El viche, la bebida perseguida y menospreciada que está a punto de ser patrimonio de la Nación

Recién el Congreso de Colombia aprobó el proyecto de ley por medio del cual reconoce, impulsa y protege esta bebida, que tiene, además de un innegable valor cultural, una historia digna de contar.

Para las comunidades negras del Pacífico el viche es el sudor de la caña, una forma de resistencia y un símbolo de las tradiciones de su territorio. Puede ser igualmente la vida misma, la muerte misma.

Porque detrás de esta bebida hay historias de persecución al subsistir por siglos al margen de la ley; aun así, nunca dejó de ser parte de sus ritos, de sus festejos, de su reconciliación.

El viche también sabe a libertad. Tal vez por ahí comenzó su historia: acababa el siglo XVIII y algunos grupos de esclavos del Pacífico colombiano empezaron a ser autónomos. La extracción de oro había decaído.

‘Vendedor de caña de azúcar’. Viajes de Saffray y André. siglo XIX Dibujo de Neuville.

Y empiezan a trasegar libremente, a colonizar zonas de la región. Y a desarrollar unas economías basadas en la agricultura propia de la selva tropical, el cultivo de la caña de azúcar, una de ellas.

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Así correría la tradición del viche (verde) y su alambicamiento en zonas como los ríos Naya, Anchicayá y Dagua (Valle del Cauca), Saija y Micay (Cauca), y alto San Juan y Bajo Baudó (Chocó).

Un licor extraído de la caña sembrada al lado de otros frutos y de cultivos como el chontaduro y el plátano, que le daría una característica particular y lo diferenciaría de cualquier otro aguardiente.

Porque indígenas y campesinos en otras regiones, a partir también del guarapo (jugo de la caña), destilaban el chirrinche, la tapetusa o el ñeque.

El viche se utiliza por la mujer o el hombre que tiene dificultades para concebir: se considera que en ellas aumenta la producción de óvulos; en ellos, el vigor.

Dice el investigador Carlos Andrés Meza, autor de La ruta del viche, que a finales del siglo XVIII comienza “un proceso económico-político mediante el cual el alcohol fue considerado por las autoridades como un mal social, pero a la vez un bien económico, por lo que debía monopolizarse”.

Y fueron censuradas celebraciones al ritmo de la música y del viche; cualquier producción de alcohol, no controlada por el estado, era proscrita. Para campesinos e indígenas fue necesario ocultar su obtención.

En lo más profundo

“La destilación siempre ha sido una forma de resistencia a la corona española, al gobierno republicano, a la guerrilla. Es algo que el campesino colombiano sigue haciendo tercamente, aunque cada vez en más países se tiende a legalizar este tipo de bebidas”, le explicó, en 2015, la investigadora Magdalena Arango Cortázar al diario El Tiempo.

El avance del viche tuvo que darse a hurtadillas: el día era para largas y duras jornadas de trabajo con la caña, porque la noche y la madrugada eran para la destilación lejos de los lugares de vivienda, en lo más profundo de la manigua para no ser descubiertos.

Un video en el que se explica el paso a paso del viche.

En algún momento también fue rastreado con ferocidad por considerarse que daba pie a ritos espirituales, a las peores brujerías. O también por estimar que desconcentraba al negro de su trabajo. Por donde se le mire, al viche no la hecho falta magia o misticismo.

Onésimo González, un viejo vichero, recordó hace un año, en un artículo de El País de Cali, que con el monopolio de las bebidas alcohólicas por parte del Estado se crearon las tenencias, al norte del Pacífico, o rentas y resguardos, al sur, que perseguían y destruían la bebida.

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Hoy este destilado no ha dejado de ser confiscado por el Estado, es perseguido y solo en ciertos contextos culturales es permitida su comercialización, como el caso del Petronio Álvarez, el gran festival de la música del Pacífico.

Y eso que existe la Ley 70 de 1993 que, además de reconocer la propiedad colectiva de la tierra de las comunidades afrocolombianas del Pacífico, protege su identidad cultural e impulsa su desarrollo económico y social.

Todo debería cambiar con la ley del Viche recién aprobada en el Congreso, que permitirá que esta bebida ancestral pueda ser producida formalmente, obtener su registro sanitario, la denominación de origen y el registro de marca. Y en noviembre el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural (CNPC) podría incluirla como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación.

Se calcula que entre el 10 y 15 por ciento de las comunidades que habitan las cuencas de los ríos del Valle, Chocó, Nariño y Cauca dependen de este destilado.

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El antropólogo Carlos Andrés Meza le explica a Diario Criterio que celebra la Ley pues se soporta en un acervo de sabiduría, porque a partir del viche hay saber médico, a partir del viche hay lúdica y espiritualidad que ayudan a definir el perfil de estas comunidades.

“En buena medida –dice- definidas a través de las memorias africanas y lo que generaron en estas sociedades, como el patrimonio alimentario o los sistemas tecnológicos de conocimiento”.

¡No es solo para emborracharse!

Ana Copete, de Destila Patrimonio, recalca en que el viche no nació solo para entretener o emborrachar, sino que es una bebida mística que, entre otras, ayuda a parir, a tener más fuerza a la hora del laboreo o a sanar las mordeduras de serpiente.

Y explica que el viche se utiliza por la mujer o el hombre que tiene dificultades para concebir: se considera que en ellas aumenta la producción de óvulos; en ellos, el vigor.

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También lo usan las parteras que soban a la mujer para que el bebé se acomode, cuando la mujer da a luz le dan un trago caliente para que tome fuerza, y al recién nacido lo masajean (las manos untadas con esta bebida) para que llore y descubra que llegó a este mundo.

Sus usos son diversos y para diferentes necesidades. El hombre, antes de salir a jornalear, toma un trago no solo para tomar fuerza, sino para evitar enfermedades y que lo piquen o ataquen animales. Se cree que al tomar viche, el sudor expele un olor que evita que las culebras se acerquen.

Y aquel que no se cuidó y es mordido, tiene la opción de la flor del viche, el primer líquido del proceso de destilado, que no se ingiere por ser muy fuerte, pero que funciona para desinfectar, para sanar heridas y como antiofídico.

Ana Copete le dice a Diario Criterio que la bebida sirve hasta para conciliar disputas: “No es lo mismo sentarse a negociar con él que sin él, pues tomarlo apacigua las energías”.

“Dentro de una botella de viche no hay alcohol, sí la historia de un pueblo”.

Si aparece al comienzo de la vida, no podía faltar al final. Carlos Andrés Meza explica que el viche también está presente en los rituales de la muerte, en las despedidas, cuando las cantoras están acompañando a un muerto, durante nueve días, se mantienen enérgicas, casi en trance, con la bebida.

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Todas tal vez razones para entender lo que significa este destilado para la cultura del Pacífico y, lo mejor, el valor y la vigencia que le están dando los jóvenes, los más entusiastas en mantener la tradición con la que se sienten representados. Y están a nada de ser patrimonio de la Nación.

Video del Mincultura y las acciones para que el viche sea patrimonio cultural

Mientras tanto, las leyendas crecen y se oyen, hablan de inspiración, como la de los marimberos que, cuando quieren ser los mejores de todo el Pacífico, tienen que aceptar el reto de un duende al que deben derrotar tocando el instrumento de percusión.

Pero antes, para encontrar al duende, el músico tiene que estar atravesado por una ingesta de viche.

Ana Copete cree que hay una expresión entre las comunidades que bien define lo que significa bebida: “dentro de una botella de viche no hay alcohol, sí la historia de un pueblo”.

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