El periodismo está de luto: Antonio Caballero falleció a sus 76 años en Bogotá

El escritor y periodista falleció este viernes después de varios meses de enfermedad.

Un escritor que narró la Colombia del conflicto, de la corrupción, de la deforestación: la Colombia real. Un periodista contracorriente, de la vieja escuela, de caminar y narrar. Un caricaturista crítico con trazos únicos que según él “eran la representación de la sociedad colombiana”.

El rebelde, el certero, el histórico: Antonio Caballero falleció este viernes a sus 76 años en Bogotá, después de meses de estar enfermo.

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“…no son caricaturas de personajes conocidos, sino que cada cuadro es una caricatura completa de toda la sociedad colombiana, que a Antonio Caballero parece parecerle pervertida y condenada, y que a su modo de ver no tiene salvación

Antonio Caballero era uno de los periodistas más rebeldes y una de las mejores plumas en la prensa colombiana. Pero, sobre todo, fue un gran escritor. Aunque solo dejó algunos cuentos, un libro infantil y una novela (Sin remedio), un clásico de la literatura colombiana del que Gabriel García Márquez dijo que estaría vigente por muchas generaciones.

Además, tuvo un gran reconocimiento como cronista de corridas de toros, una de sus grandes pasiones.

Su amor por la fiesta brava dio como resultado cuatro libros, entre esos Los siete pilares de un torero, 2003 y Torero de sillón, 2010. Aunque empezó a ir tarde a las corridas de toros, se convirtió rápidamente en el cronista favorito de la tauromaquia contemporánea en Hispanoamérica.

Periodismo: una vocación de cuerpo y alma

Antonio fue hijo del también escritor Eduardo Caballero Calderón e Isabel Holguín. También fue sobrino del columnista Lucas Caballero Calderón (Klim), quien solía escribir columnas críticas, pero cargadas de un extraordinario sentido del humor, contra la sociedad y la política colombianas.

Después de graduarse del Gimnasio Moderno comenzó a estudiar derecho en la Universidad del Rosario. Sin embargo, después de que nombraran a su papá como embajador en la Unesco, viajó a París y decidió estudiar ciencias políticas, carrera que tampoco terminó debido a las revueltas de Mayo del 68, que lo obligaron a volver a Bogotá.

Desde 1964 empezó su recorrido en la prensa nacional como caricaturista de El Tiempo y, paralelo a sus trazos críticos sobre los hechos más relevantes de la política colombiana, empezó a colaborar como redactor en la BBC de Londres y The Economist.

De hecho, siempre se consideró un caricaturista y decía que sus columnas y su libro eran caricaturas de la realidad.

Su paso por los medios

Caballero fue un eterno viajero. Además de hacer viajar a sus lectores con sus letras, recorrió los rincones de Italia, Grecia, Londres y por supuesto Colombia.

Trabajó en la revista española Cambio 16 y fue uno de los fundadores de la famosa publicación de izquierda Alternativa. Fue columnista en El Espectador y, desde 1996, en Semana, en donde estuvo 20 años.

Allí se dio a conocer por su estilo certero e ingenioso a la hora de escribir, por la forma en la que hilaba sus argumentos y por su maestría en la palabra escrita. De hecho, en esos años Caballero escribió sobre muchas cosas: política, relaciones internacionales, literatura e incluso farándula. Es muy famosa su crónica sobre la muerte de Lady Di en 1997.

Pero lo que más lo obsesionaba era la inutilidad de la lucha contra las droga. Escribió sobre eso hasta el final.

Hasta hace muy pocos años, además, aún mandaba sus columnas en máquina de escribir (con correcciones a mano) y sus caricaturas pintadas con acuarelas. Fue todo un suceso cuando comenzó a mandarlas usando un computador.

Renunció en noviembre de 2020 debido a las inclinaciones políticas que estaba tomando la revista, y a la salida de varios de los periodistas de vieja guardia.

Antes de partir, encontró techo en Los Danieles, medio que le abrió las puertas para publicar las que serían las últimas columnas de su vida, los fragmentos finales de una vida dedicada a la certeza, a la crítica y a mostrar siempre perspectivas impensables para muchos.

Antonio en la literatura

“Es la hora de morir. Sentado sobre el coxis, con la nuca apoyada en el filo del espaldar de la cama y los ojos mirando el techo sin molduras, Escobar se esforzó por no pensar en nada. Que el universo lo absorbiera dulcemente, sin ruido“, escribió Caballero en Sin Remedio uno de los libros más aplaudidos de la literatura colombiana.

En esta novela, publicada en 1984, el autor relató las aventuras y desdichas de Ignacio Escobar, un poeta frustrado en la revoltosa Bogotá de los años setenta. A través de él pintó uno de los más crudos retratos de Bogotá, de las luchas políticas y armadas de la época y de la hipocresía de las clases altas en Colombia. Para él, sin embargo, solo fue “una novela sobre lo difícil que es escribir poesía”. ​

En 1989 escribió Isabel en Invierno, un libro infantil que también ilustró y que hizo inspirado en su hija, la antropóloga Isabel Caballero.

Su último libro fue Historia de Colombia y sus oligarquías, un recorrido por la vida del país, desde la conquista, pasando por la Independencia, la Regeneración, la lucha bipartidista, los años eternos de violencia y los hechos más recientes en la política colombiana.

Allí recorre, con su pluma llena de humor e ironía, los episodios más importantes de la historia del país. Fue un fenómeno en ventas que logró gracias a la Biblioteca Nacional, que lo embarcó en el proyecto de escribir el libro, primero digital, por entregas, y luego en físico.

Antonio Caballero no solo tenía el país en su cabeza, sino que cada día de su vida de encargó de narrarlo y hacernos reflexionar sobre el territorio en el que vivimos. Su legado quedará intacto en la literatura, el periodismo, las artes y en la vida de cada uno de los que como él, miran con lupa a un país, que aunque esté lleno de problemas, nunca pierde la esperanza.

9 Comentarios

  1. Humberto Benavides

    Profundo vacio nos deja la partida de Antonio Caballero…Cuando murio su tio Enrique Caballero Escobar escribio en su columna: “que descansen sus huesos”. Paz en su tumba don Antonio

  2. Lamentable, acaba una de las razones para abrir el medio en el que escribiera, era y será un verdadero placer leerlo, y ahora, releerlo; deja un país que no lo quiso oír y en manos de burócratas de poca monta, cuando no de vulgares delincuentes, algo que siempre le dolió… quedan muchos buenos, pero se fue uno de los más grandes.

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