El paro no para y las ‘fake news’ tampoco

En medio del paro nacional abundan denuncias, comentarios y videos a favor y en contra de las movilizaciones sociales que se iniciaron el 28 de abril. 

El pasado fin de semana, el secretario de Gobierno de Bogotá, Luis Ernesto Gómez, denunció el ataque a 16 ambulancias cerca del portal Américas y aseguró que las agresiones se habrían producido tras la difusión de información falsa por parte de sectores políticos. 

Las acusaciones iban dirigidas a Heidy Sánchez Barreto, concejala de Bogotá, quien dijo en su cuenta de Twitter que tenía información sobre denuncias en las que presuntamente las ambulancias entregaban los heridos a los policías del Puesto de Mando Unificado del portal de TransMilenio.

Sánchez ha señalado que no incitó a la violencia contra las misiones médicas, sino que transmitió una denuncia de interés público.

El tuit de la concejala es un tan solo un ejemplo de las decenas de noticias engañosas que se han visto durante las protestas. De acuerdo con ColombiaCheck, en este tercer paro nacional el nivel de desinformación ha sido más alto que en septiembre de 2020 y noviembre de 2019. Han identificado noticias, videos y fotografías falsas o fuera de contexto.

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Álvaro Montes, experto en tecnología, le dijo a Diario Criterio que los estudios demuestran que las personas comparten contenido sin tener certeza de la información que contienen. “Además, solo comparten la información que coincide con lo que piensan, el algoritmo apoyado en la ideología”, agrega. 

El director de ColombiaCheck, Jeanfreddy Gutiérrez, señala que el algoritmo favorece los contenidos más atractivos: “Está hecho para que te quedes más tiempo, lo cual -a veces- significa mostrarte contenido engañoso y polarizante”.

Montes argumenta que las redes sociales son burbujas en las que se agrupan quienes tienen opiniones similares, pero entre ellas están desconectadas, de ahí la dificultad de que se genere un debate real. También considera que se ha sobrevalorado su impacto: “Se utilizan como se utilizaba el megáfono y el perifoneo años atrás. No había redes sociales y aún así se dio el legendario Paro Nacional de 1977 y el Bogotazo del 9 de abril de 1948”

Sin embargo, otros expertos han destacado el papel de las redes en la movilización social, por ejemplo, en la Primavera Árabe, cuando activistas de países como Túnez, Egipto y Libia encontraron en Facebook una herramienta eficaz para organizarse.

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Lo que sí reconoce Montes es que las redes sociales y la información falsa se usa como un arma, el mejor ejemplo es el caso de Donald Trump. En Colombia -según Montes- también pasa, por eso se ha hecho familiar el concepto bodega, asociado a las estrategias digitales que buscan imponer una tendencia. 

“No hay evidencia de que en este caso sea orquestado, pero en las campañas políticas se usó información falsa para deteriorar la imagen de adversarios políticos, también pasó en el plebiscito por la paz”, destaca. 

Uno de los casos más problemáticos a nivel mundial se conoció en 2018, cuando se denunció que en Birmania miembros del ejército promovieron una campaña sistemática en Facebook, durante cinco años, para acabar con los rohinyás, un grupo minoritario. 

El ejército habría aprovechado el alcance de Facebook para inundarlo con mensajes de odio. Entre muchas otras cosas, se compartió una historia falsa acerca de un hombre musulmán que violó a una mujer budista. Facebook reconoció que se demoró en actuar, pero para entonces más de 700.000 rohinyás habían salido del país. 

Las fake news orquestadas son solo una parte, el experto reconoce que hay un flujo espontáneo de noticias falsas, “difundidas en medio del fragor en estas épocas de conflicto social”. Para Montes, uno de los problemas de las redes sociales es que no hay ninguna regulación y “tienden a usarse de manera negativa, exacerbar ánimos y polarizar”. 

Jonathan Bock, director de la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP), asegura que las redes se han convertido en un espacio fundamental para la recepción y difusión de información, en parte, porque en Colombia hay un sistema de medios muy cerrado. 

Lo más grave es que incluso los medios difunden noticias falsas. Por eso, para Bock es fundamental reforzar su papel: “Lo que diferencia los medios de las redes sociales es precisamente eso, que no solo difunden contenidos sino que brindan un análisis y un contexto. Los medios deben tener la capacidad de verificar si lo que se está diciendo es verdadero o falso”. 

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La recomendación de Gutiérrez es siempre dudar. Aunque considera que las redes sociales democratizan, permiten documentar abusos, publicar denuncias, opinar y favorecen la libertad de expresión, estas no tienen ningún filtro y funcionan bajo sus propias reglas. “Aunque haya críticas válidas a los medios de comunicación, los periodistas tenemos un código de ética que no tienen las redes”, señala. 

Montes argumenta que en países en los que la gente tiene una cultura digital más sana, las noticias falsas prosperan menos. “Colombia es el segundo país más adicto a Facebook en el mundo y el cuarto en el que la gente gasta más tiempo en internet, un promedio de ocho horas por ciudadano, cuando países como Japón o Alemania están en promedio de tres horas y media”, dice. 

El director de ColombiaCheck explica que el proceso de verificación es riguroso y requiere tiempo, aun así, los usuarios pueden evitar caer en noticias falsas siguiendo recomendaciones como dudar de la información que no tiene fuente o analizar el formato en el que se presenta la noticia, si este tiene inconsistencias o irregularidades, si hay algún factor “sospechoso” en las fotografías, pantallazos o videos. 

“La desinformación toca las emociones. Si confirma todas tus sospechas o temores, puede ser falsa”, dice Gutiérrez. Asimismo, expresa que la desinformación tiende a “exacerbar las emociones, indignar, sorprender, alterar o ser demasiado llamativa” y, por lo general, tiene un llamado a la acción: “Te pide compartirlo ya, dice que es lo que los medios no quieren que sepas, tampoco tiene una fecha exacta, habla de un mañana misterioso”. 

Gutiérrez expresa que el cerebro está diseñado para ahorrar energía y tomar decisiones rápidas, cerca de 5.000 en un día, por eso “suele quedarse con el primer dato o el más sencillo”. Cuando la información es demasiado sencilla y totalizadora, puede ser falsa. 

Finalmente, el experto en fact-cheking hay un problema de autopercepción, “creer que la desinformación es culpa de los otros, desinformación alcanza nuevas formas y hace que todo el mundo pueda ser vulnerable”

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