Las elecciones venideras y la banalidad de la política

El país va entrando, poco a poco, en el año electoral. Se empiezan a conocer los nombres de las personas que buscarán ser elegidas para asambleas, gobernaciones, concejos y alcaldías. Todas ellas dicen que no ambicionan o que no quieren eso, pero, mientras tanto, hacen sus preparativos.

Es verdad que aún no son candidatas porque todavía no se han inscrito. Pero es también cierto que ya están campaña. Eso quiere decir que cada no-candidatura está aspirando, ahora mismo, a encontrar un partido que la avale, gente que le financie la campaña y está contactando a los llamados líderes de barrios y veredas para que le traigan los votos.

Como quizá ya no alcance a expedirse la nueva ley de reforma política y electoral que permitiría ampliar, limpiar y mejorar la próxima competencia electoral, entonces, esas no-candidaturas hacen campaña como la han venido haciendo hasta nuestros días.

Es decir que nosotros, la ciudadanía, volveremos a ver las mismas situaciones que vemos cada vez que hay elecciones. Presenciaremos cómo se hacen y deshacen alianzas entre aspirantes a los cargos de elección popular, según cada quien haga sus cuentas y vea la conveniencia.

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Saldrán a la luz las acostumbradas fotos que captan el momento justo en el que los cuerpos de viejos adversarios, hoy posibles aliados, se arriman en actitud de secreteo conspirativo. Y la subsiguiente aclaración, hecha por quienes participaban en la reunión, diciendo que la política es dinámica, pero que no están llegando a acuerdos, sino explorando posibilidades.

Se publicarán aquellas fotos de rivales de vieja data, hoy, sentados de espaldas a una biblioteca, con gesto amable y sonriéndole a la cámara. Nos invitarán a entender, sin decirlo, que son dos o más intelectuales que sacrifican el silencio amable que exige la elaboración del pensamiento, a cambio de lanzarse al horroroso fango del debate público.

Escucharemos a antiguos aliados tratarse como si fueran enemigos de toda la vida y, entonces, divulgarán pecados, indelicadezas y corruptelas nunca investigadas o convenientemente archivadas. Todo, para demostrar la inconveniencia de votar por su recién estrenado contrincante.

No faltará, por supuesto, la alianza entre quienes, hace poco, cayeron en la derrota. Se unirán, sólidamente, alrededor del odio por quien les ganó. También procurarán mostrar que, ni sus fracasos, ni la supuesta maldad del triunfador podrán detener su carrera, porque, al juntar voluntades, sumarán una cantidad de votos que les asegurará su victoria.

¿Y los partidos políticos?

Pues, lo mismo que la última vez: por ahora, escuchando a todas las personas que están en las no-candidaturas y mirando cuáles de ellas merecen sus avales.

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Seguramente, se los darán a aquellas que tengan opciones reales de resultar electas; también, a las que pueden sacar, siquiera, una votación que les permita negociar algunos puestos o contratos con quien resulte ganador. Además, es previsible que los partidos avalen influencers, porque harían visible al partido que dio el aval.

Más posible aun es que le den ese aval, si la persona influyente ha trasmutado de influencer a político y de este a aquel y, así, sucesivamente, hasta que no quede rastro de la diferencia entre las dos profesiones y traiga pocas propuestas, muchos gritos e ingentes cantidades de likes y de seguidores en las redes sociales.

Es muy probable que la competencia electoral se convierta en una puja entre candidaturas especializadas en producir escándalos, carentes de programas, sin propuestas deseables y viables. Pero, también es probable que aparezcan y se consoliden otras formas de ganar las elecciones.

Tengo esa esperanza porque la derrota electoral de Rodolfo Hernández mostró, entre otras cosas, el cansancio de la población con el modo superficial de hacer política.

Es posible, por ejemplo, que alguien se atreva a tomar el programa del partido que lo avala y lo adapte a las condiciones concretas del departamento o del municipio en el que está presentando su aspiración política y lo convierta en su propuesta de gobierno regional o local.

Tal vez haya otro (u otros) que se arriesgue (o se arriesguen) a proponer que las organizaciones sociales de sus territorios elaboren y hagan llegar propuestas a la mesa de diálogos que hoy tiene el Estado colombiano con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

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Alguna candidatura puede proponer que comisiones de la sociedad civil, provenientes de todo el país, sesionen en el municipio o departamento que ella aspira a dirigir y que, allí mismo, elaboren propuestas sobre los puntos de la agenda pactada entre el Estado y la guerrilla.

A lo mejor, otras personas, candidatas también, salgan con una propuesta acerca de cómo dirimir conflictos entre grupos de ciudadanos con intereses contrapuestos, en su territorio, sin que ninguno de ellos se sienta obligado a acudir a la violencia o a los actores armados.

¿Qué tal que a alguien se le ocurra un programa de gobierno centrado en la construcción de paz y convivencia cotidianas, y, alrededor de eso, un plan departamental (o municipal) de desarrollo que se articule a las decisiones del Gobierno nacional?

Creo que en todos los departamentos y municipios del país hay gente que quiere acceder a los cargos de elección popular para ejecutar programas y no para seguir ascendiendo en su carrera y cumplir con la repartija de puestos y contratos entre quienes le apoyaron.

En todos los lugares, en las elecciones venideras, habrá gente dispuesta a evitar la banalidad de la política.

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5 Comentarios

  1. Este comentario de César no es un simple ejercicio de adivinación sino el dibujo de un panorama de posibilidades articuladas al proyecto sensato de gobierno para la paz. Es un desafío a la diferencia antes de la reforma política.

  2. María Esperanza

    Muy buena radiografía, con pronóstico reservado del paciente, pese a las buenas intenciones del doctor.
    Sólo faltaría agradarle que hay compraventa de avales, además de contratistas que elaboran programas a pedido del candidato, mediante copy/paste de otros anteriores. Se requiere una verdadera reforma a todas estas triquiñuelas para poder llegar a una política electoral diferente…

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