Elecciones: guía para perplejos

Perplejo uno: ¿Duque? El gran derrotado en las pasadas elecciones presidenciales fue Iván Duque. Hay una coincidencia (que no lo es tal). Los números demuestran que las candidaturas de Petro, Hernández y Fajardo, sumadas, obtuvieron el 72.67 por ciento de los votos, proporción exactamente igual a la imagen negativa del presidente. Fueron,  precisamente, los tres acérrimos críticos de este gobierno y quienes predicaron el cambio.

Y en la otra cara de la moneda está Federico, quien obtuvo una sumatoria de votos igual, en porcentaje,  a la imagen positiva del actual mandatario. Duque debería estar perplejo, pero, a este “reelegible” en funciones, no le alcanza ni para confuso.

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Perplejos dos: los fríos matemáticos.  Los números exultan una mayor desazón. Petro, con sus 8.5 millones de votos, no tiene mucho de dónde crecer. El ingeniero quedó a 2.5 millones de votos de su contendor; tiene mucho de donde crecer, pero también tiene que crecer mucho. Sumas aquí y sumas acullá, deberá Rodolfo superar los 2.5 millones, su diferencia con Petro, más lo que este le pueda adicionar a esta cifra en la segunda vuelta.

Antes de las elecciones, el populista era Gustavo Petro. Ahora los resultados trastocan las mentes, y ya para los amigos de este, el populista pasó a ser el ingeniero Hernández. Antes, Petro era el “cambio en primera”. Inicial dueño exclusivo de esa bandera, la perdió ya y ni sus escuderos se atreven a hablar del “cambio en segunda”, por ir con menos fuerza.

Desaparecido del escenario Uribe, cual estafermo de todos los buceadores y oportunistas de ingrata fortuna electoral, ya no habrá a quien dispararle en procura de los votos de los “contras” del expresidente. Igual Duque, que ya ni cuenta, que es triste historia, triste pasado y ni siquiera es hoy un motivo de arrepentimiento para los que votamos por él. Ni que lo mencionen para criticarlo, porque su nombre produce un inmenso bostezo de hartera, el que se anticipa al grande, al bostezo de descanso el próximo 7 de agosto.

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Perplejos tres: los estrategas de Petro. El ingeniero lleva una ventaja, consistente en que entendió que toda campaña tiene un tema primordial, el cual debe predicarse en primer término y por sobre cualesquiera otros asuntos del agite eleccionario. Ahí estaba y está: la corrupción. Todos los colombianos la vemos, ubicua, a esta desgraciada huésped; la sentimos; la palpamos; se nos presenta día a día, en la mañana y en la noche, en los medios, en las redes y en la conversación con familiares y amigos; nos acompaña mientras nos desayunamos y nos mira mientras nos dormimos. Esa, el tema nodal de la campaña.

El ingeniero Hernández parece que fue el único que advirtió este elemental  principio de marketing electoral. Ahora, los petristas del alto comando, extrañados, descubren lo que tenían al frente de sus respectivas narices.  Entonces colocan el tema, pero solo con los encartes del ingeniero. Quién sabe si les alcanzará.

Perplejos cuatro: el tema del “teflón”. Muy pocos estrategas lo incluyen en sus dimensiones de campaña. He reflexionado algo sobre este punto. Es, en los términos de las guerras de la edad media, como una muralla frente a la cual se estrellan los ejércitos del adversario. Resbalan allí toda clase de ataques y no mellan la fidelidad de los seguidores del protegido por este plástico resistente y defensivo. ¿Por qué? Me explico: Se da el “teflón” cuando las ejecutorias o la causa que bien representa para sus seguidores el político, están por encima de cualesquiera ataques que se le hagan, fundados o no.

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Un ejemplo. Clinton fue acusado por varias mujeres de acoso sexual.  Las ligas feministas, sin  embargo, lo apoyaron. La explicación de la presidenta de la mayor de estas organizaciones consistió en que procedían así, no obstante esa conducta censurable, porque Clinton lo estaba haciendo muy bien desde la presidencia. La explicación es que lo de arriba –lo más importante-, excusa lo de abajo –lo secundario-. El mejor “teflón” sería el del padre de familia, cariñoso pero mal ciudadano,  frente a sus respectivos hijos. Le están disparando en el caso de la corrupción. ¿Hasta  dónde le alcanzará el “teflón” a Rodolfo?

Perplejos cinco: los políticos jefes de la campaña de Petro. Refiere La Silla Vacía. Roy, en el Tequendama: fácil ganaremos, porque se trata aquí de un estadista contra un populista. Es posible Quevedo cale. Alfonso Prada: los votantes de Federico lo harán por Petro. Este, Prada, está igualito al reelegible Duque. Como para pedirle que presente su renuncia como jefe de debate. No obstante, la cumbre de la perplejidad  estuvo a cargo del propio Petro.

Allí, en el mismo Tequendama, cuando este 29 celebraban -no se supo qué-, aseguró: “mucho cuidado con el cambio, porque este puede ser un tiro en el pie”. Y al oírlo, un espíritu burlón se reía y se reía, porque, entonces, bien visto  el asunto, este candidato, después de tanto trinar contra Duque, se acogía y repetía los argumentos de los de la continuidad.

Perplejos seis: los acompaña, a muchos, Maimónides, quien escribió en su dedicatoria en la Guía de Perplejos: (porque) “el verdaderamente instruido también se sentirá sumido en honda perplejidad”. Como Hamlet, el príncipe de los perplejos, las formas en que se adelantan las dos campañas muestra que prevalece, en mucho, el  contra, lo negativo.

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El mensaje subliminal es del  “no vote por…”, lo cual podría conducir a mas desconcierto en todos los electores, inclusive en los que participaron en la primera vuelta. Podrían reflexionar así: ¿o será que no tengo claro cuál es el que no me gusta?; ¿o será que me disgustan por igual los dos?; ¿o no alcanzo a establecer cuál me disgusta menos?; ¿o tampoco alcanzo a aclarar cuáles son los aspectos positivos de cada candidato para votar por uno de los dos? Para mayor caos, un resultado posible sería que no aumentara – y aun que disminuyera- la participación en la segunda vuelta. Ocurrió en dos ocasiones anteriores. Eso favorecería la candidatura de Gustavo Petro.

Perplejos siete: todos desconcertados pero no afligidos. ¿Será que esta campaña pondrá a los electores a decidir entre dos miedos? Y, ¿a votar por el menor?. O a no votar, porque el miedo, en principio, inhibe. “Perplejiza”. Será como un vuelta a Colombia, no en bicicleta sino por los votos, y se ganará por media rueda en el sprint final. Después de la primera vuelta, y “por mientras”, como sentencian los “académicos”, consolémonos con las palabras de San Pablo (2 Corintios, 4,8): “nos sentimos perplejos pero no desesperados”.

2 Comentarios

  1. Perplejo por esta columna de opinion. El otro gran perplejo ha sido el ciudadano de a pie, el votante colombiano que no sale de su asombro al ver como se han acomdodado los oportunistas y camaleones de los clanes mafiosos que han gobernado siempre, los carteles politicos y empresariales podridos porvla corrupcion que ahora como ratas de barco naufragante corren a refigiarse ya sea con el pacto historico o con Rodolfo Hernandez. Todos estos bandidis de la clase politica que el pueblo ha rechazado por corruptos han sabido jugar a dos bandas. Nuevo liberslismo unos con petro y otros con RH. Liberales, alianza verde, uribistas, ultraderechistas, pastranisras y demas jauria muy convenientemente se han divido para no perder la ” teta” del gobierno, de los jugosos contratos y a un unisono vociferan combatir la corrupcion. Los medios tradicionales de comunicacion igualmente haciendo eco de esta repartija y haciendola ver como la ” dinamica de la politica”. El gran perdedor y burlado como siempre ha sido el pueblo desconcertado de ver como ahora se abrazan en causa comun los uribistas y liberales de todas las pelambres. Las cabales, los galan, las ingrid Betancur, los gavirias todos en un solo abrazo fraterno para no perder privilegios. Y el pueblo perplejo de ver como se reacomodan una vez mas estos granujas politicos de siempre. Ñoños, ñeñes, kikos, ficos y demas alias todos en causa comun dizque contra la corrupcion y el cambio.

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