absoluta: es una gran fundidora que riega sobre sus moldes de bayoneta un metal hirviente y brillante, un acero que no se dobla, y que solo tiene como fin acumular tierra y sangre. 

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Márai, a su vez, le agrega capas de significado a la ocupación de matarife. Sí, es la persona que mata y descuartiza al ganado. Pero en el libro el matarife también es, en otro plano, el mismo ganado, sacrificado en la trituradora de la guerra por un imperio que premia la barbarie. A lo largo del libro, Márai analiza los procesos psicológicos que resultan de la fiebre nacionalista y castrense. En medio de la guerra, Otto recuerda una y otra vez el día cuando, en la explanada de su cuartel, su regimiento prestó juramento antes de partir al frente de batalla: “El pastor, vestido con sus mejores parlamentos, les habló de la muerte como la consagración de la vida de un soldado (lo dijo de forma muy bella) y Otto lo digirió cabalmente; si no el tema de la muerte, sí que una ocasión solemne, elevada y sublime le brindaba por primera vez en su vida la opción de descollar entre la mediocridad anónima y de acercarse a los poderosos o, al menos, de merecer por una vez su atención”

En últimas, El Matarife es una novela que habla sobre los peligros del nacionalismo y que, al mismo tiempo, analiza el resquebrajamiento de la veneración ciega. De aquello que ocurre cuando la idealización sin cuestionamientos se agrieta y la persona queda, ya no frente a la imagen que guió su vida, sino de rodillas, rodeada de esquirlas, desamparada e incapaz de reconstruir el objeto que antes le había servido de espejo. 

Sandor Marai
El gran escritor húngaro Sándor Márai.

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