El río Aracataca, Gabo y Jorge Isaacs

Don Jorge Isaacs, el inmortal escritor de María, llegó en 1880, con mostacho y todo, a las orillas del río Aracataca a verificar noticias vagas e incompletas sobre un posible yacimiento de carbón mineral. Incluso pasó por “la aldehuela que tiene el nombre del río[1]. Esto quiere decir que llegó por los tiempos en que el Macondo imaginario era “una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos[2].

Me imagino a don Jorge Isaacs, esa noche, a la luz de las velas, después de atusar su mostacho, coger la pluma y escribir sobre el río: “La salubridad y la pureza de las aguas del río Aracataca no es menos estimable al tratarse de fundar la colonia en la planicie del Peñón, saturada de fierro sus corrientes, mece además bajo las ondas y remansos unas algas de tinte purpúreo o coralino asiduas a las grandes piedras del fondo[3]

Este relato aparece en el libro La Búsqueda del Paraíso del también escritor vallecaucano Fabio Martínez, que cuenta las infortunadas aventuras de Isaacs por la costa Caribe, en las cuales casi muere de paludismo, buscando explotar las minas de carbón del Cerrejón. Aventuras “llenas de logros científicos para el país y de derrotas y tribulaciones para el escritor[4]

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Debió ser notable el caudal del río para esas épocas, pues Isaacs lo define como correntoso e invadeable, al punto que cuando entrevió, en una playa pedregosa, lo que podrían ser fragmentos de carbón, le ordenó “al más valeroso de los peones que me acompañaban que vadease el río para traerme muestras de lo que divisaba. Luchó y ganado la orilla opuesta, trajo lo que le pedía: era hulla”.

Isaacs, dominado por el frenesí del carbón mineral, del que nunca gozaría y con el que después se atragantarían las compañías extranjeras, estaba empeñado en fundar una colonia en su vera, ya que la aldehuela de Aracataca, según él, estaba poblada por “gentes de raza chimila en degeneración y de africana sin ley ni hábitos de laboriosidad, serían inútiles, o poco menos, en la obra”[5]. Era como si presintiese también que, en Macondo, a José Arcadio Buendía, lo mantuviese embrujado con sus inventos, novedades y truculencias, un gitano corpulento de barba montaraz y manos de gorrión llamado Melquiades, y que los lugareños estuviesen condenados a cien años de infortunios.

Lo que sí es claro es que, tanto Isaacs como Gabo, las dos cumbres supremas de nuestra literatura, coincidieron en la pureza y transparencia del río Aracataca. Gabo, incluso, escribe bellamente que José Arcadio fundó a Macondo al lado de “un río pedregoso cuyas aguas parecían un torrente de vidrio helado”[6].

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Pero ¿qué queda en el siglo XXI del río que corría pleno y que deslumbró a nuestros más reconocidos novelistas del siglo XIX y XX? Poco, muy poco queda de ese río, el segundo tributario en tamaño de la ciénega después del Magdalena. Desde que baja al plan, algunos terratenientes dedicados al cultivo del banano y al de la palma africana, han construido talanqueras y utilizan maquinaria pesada, para desecar tierra o para desviar el cauce hacia sus cultivos, obstruyéndolo y captando ilegalmente el recurso hídrico.

Por eso, en el verano, el río Aracataca no alcanza a llegar a la Ciénega Grande de Santa Marta, el humedal más importante del país. En efecto, en el corregimiento Bocas de Aracataca del municipio de Puebloviejo, antes un poblado palafito, en el que el río -en algunos tramos- superaba los dos metros de profundidad y los pobladores los atravesaban en canoa y lancha, ahora quedaron convertidos en “caminos de tierra donde transitan caballos y motocicletas”, como lo denunció en 2019 la valerosa comunicadora Paola Benjumea Brito.

río Aracataca 2
Río Aracataca. Foto: karluskii

Pero no es solo eso, el río ya no tiene la regulación hídrica de antaño, casi ha desaparecido la pesca artesanal que es la base de la alimentación nativa, se ha desequilibrado la frágil ecología del complejo lagunar y han muerto por millares manglares y mamíferos acuáticos. Resultado: pobreza, hambre y futuro incierto.

El caso del río Aracataca no es singular, es el caso de casi todos los ríos del país, que vienen perdiendo caudal desde mediados del siglo XX como consecuencia del arrasamiento de bosques y selvas, del auge de la minería, tanto legal como ilegal, del desequilibrio entre el crecimiento económico y los recursos naturales, en fin: del escalofriante coctel de malos gobiernos, negligencia, avaricia e ignorancia que nos condena, como en los pergaminos de Melquiades, a “no tener una segunda oportunidad sobre la tierra”.


[1]  Hulleras de la República de Colombia en la costa Atlántica, Jorge Isaacs. Pág. 11. Bogotá 1890.

[2] Cien Años de Soledad. Gabriel García Márquez, Pág. 1.

[3] La Búsqueda del Paraíso, Fabio Martínez, Pág. 120. Editorial Universidad del Valle.

[4] Ibid., pág. 120.

[5] Hulleras de la República de Colombia en la costa Atlántica, Jorge Isaacs. Pág. 11. Bogotá 1890.

[6] Cien Años de Soledad. Gabriel García Márquez, Pág. 12.

Foto de portada:   río Aracataca Wikipedia Creative Commons 

14 Comentarios

  1. Alfonso Díaz Bonilla

    Muy bueno el relato que me hace reflexionar con todo lo que está sucediendo en nuestro país, donde los malos gobiernos nos están llevando a un abismo sin ninguna salida, no llendo muy lejos miremos a Hidro Ituango cómo están acabando con la poblaciónes cercanas y sobre todo a nuestro río del Cauca, gracias Pedro Luis excelente tu escrito gran abrazo

  2. Gracias Pietro por tenerme en cuenta en sus buenos y exquisitos escritos , que inagino tienes que haber conocido y leido sobre los sitios para poder hacer aceptable descripcion.

    1. Excelente escrito ,esa es la penosa realidad del río Aracataca después de tener un gran caudal hoy solo se observa un hilito de agua y en tiempo de verano enormes playas q parece un desierto,todo esto bajo la anuencia de las diferentes administraciones y el ojo cómplice de COORPAMAG que poco o nada l le interesa lo q q le ocurre a las fuentes hidricas del departamento

  3. Pues muy fresco está la referencia que hace el aspirante a la dirección del País, Gustavo Petro en el lanzamiento de su aspiración en Barcelona España, pues menciona la sed que viven los pobladores y las consecuencias dela explotación de la huella o carbón mineral en la Guajira.
    Fabio Martínez fue secretario de Educación?

  4. Hugo Hernán Aparicio Reyes

    Al hábil cronista autor del texto, y a don Fabio Martínez, citado en el numeral (3), les sugiero revisar el término “asiduas”. Me temo que la u es letra intrusa. Quizá Isaac, el autor original de la frase, pensó en las algas asidas a las piedras.

  5. Argemiro Pertuz lora

    Maravillosa narración y q rico saber q Jorge Isaac también estuvo por acá por mi tierra y tiene mucha razón sobre el estado del rió ya q cada día q pasa va desapareciendo aún más y el estado en general c hace el d la vista gorda al ver como unos pocos c quedan con el recurso vital de muchos.

    1. Pedro Luis Barco Diaz

      Creo que tiene toda la razón Hugo Hernan Aparicio. La palabra empleada por Jorge Isaacs debió ser “así das”. De todas maneras volví a mirar el libro de Fabio Martinez y ahí aparece la palabra “asiudas”. Punto para Hugo Hernan.

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