Elecciones en Chile, un nuevo pulso entre la izquierda y la derecha en América Latina

Los principales candidatos presidenciales para las elecciones del domingo en Chile, Gabriel Boric y José Antonio Kast, presentan ideas antagónicas de gobierno. Boric promete un modelo de desarrollo de país distinto; Kast, en cambio, quiere restituir el “orden y la seguridad“.

En el cierre de su campaña, en la pequeña localidad de Casablanca, cerca de la capital Santiago, Boric, candidato de la izquierda, aseguró que “es tremendamente importante que cambiemos para avanzar en las transformaciones por las que estamos peleando; construir un Estado que garantice derechos, que garantice dignidad e igualdad es la única manera de tener estabilidad, porque no puede crecer un país que está fracturado socialmente“.

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Por su parte, en un parque del barrio de Las Condes, uno de los acomodados de Santiago, el ultraderechista Kast realizó su último evento de campaña. “Se enfrentan dos modelos de sociedad. El que representamos nosotros, de libertad y justicia, y el del Partido Comunista y Gabriel Boric, un país que no queremos y que tendría un pasaje seguro al caos, al hambre y a la violencia“, alegó Kast.

Medioambiente y progresismo

Con 35 años, la edad mínima para postular a la presidencia de Chile, Boric representa al pacto Apruebo Dignidad, una coalición que reúne al Frente Amplio y al Partido Comunista.

Boric habló ante unos 500 simpatizantes reunidos en la plaza de la localidad de Casablanca, a unos 80 kilómetros de Santiago, en medio de una campaña muy poco masiva de todos los candidatos, entre la apatía y las restricciones impuestas por la pandemia.

Tenemos que crecer de una manera distinta. Tenemos que crecer no destruyendo nuestra tierra. No más a un modelo de desarrollo extractivista, que reviente la naturaleza que vivimos. No tenemos un planeta B“, agregó.

Gabriel Boric. Foto: Martín Bernetti / AFP
Gabriel Boric. Foto: Martín Bernetti / AFP

Su mayor reproche a la democracia en la que se crió es que continuó un modelo económico instaurado en dictadura que hizo de Chile un país individualista, con una clase media y baja endeudada para pagar educación, salud y pensiones privadas.

Buena parte de sus seguidores y detractores lo han visto crecer como dirigente político desde 2011, cuando lideró protestas estudiantiles por una enseñanza gratuita, en uno de los países con la educación más cara del mundo.

Nuestra generación irrumpe en política en 2011 despercudiéndose un poco de los miedos que había generado la dictadura y los pactos de la transición“, dijo refiriéndose al régimen militar de Augusto Pinochet y a la Concertación, la coalición centroizquierdista que desde 1990 gobernó buen tramo de los 31 años de democracia, y hoy yace desintegrada, desprestigiada como reflejo de la gran crisis de confianza institucional.

En ese escenario, Boric es el político con mejores posibilidades para vencer o pasar a la segunda vuelta tras la elección presidencial del domingo en Chile, según encuestas que desde 2019 han desacertado en casi todos sus pronósticos.

¿Qué le reprochan a Boric?

Los detractores de Boric reprochan su inexperiencia, su alianza con el PC, su falta de título universitario pese a haber terminado la Escuela de Derecho y también sus cambios de posturas.

Sus rivales por la presidencia rescataron tuits de Boric saludando a Nicolás Maduro como nuevo mandatario en Venezuela tras la muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013. Pero en la campaña, el candidato ha condenado ese régimen y rechazado el saludo de un líder comunista por la reciente victoria de Daniel Ortega en Nicaragua.

En nuestro gobierno el compromiso con la democracia y los derechos humanos será total, sin respaldos de ningún tipo a dictaduras y autocracias, moleste a quien moleste. Nicaragua necesita democracia“, escribió en sus redes sociales el 12 de noviembre.

Kast: libertad y justicia

Rodeado de cientos de seguidores con numerosas banderas de Chile, acompañadas de algunas de Venezuela y Cuba, países para los que se pidió libertad, y al ritmo de cumbia y rap, Kast, candidato del Partido Republicano, aseguró que votar por él es votar por erradicar “el miedo” a la delincuencia y la violencia.

Estamos dispuestos a dar la vida si fuese necesario, dar la vida por nuestro Chile querido. Dios y la patria es lo que nos inspira“, señaló el ultraconservador, quien es favorito junto a Boric en las cuestionadas encuestas.

José Antonio Kast. Foto: Martín Bernetti / AFP
José Antonio Kast. Foto: Martín Bernetti / AFP

¿Dicen que soy extremo, pero extremo en qué?”, dice Kast, admirador de la dictadura de Augusto Pinochet y en sintonía con líderes como Jair Bolsonaro, Donald Trump y el partido Vox español. “No me traten de ultraderecha, porque no lo soy“, le rebatió a un periodista extranjero que lo conminó a definirse entre las posiciones clásicas de izquierda y de derecha.

Espero que me califiquen como un candidato del sentido común”, agregó Kast, de 55 años, en un tenso encuentro con corresponsales de medios extranjeros una semana antes de las elecciones presidenciales de este domingo.

Las encuestas divulgadas hasta 15 días antes –por ley– lo daban por favorito. Le asignan alrededor de un 20 por ciento de los votos, para disputar una segunda vuelta frente a Boric. Pero desde 2019, cuando los chilenos han sido convocados a varias consultas populares, los sondeos han tenido sonados desaciertos.

Nostálgico de Pinochet

Kast, casado y con nueve hijos, es un activo miembro del movimiento católico conservador Schoenstatt. Hijo de inmigrantes alemanes que llegaron a Chile en 1951, su padre se alistó en el ejército durante el régimen nazi alemán, aunque el candidato ha dicho que fue por “obligación“.

En Chile, su familia se instaló en la localidad de Paine, en las afueras de Santiago, donde hicieron fortuna con una fábrica de embutidos tradicionales alemanes y Bavaria, una cadena de restaurantes de la que se desvinculó hace pocos años. Agrupaciones de derechos humanos denuncian que miembros de su familia colaboraron en la detención de opositores en la localidad de Paine durante la dictadura de Augusto Pinochet.

En la recta final de la campaña, su pinochetismo asumido sin complejos volvió a ponerlo en aprietos en una sociedad chilena más sensible sobre este periodo oscuro de su historia. Una parte de la población, hoy minoritaria, aún recuerda con nostalgia “el orden” y el impulso económico que atribuyen al general que gobernó con mano de hierro durante 17 años.

Las peligrosas propuestas de Kast

Desde su punto de vista, la Constitución que en 1980 se promulgó durante el régimen de Pinochet “contenía toda la transición a la democracia” y el gobierno militar entregó el poder tras un plebiscito. “Díganme ustedes ¿qué dictadura ha hecho eso?“. La frase reinstaló la principal crítica que pesa sobre sus hombros. Su defensa de la dictadura chilena, sobre todo por sus logros económicos, pese a las graves violaciones a los derechos humanos.

Kast piensa que tiene algo distinto a la derecha chilena más tradicional: “La tendencia de los populismos de derecha internacionales; Kast se alimenta de Bolsonaro, de Trump, sale bailando en Tiktok, hace cosas ridículas que sus antecesores no habrían hecho para apelar a un segmento popular que quiere orden“.

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En su programa de gobierno, propone la disminución del gasto público, una reducción tributaria y eliminar varios ministerios, entre ellos el de la Mujer. Es el único de los siete candidatos que propone mantener el sistema de pensiones privados instaurado en la dictadura, muy criticado en la opinión pública.

Plantea la intervención de las Fuerzas Armadas en la región de La Araucanía, en el sur de Chile, agobiada por el conflicto con indígenas mapuches y subir las penas de cárcel para los delitos comunes.

En una de las partes más polémicas, propone dentro de un estado de excepción la detención en casas o lugares distintos a las cárceles de opositores y la clausura del Instituto Nacional de Derechos Humanos, además de la construcción de una zanja para evitar la entrada de inmigrantes irregulares.

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