El descrédito de la inesperada alianza del Pacto Histórico con Luis Pérez

Aliarse con Luis Pérez es un acto que precipita los principios éticos del Pacto histórico –pilares que supuestamente nutren su estructura– al descrédito. Artículo especial del escritor antioqueño Pablo Montoya para Diario Criterio.

Lo digo sin rodeos: me simpatiza Gustavo Petro. Voté por él en 2018 y sigo pensando que la suya es la mejor propuesta para gobernar el país de ahora. Jamás he caído en ese lugar común, bastante estulto por lo demás, de que es semejante a Álvaro Uribe. Ni tengo temor alguno de que su gobierno lleve a Colombia a convertirse en la Venezuela o Cuba socialistas que muchos temen.

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Esas son las opiniones de una suerte de paranoia ciudadana, modeladas por la derecha neoliberal, que no comparto en absoluto. Me simpatiza, entre otras cosas, porque Colombia necesita cambiar y adecuarse mejor a estos tiempos de crisis climática que planea por el planeta. Y si hay alguien, entre todos los candidatos de estas elecciones, que reúne favorablemente, tanto en su figura como en su discurso, el descontento popular actual, ese político es Gustavo Petro

Sin embargo, es alarmante que, para salir avante en las próximas elecciones, el Pacto Histórico realice alianzas inesperadas. Se dio, hace unos meses, el supuesto apoyo de un grupo de cristianos con fuerza en el panorama electoral. Y ahora Luis Pérez ha tocado a sus puertas y, guiado por la mano de Piedad Córdoba, se le ha recibido. Sé que la política, y sobre todo en un país como Colombia, es un terreno azaroso y minado por la sentencia de Maquiavelo: el fin justifica los medios.

Pero por ser Petro, al menos hasta ahora, una persona limpia en estas lides es que ha suscitado el apoyo de muchos. Y también por sus ejemplares denuncias de la parapolítica en el Senado. Por su preocupación real por los sectores más desfavorecidos del país que mantuvo cuando fue alcalde de Bogotá.

Al lado suyo, Sergio Fajardo o Alejandro Gaviria, para solo hablar de los más llamativos de las tendencias llamadas centro, resultan alternativas inapropiadas. El uno por su pasado corrupto y su falta de claridad política y porque es el candidato de consorcios empresariales que no despiertan confianza. Y el otro, por su falta de carisma (que la tiene ampliamente y es plausible en el mundo académico) para emprender la transformación que necesita el país. Para entrar en un periodo de verdadera paz en el que se disminuya la enorme desigualdad social que caracteriza a Colombia, Gustavo Petro es, de lejos, el candidato indispensable.

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Ahora bien, aliarse con Luis Pérez es un acto que precipita los principios éticos del Pacto histórico –pilares que supuestamente nutren su estructura– al descrédito. ¿No se trata de que, a través de esta nueva forma de hacer política propuesta por ellos, se pueda superar la pesadilla de una democracia enraizada en el narcotráfico y el paramilitarismo?

Luis Pérez representa, sin duda, la complicada sinuosidad de la política antioqueña. Su pasado es brumoso por la presunta actuación que tuvo en la aciaga operación Orión y, por supuesto, en lo que sucedió después: el incremento de la desaparición forzada efectuada por la unión del Estado y los grupos paramilitares. No obstante, todo esto no le ha valido a Pérez ni siquiera una amonestación. Solo en un país como este, donde la impunidad es tan escandalosamente ostensible, políticos como él, y como Uribe, Santos, Fajardo y Ramírez, entre otros más, siguen orondos en sus puestos gubernamentales y permanecen intocados por la justicia.

Llegar al poder a como dé lugar es típico en el horizonte de la política. Y más si ella se mueve en un país como Colombia donde la falta de transparencia es el pan de todos los días. La llegada de Luis Pérez al Pacto Histórico ha originado una polvareda de opiniones encontradas. Muchas personas e instituciones, reunidas allí, no lo quieren. Pero ante la posibilidad de que la extrema derecha, con sus alianzas respectivas (Gutiérrez, Peñalosa, Char y el Centro Democrático) gane incluso en primera vuelta, y ante el hecho de que no haya buenas relaciones con la Coalición de la Esperanza, la desesperación dentro del Pacto Histórico se ha disparado.

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Iván Cepeda, acaso una las conciencias más admirables desde el punto de vista de sus principios éticos en el mundo político de ahora, ha expresado su descontento. “Rechazo cualquier alianza con Luis Pérez”, ha dicho categórico en Twitter. El panorama, en todo caso, es desastroso y preocupante para Colombia. Desastroso que la extrema derecha esté en el poder cuatro años más. Y preocupante esta mácula del Pacto Histórico. Que cada uno de sus posibles electores concluya y mire, ante este tipo de alianzas, si vale o no la pena de darle el voto. 

6 Comentarios

  1. Esto es una falsa noticia,me parece, para desestabilizar la organización ,en este orden de ideas aquí no es creíble ningún comentario .

  2. Sin ser una politóloga ni una experta en estas lides electorales pero con la madurez y la experiencia que me dieron los años 70 y 80, sigo pensando que el PH y ésta encrucijada en el alma , la deben resolver de manera pragmática. Tenemos que romper el pensamiento ultragodo de Antioquia y los Santanderes que le dieron el poder a la derecha. Y eso se hace mostrándole a sus bases el ideario del Pacto, develando la cortina de la ignorancia y de la confusión cuando sólo tienen una sola mirada.
    Es una apuesta arriesgada de lado y lado pero si nos convertimos en una verdadera avalancha, nada que temer. Seguro.

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