El no lugar y la hipertrofia del presente

La hipermodernidad y el advenimiento aplastante del universo digital con su maraña de redes y su continuo bombardeo de información y propaganda que nos ahoga, ha traído consigo varias consecuencias en nuestras percepciones del mundo. Me referiré sucintamente a dos: la desterritorialización de la cultura, y la falta de sentido temporal.

Cada vez es mayor el número de series audiovisuales que ocurren en “ciudades digitales”, que podrían parecer muchos lugares del mundo, pero que no son ninguno. Siguiendo un “estilo internacional”, también las ciudades reales cada vez se parecen más entre sí. Los espacios sin identidad son la tendencia de un urbanismo sin alma, que propicia el consumo, la eficacia, la circulación, y expulsa lo distinto. Miles de centros comerciales, aeropuertos, autopistas, son los espacios que hoy en día dinamizan la vida de las ciudades y están borrando las señas de las culturas locales.

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Como una sombra que crece, los “no lugares” van apoderándose de los imaginarios. Cada vez más las ciudades reales modernas y las “ciudades digitales” parecen imitarse las unas a las otras, la tierra vuelve a aplanarse, y la imaginación se achata. Estas ciudades clonadas, donde transcurren las narrativas audiovisuales de ficción en boga, van expulsando de las narrativas a las ciudades con memoria y cultura propia, y a la poética de espacios imaginados hace sólo unas décadas, como las “Ciudades invisibles” de Italo Calvino, o el Macondo de García Márquez.

Las ciudades con memoria, en el mejor de los casos, terminan siendo ciudades escenario, ciudades museo, pero no ciudades protagonistas. La gentrificación de los centros históricos y un turismo depredador han convertido a estos lugares en especies de parques temáticos de diversión, donde la población local es expulsada, o simplemente hace parte del decorado. Varios de nuestros más importantes eventos culturales ocurren en la Cartagena-escenario. Son festivales vitrina, a donde llegan nuestras élites a hacer gala de su capital cultural, donde la población y la cultura local tiene una participación marginal y en el mejor de los casos una programación paralela para dar una imagen de inclusión.

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La hipermodernidad no sólo vacía de sentido el espacio, también hace que el tiempo se disperse y pierda sentido. A un suceso transcurre otro inmediatamente, sin tiempo para detenerse, sin pausa para la contemplación. Somos testigos del consumo masivo de un entretenimiento que busca deslumbrar, pero como el destello que es, desaparece y no deja huella. El hit musical de hace algunos meses es reemplazado por otro gran hit que también pronto pasará al olvido. La belleza que conmociona o hiere y marca es reemplazada por el “me gusta” de productos diseñados para agradar y desparecer. ¿Quién se acuerda de la “tendencia en redes” de la semana pasada?  La “innovación” va de la mano con la obsolescencia programada, nada dura, nada perdura, nada queda.

Los profetas digitales nos adoctrinan:  si no existes en las redes, no existes en la realidad. El algoritmo gobierna, el dataismo es la nueva religión.

Todo acontece sin principio, ni final. Parece que el tiempo se acelerara, pero realmente el tiempo se escapa sin rumbo, sin sentido, sin significado para la vida. La amplificación de los eventos y el diario vivir en tiempo real a través de las redes, trae como consecuencia una distorsión del tiempo, una hipertrofia del presente. Al ver que la vida en las redes transcurre simultáneamente a nuestra vida “real” creemos que vivimos más intensamente el presente, pero quizá estemos viviendo a destiempo.  Estas mutaciones del espacio-tiempo no son ajenas a la glorificación de la productividad, la eficiencia, en el modelo de sociedad actual. Parece que estuviéramos perdiendo nuestro lugar en el mundo.

El misterio ha sido reemplazado por el vértigo. La data y la información sin fuerza simbólica le restan espacio a la poesía. Vivimos una extraña época en que jamás habíamos tenido tanta “comunicación” sin narrativas, comunicación que no genera comunidad al punto que se inventaron los “comunity managers” para generar frágiles comunidades sin fuerza vinculante.

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¿Es irreversible todo esto? El más grande vacío de un ser humano es no tener un lugar en el mundo, que el tiempo no tenga sentido ni significado en la vida. Un viaje reciente a la Guajira, donde convivimos y trabajamos por unos días con un proceso cultural wayuu, me dejó varias enseñanzas y me reafirmó varias cosas: no podemos negar la importancia del acceso a las redes digitales y a la información, pero tu lugar en el mundo lo da el territorio, la cultura, y los rituales que congregan, unen, cohesionan y crean comunidad.  

Casi toda la información y los contenidos que hoy circulan por la red teniendo millones de “views” y “likes”, caerán en el olvido, como también el último modelo de iphone, el hit musical de la semana, el hashtag que generó tendencia, las mismas plataformas hoy omnipresentes. Nadie se acordará de una ciudad digital.

La lengua, el territorio, la espiritualidad, la organización social y la economía, que constituyen el sistema normativo wayuu permanecerán.  

El rojo de las de las mantas de las  danzantes  de la Yonna , que representa la sangre , la vida y la paz, y el terracota del polvorín que se levanta con el movimiento de sus pies en la arena permanecerán,  al igual que la sabiduría del palabrero que resuelve los conflictos, y  las “ouutsü” que conocen el simbolismo de los sueños  seguirán guiando sus acciones. Su cultura prevalecerá más allá del olvido.

5 Comentarios

  1. A propósito hice una serie de obras, pinturas, en el 2010, de nombre “Vértigo” y tiene conexión con este articulo, menciona ese termino en el mismo sentido que tiene la obra. Que buen encuentro.

  2. Scribiente William Yeah

    Totalmente de acuerdo! Precisamente una canción que escribí y grabé hace varios meses y que aún no he lanzado precisamente por no dejar que sea un contenido más que pase al olvido – trata sobre este tema -.✍🏾🎶 ¿Cuántos likes y views” lleva por título la canción de Hip Hop.

  3. Excelente articulo, la virtualidad ha tomado partido en el escenario cultural y social, es de gran importancia reflexionar acerca de ello.

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