‘El pintor de Auschwitz’, la historia de una familia judía que llegó a Colombia antes del Holocausto

Jacobo Celnik decidió seguir las pistas de su bisabuelo, quien emigró al país en 1931, para rellenar los huecos de su historia familiar. Su descubrimiento se convirtió en un libro.

En 1994, cuando estaba en noveno grado y tenía 16 años, a Jacobo Celnik le pusieron un trabajo para la clase de Historia Hebrea en el CCH (Colegio Colombo Hebreo). Tenía que investigar, a lo largo del año escolar, la historia de su familia y presentarla en un trabajo final.

Allí debía armar un árbol genealógico, hacer una pequeña biografía de las figuras más sobresalientes y explicar cómo era su país de origen -en este caso Polonia- y por qué habían emigrado a Colombia. 

Hasta ese momento, él desconocía gran parte de esa historia ya que en su casa no se hablaba mucho del tema. Pero con ayuda de sus papás, sus tíos y un tío abuelo que aún estaba vivo, logró sacar adelante la investigación escolar. 

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El único problema: la historia llegaba hasta su bisabuelo Josef Celnik, quien había emigrado de Polonia, en 1931, huyendo del antisemitismo y el rechazo hacia los judíos antes de la Segunda Guerra Mundial, y se había establecido con su esposa y sus tres hijos en Bogotá. 

Cuando preguntó a sus familiares sobre lo que había pasado antes, o quiénes eran sus tatarabuelos, nadie sabía nada. “Tu bisabuelo no hablaba mucho del tema, él prefería no recordar Polonia”, le decían. 

Jacobo dejó el tema de ese tamaño y el trabajo, empastado y argollado, quedó guardado en su casa.

A cerrar el círculo

Hace unos años, sin embargo, lo reencontró junto con varios recuerdos familiares, guardados en unas cajas. 

Su primera investigación, unas libretas antiguas y las fotos de su bisabuelo con algunas anotaciones, despertaron la curiosidad del investigador musical (autor de libros como La causa nacional, Bob Dylan: a las puertas del cielo y Los 80: volver al futuro). 

¿Por qué la historia de su familia arrancaba desde su bisabuelo?, ¿por qué a él no le gustaba hablar de su pasado?, ¿aún tendría familia en Europa? 

Esas preguntas lo llevaron a embarcarse en la investigación más importante de su vida hasta ahora: rellenar los huecos de su historia familiar y cerrar el círculo que había abierto su bisabuelo cuando salió de Polonia. 

El resultado es El pintor de Auschwitz, una emotiva historia sobre sus descubrimientos, que se publicó hace unas semanas bajo el sello Aguilar. 

Al inicio iba a ser una novela. La idea de Jacobo era, a partir de la investigación, hacer un libro de ficción sobre el viaje de un hipotético protagonista a sus raíces, en Polonia. 

“Pero en el proceso de búsqueda de datos fue apareciendo una historia real que me cambió completamente mi aproximación hacia el libro”, le dijo el escritor a Diario Criterio

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Por eso, El pintor de Auschwitz empieza con su propia infancia, con sus anécdotas y con las historias sobre el año en el que la profesora Fanny Sernik lo mandó a investigar sobre su pasado.

Allí recuerda una de las experiencias más traumáticas de su vida: la enfermedad y la muerte de su padre, Guillermo. 

“Cuando empecé a escribir, me di cuenta de que yo no había hecho el duelo por la muerte de mi papá, aunque yo creía erradamente que sí -explica Celnik-. Por eso  el proceso de escritura fue una especie de catarsis, lloré ríos de lágrimas, una experiencia liberadora”.

De Polonia al Bogotazo 

Luego Jacobo usa sus dotes de investigador para escarbar en la historia de su bisabuelo. 

Gracias a una libreta, que resulta ser un diario con anotaciones, comienza a descifrar parte de los secretos. También acude al Archivo General de la Nación, a los registros y a los protagonistas que siguen vivos.

Así logra describir el periplo de Josef Celnik, quien salió de Varsovia, en 1931,  y se instaló en Bogotá, luego de siete años de pedir permisos para vivir en Colombia. 

“Yo no había hecho el duelo por la muerte de mi papá, aunque yo creía erradamente que sí. Por eso el proceso de escritura fue una especie de catarsis, lloré ríos de lágrimas, una experiencia liberadora”.

No fue el único. Muchos de los cerca de 3 millones de judíos que había en Polonia para comienzos de los años veinte del siglo pasado, estaban huyendo del país por el antisemitismo. A Colombia llegaron más de 3.000 entre 1926 y 1937, según datos del investigador Antony Polonsky.

Josef fue uno de ellos y aquí tuvo suerte. Encontró trabajo y pudo traer a sus cuatro hijos (incluyendo los dos abuelos de Jacobo, cuyos padres son primos hermanos) y a su esposa, Raquel Waisfogel.

De hecho, se convirtió en un reconocido sastre, dueño del almacén Metropol, donde alcanzó a atender a personalidades como Carlos Lleras Restrepo. 

El libro describe cómo su bisabuelo casi lo pierde todo en el Bogotazo, y cómo su familia logró encontrar estabilidad en la Librería Hebrea, de su abuelo Azriel.  

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También destruye mitos familiares, como el que decía que su apellido había cambiado de Celnikier (el original polaco) a Celnik, por un error de la persona que recibió a Josef en la aduana colombiana.

En realidad, su propio bisabuelo hizo el cambio para poder recibir más fácilmente el permiso para emigrar a Colombia. Todo porque había solo diez cupos para familias judías por año en el país y Celnik era un apellido con connotaciones católicas, a diferencia de Celnikier. 

Los horrores indescriptibles  

Luego, y tras un arduo trabajo de genealogía familiar que lo llevó a Londres y a París, Jacobo logra armar la historia de su bisabuelo en Polonia: descubre el nombre de sus padres y de sus hermanos, su profesión, su fecha de nacimiento.

Incluso puede narrar, de forma amplia, el contexto en el que la familia Celnikier se movía en medio del antisemitismo, el rechazo y las golpizas de quienes los odiaban solo por ser judios. Justo en el periodo entre guerras, cuando el nacionalismo estaba disparado y Hitler se erguía como una figura prominente en Alemania.

“Y empieza uno a entender sus silencios y por qué no hablaban de Polonia: ellos salieron dolidos de allá, porque ese país se portó muy mal con los judíos, porque los atacaban, los maltrataban, los perseguian”, explica Celnik.  

El libro está acompañado de imágenes y registros de los documentos que Jacobo Celnik encontró durante la investigación.

De hecho, con su decisión de irse a Colombia, Josef se salvó de lo que vino después: Alemania invadió Polonia en 1939 (dando inició a la Segunda Guerra Mundial) y la situación de los judíos en ese país se hizo insostenible. Primero fueron segregados en guetos y luego enviados a campos de concentración (como Auschwitz), en donde eran exterminados en masa. El infame Holocausto.

Por eso, Jacobo deja para la segunda mitad del libro el descubrimiento más importante: la historia de Isaac Celnikier, un sobrino de su bisabuelo que terminó preso en Auschwitz, y quien vivió en carne propia los horrores de las torturas, los campos de concentración y las cámaras de gas.

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Sobrevivió gracias al azar y a su talento para copiar las pinturas de maestros como Rembrandt o Van Gogh. una historia que Jacobo recupera con ayuda de sus propias memorias.

Al final, y en una de las notas más sentidas del libro, el escritor se encuentra con los descendientes de Isaac, “una reunión de una familia que había sido fragmentada por la guerra”.

También logra entender muchas cosas de él mismo: su mal carácter, su gusto por la música, la literatura y la alta cultura, así como los silencios de su familia.

“Creo que ese es el gran mensaje de fondo de mi libro: la importancia de entender nuestro pasado familiar para saber quiénes somos y por qué somos como somos”

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