El regreso de José Celestino Mutis

Entre el 24 de septiembre y el 24 de octubre estará abierta al público la exposición ‘Mutis: un patrimonio compartido’, en el Real Jardín Botánico de Madrid. Próximamente viajará a Bogotá. El crítico Halim Badawi visitó la exposición.

En 1816, Pablo Morillo, encargado de la reconquista de la Nueva Granada, ordenó desde Bogotá el despacho a Madrid de las 6.976 láminas de la Real Expedición Botánica, la primera empresa científica de la actual Colombia. El envío incluyó varios objetos adicionales, como globos terráqueos o instrumentos de medición, así como muestras biológicas.

Los dibujos de plantas y flores fueron elaborados por la escuela de dibujo creada y dirigida por José Celestino Mutis (1732-1808), un sacerdote y botánico español que vivió casi medio siglo en la Nueva Granada. En esta Escuela, quizá la primera en su tipo, se formaron los más destacados artistas de entonces —Francisco Javier Matís o Salvador Rizo, por mencionar dos— e intervinieron intelectuales como Francisco José de Caldas, Jorge Tadeo Lozano y Francisco Antonio Zea.

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El prestigio internacional de la Expedición llevó a que Mutis fuera visitado en 1801, de forma expresa, por el científico prusiano Alexander von Humboldt, quien se maravilló con la biblioteca reunida —en mitad del altiplano cundiboyacense— por el sacerdote gaditano, con casi 5000 volúmenes con grabados que hoy conserva la Biblioteca Nacional de Colombia. Por su parte, las minuciosas acuarelas botánicas, obras maestras del arte y la ciencia —una de las mayores potencias espirituales e intelectuales de la naciente República— quedaron desde 1816 en el Real Jardín Botánico de Madrid, ocultas por varias décadas.

Esto llevó a un lapsus en el reconocimiento del territorio nacional y sus recursos naturales, un asunto álgido en los primeros años de vida republicana, en los que era necesario conocer los recursos susceptibles de explotación agropecuaria y científica, y que permitirían la vida económica de la Nación.

Una nueva exposición, Mutis: un patrimonio compartido, abierta actualmente en el Real Jardín Botánico de Madrid (24 de septiembre-24 de octubre de 2021) y que próximamente viajará a la Biblioteca Nacional de Colombia, ha sacado a la luz cerca de medio centenar de acuarelas originales, cuya extrema fragilidad sólo permite que puedan exhibirse de forma intermitente y en condiciones ambientales controladas.

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Aunque algunas han sido presentadas en otras exposiciones como Cosmos (Biblioteca Nacional de España, 2018) o Mutis al natural (Museo Nacional de Colombia, 2008), lo cierto es que ningún museo (colombiano o español) exhibe de forma permanente el patrimonio visual de la Expedición y el acceso a las acuarelas está mediado por incontables requerimientos académicos y de seguridad. Al menos por unas semanas, esta exposición resarcirá esta ausencia y pondrá en diálogo la colección de libros del Fondo Mutis, de la Biblioteca Nacional de Colombia, con las acuarelas botánicas, del Real Jardín Botánico de Madrid.

De ahí la noción de “patrimonio compartido”: tanto los impresos como los dibujos son parte de un mismo sistema que, por circunstancias de la historia, terminaron en dos lugares distintos del mundo.

El planteamiento curatorial es sencillo y poderoso: las curadoras, la española Esther García Guillén y la colombiana María Esmeral Henríquez, hacen una suerte de “ejercicio de comparación de imágenes” —como lo llama Esmeral—: ellas toman las acuarelas botánicas —los ejemplares dibujados a mano— y las comparan con sus versiones definitivas —las reproducidas en libros a través de técnicas de grabado— revelando los cambios de composición entre el dibujo y su versión publicada, modificaciones que responden no sólo a requerimientos visuales o científicos sino también ideológicos, o al temperamento obsesivo del mismo Mutis.

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En esta línea, la exposición recoge algunos de los “trabajos de entrenamiento” de los dibujantes de la Expedición: ellos pulían su técnica copiando en tinta las láminas botánicas impresas en libros científicos europeos —que, por fortuna, son conservados en la Biblioteca Nacional de Colombia—. En este caso, la “copia” neogranadina tiene una buena cantidad de transformaciones con respecto al “original” europeo, y estas mutaciones, como lo afirma Esmeral, responden a todo un aparataje ideológico que subyace en la Expedición misma. Este solapamiento de imágenes opera como un teléfono roto visual: el grabado europeo es “copiado” por el dibujante colombiano, quien a su vez lo emplea como referencia para dibujar la flora local, esto, desde un nuevo sistema sensorial resultante de esta triple operación. Habrá que anotar que este gesto mutisiano es profundamente antropófago —por usar un término del escritor brasileño Oswald de Andrade—, ya que implica “deglutir” la tradición europea para construir así un nuevo orden que sería el verdadero signo de América: sólo la antropofagia nos une —decía Andrade—. De ahí la singularidad artística de estas láminas —tan distintas a sus contemporáneas europeas—, un aspecto elogiado por Humboldt, por todos los científicos que las vieron y ahora por nosotros, que podremos visitarlas de nuevo.

Halim Badawi: Crítico de arte. Autor de ‘Historia urgente del arte en Colombia’ (Bogotá: Planeta, 2019). En Instagram: @halimbadawi. En Facebook: www.facebook.com/halim.badawi.

4 Comentarios

  1. STELLA MUÑOZ CASTILLO

    HALIM GRACIAS POR RECREARNOS CON TODA ESTA INVESTIGACION Y EXPOSICION ESPERAMOS SEA TAN EXITOSA COMO LAPRIMERA UN SALUDO Y LO MEJOR SIEMPRE STELLA MUÑOZ C

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