El trago amargo de los caficultores colombianos

Con los precios por las nubes y la capacidad de producción al 100 por ciento, los bloqueos en medio del paro nacional privaron al sector cafetero de una prometedora bonanza. ¿Cómo impactará este fenómeno la economía del país?

El pasado 27 de abril, justo un día antes del inicio de un estallido social que ya cumple más de dos meses, el café colombiano alcanzaba un precio histórico en la bolsa de Nueva York: US$1.44 dólares por libra. La noticia era más que positiva, pues a principios de mes el costo rondaba apenas los US$1.21 dólares por libra.

Asimismo, el precio interno también se vio impactado positivamente, ya que la carga de café (125 kilos) superó la barrera del 1.400.000 pesos. A todo esto, se sumó que el sur del país se preparaba para su cosecha principal del año, lo que terminaba de augurar un periodo fructífero y rentable.

Para ese momento, las proyecciones de la Federación Nacional de Cafeteros indicaban que Colombia produciría cerca de 14 millones de sacos, seis de los cuales llegarían en el primer semestre de 2021. Todo marchaba bien, pues solo en abril la producción fue de 810.000 sacos, un nueve por ciento más que en 2020.

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Sin embargo, como muchos otros, el sector cafetero no contaba con un paro nacional tan extendido y mucho menos con los bloqueos de la vía en zonas estratégicas del territorio nacional. Las carreteras intransitables, puertos cerrados y trabajadores varados, terminaron bajando de la nube a las más de 540.000 familias caficultoras del país.

“Perdimos todo un ciclo de comercialización. No teníamos fertilizantes, jornaleros, ni cómo despachar. Además, se perdió toda una economía que está relacionada con el café, como el cacao o el aguacate. Los campesinos se quedaron sin opciones”, dijo a Diario Criterio Henry Robayo, gerente de Inversiones Caira, una comercializadora de café que recibe el grano de 700 productores en Cundinamarca.

¿Qué pasó con el precio?

Colombia ocupa el tercer puesto entre los países con mayor producción de café, por detrás de Brasil y Vietnam. El grano colombiano ostenta un gran reconocimiento a nivel mundial por su calidad; incluso, cuenta con cuatro denominaciones de origen: Cauca, Santander, Huila y Antioquia.

A pesar de esto, la competencia por el mercado cafetero es fuerte, por lo que los precios para Colombia varían dependiendo de la situación de otros países productores. Para 2021, Brasil sufrió un duro golpe por cuenta de las sequías, lo que mermó su rendimiento en un 30 por ciento.

Se estima que este país producirá aproximadamente 53 millones de sacos este año, una cantidad muy inferior si se compara con los 70 millones obtenidos en el 2020. Como el consumo de café está al alza, el tropiezo de Brasil afecta la oferta y eleva el precio para otros países. Además, el incremento en el precio del dólar también terminó beneficiando el valor del café colombiano.

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El proceso roto

Los bloqueos terminaron afectando cada uno de los eslabones de la cadena productiva del café. En una primera línea, los caficultores quedaron atados de manos sin insumos para la cosecha. De igual forma sufrieron la falta de mano de obra, pues muchos trabajadores no podían atravesar los bloqueos o simplemente movilizarse por la escasez de gasolina.

Muchos incluso no intentaron salir por el miedo a perder su producto en las vías. “En varios lugares nos cobraban uno o dos millones de pesos para poder pasar un carro”, denuncia Robayo.

El puerto de Buenaventura, por el que sale cerca del 50 por ciento del café, permaneció afectado por varias semanas debido a la situación de orden público en el Valle del Cauca. Los puertos del Caribe también permanecieron cerrados para miles de caficultores de departamentos como Huila, Tolima, Cundinamarca, entre otros.

La cadena de exportación del café colombiano
La cadena de exportación del café colombiano – Diario Criterio

Por último, se vieron afectados los compradores en el exterior. En este punto, explica Roberto Vélez, gerente Federación Nacional de Cafeteros, se corre el riesgo de perder la prima o sobrecosto de 50 centavos que los importadores pagan al café colombiano por su calidad y el cumplimiento de las entregas. Según varios caficultores, fue necesario renegociar contratos con los clientes o incumplir los acuerdos.

Como la afectación a cualquier parte del proceso altera toda la cadena de exportación, el dinero dejó de circular y los campesinos dejaron de percibir su sustento. Los bloqueos también pusieron a prueba la capacidad de almacenamiento del sector, que al estar concentrada en el centro del país no lograba suplir la demanda del sur.

Muchos caficultores, que llegaron hasta los centros de venta con su grano, tuvieron que regresar a sus fincas con el producto. “Tenemos las bodegas llenas y los bolsillos vacíos”, dice un productor del sur del Huila. Según cifras de Fedecafé, los bloqueos generaron el represamiento de 500.000 sacos.

“Irónicamente estamos en un punto en el que tenemos los mejores precios del café. Nos están pasando la comida en las mejores bandejas, pero no podemos comer porque estamos atorados y no podemos exportar café”, dijo a Valora Analitika Roberto Vélez, quien en varias oportunidades pidió desbloquear las vías.

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Más allá del café colombiano

Para algunos analistas esta coyuntura del café tendrá un efecto a largo plazo para buena parte del país. El quiebre en las exportaciones genera un impacto directo en 604 municipios que tradicionalmente han visto dinamizada su economía en cada cosecha. El sector del comercio, por ejemplo, sería uno de los más golpeados.

La falta de dinero circulante de la cadena cafetera también producirá desempleo, pues se calcula que para la recolección del grano se necesitan por cosecha entre 170.000 y 200.000 trabajadores.

Otro de los puntos sensibles es la situación del impuesto de contribución cafetera, el cual proviene de cada libra exportada y es destinado para financiar las obras públicas del mismo sector. Hasta el mes de mayo, dicha contribución sólo llegaba al 11 por ciento del total.

Para Fedecafé la solución a este problema no será inmediata y retomar el ritmo de las exportaciones, con miras a la meta de 14 millones de sacos exportados, tardará cerca de tres o cuatro meses.

Los caficultores deberán enfrentarse a un segundo semestre varios retos, como el incremento del 40 por ciento en el precio de los fertilizantes, el paro nacional, el temor de perder algunos clientes en el exterior y la incertidumbre de la pandemia.

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