En las presidenciales de Perú también se juega la suerte de la política latinoamericana

La crisis social y política se ha apoderado de toda América Latina. Justo antes de que comenzara la pandemia, los estallidos sociales en Chile, Colombia, Ecuador o Bolivia daban cuenta de un alarmante descontento en la región. La clase política tradicional se ha visto arrinconada como no había pasado en mucho tiempo. Y mientras la pandemia cede, las manifestaciones regresan poco a poco, y con ellas un cambio en el timón de muchos gobiernos de la región.

La tendencia es evidente, y se ha materializado en la seguidilla de elecciones presidenciales en América Latina. En Argentina, Bolivia y México ganaron candidatos de izquierda que, más allá de su gestión, lograron recoger el descontento social. Brasil, con el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva, parece dirigirse a un destino parecido, en rechazo a la gestión del derechista Jair Bolsonaro. El actual mandatario brasileño ha sido un buen ejemplo de los motivos que han generado rechazo entre los grupos sociales, como sus posturas ultraconservadoras, su rechazo a las minorías, la corrupción en la clase política y el autoritarismo.

Por eso fue sorpresiva la victoria de Guillermo Lasso en Ecuador, batiendo a Andrés Arauz, delfín de Rafael Correa. La gestión de Lenín Moreno, patrocinado en campaña por Correa pero con quien tuvo serias disputas, parece haber erosionado la credibilidad de la izquierda en Ecuador. El voto por Lasso fue a contracorriente de lo que parecía ser una ola izquierdista ante la clase social tradicional.

En Colombia, las elecciones están destinadas a debatirse en medio de la polarización en la región, y también lo hacen con una figura de izquierda que, según las encuestas, ha recogido un apoyo del estallido social superior al de cualquier candidato centrista o de derecha que pueda entrar en la contienda.

Ahora, este 6 de junio, Perú definirá profundamente el camino que tomará América Latina en los próximos años. Pero lo hará en medio de una crisis política aguda, que ha llevado al país vecino a tener cinco presidentes en los últimos cuatro años.

Perú, en medio de la incertidumbre

A esa inestabilidad respondió la participación de 18 candidatos en la primera vuelta presidencial del 11 de abril. Las encuestas otorgaban un empate técnico a media docena de candidatos, y de unos comicios tan apretados y con candidatos impopulares terminaron resultando ganadores los dos extremos del espectro.

El neoliberalismo de Keiko Fujimori o el socialismo de Pedro Castillo: los peruanos elegirán entre dos propuestas económicas, sociales e ideológicas antagónicas en las elecciones presidenciales de este domingo.

Keiko Fujimori sostiene una piedra que, según ella, le arrojaron seguidores de Pedro Castillo. 30 de mayo de 2021. AFP

Maestro de escuela rural, Castillo promueve un activo papel del Estado en la economía, mientras la hija del encarcelado expresidente Alberto Fujimori aboga por mantener el actual modelo liberal.

Las promesas de ambos candidatos implican un aumento del gasto público en un país elogiado por el equilibrio de sus cuentas nacionales, pero al que se le reprocha la falta de inversión social.

Castillo promueve una Asamblea Constituyente que redacte una renovada Carta Magna en la que se consagre el nuevo rol del Estado en la economía, pero advierte que no busca eliminar la empresa privada ni la inversión extranjera.

Pedro Castillo, en su cierre de campaña. AFP

Promete que “el Estado fortalecerá su papel regulador dentro de un enfoque de economía mixta”, y que se “regulará más activamente a los monopolios y oligopolios“.

En la otra cara de la moneda se encuentra Fujimori, quien defiende la actual Carta Magna (promulgada por su padre en 1993), que garantiza el libre mercado y que, según ella, “rescató al país de la pobreza y el caos generado por el modelo estatista y rentista” heredado del primer mandato de Alan García.

Renegociar contratos o reducir impuestos

Castillo moderó su discurso tras la primera vuelta electoral, pero dice que las “riquezas mineras e hidrocarburos deben nacionalizarse, con nuevas reglas de impuestos y regalías que son muy necesarias“.

También sostiene que el sector estratégico de telecomunicaciones debe estar en manos del Estado. Actualmente, lo controlan varios operadores extranjeros. Con una enorme producción de cobre, oro, plata, plomo y zinc, la minería es el motor de la economía peruana, responsable del 10 por ciento del PIB y de una quinta parte de los tributos pagados por empresas.

Castillo afirma que con los actuales precios del cobre de casi 10.000 dólares por tonelada “las trasnacionales mineras están obteniendo sobreganancias” y parte de estas deberían pasar al erario nacional. Por ello, propone “un nuevo impuesto a las sobreganancias, eliminación de exoneraciones tributarias, regalías en función de las ventas y renegociación de contratos con estabilidad tributaria“.

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También asevera que se requiere inversión pública para reactivar la economía y promete obras de infraestructura, compras públicas a Pymes y frenar “importaciones que afectan a la industria nacional y al campesinado“.

En contraste, Fujimori quiere mantener el modelo en la minería, aunque promete “explotar los recursos naturales con responsabilidad“, respetando normas ambientales. Para reactivar la economía, muy golpeada por la pandemia, promete eximir de ciertos tributos a empresas y microempresas, bajar el impuesto a los combustibles y eliminar por tres años los tributos al sector turismo.

La candidata destaca su “firme creencia en la actividad privada como motor de la economía peruana y gran generador de fuentes de trabajo” y promete crear tres millones de empleos, establecer fondos de fomento para la agricultura, elevar el salario mínimo y duplicar el monto de las pensiones más bajas.

Como las de Castillo, estas promesas implican un incremento del gasto público, un tabú para los neoliberalistas.

Citando a economistas independientes, el diario El Comercio, decano de la prensa peruana, dijo que Fujimori “debe explicar cómo manejará el aumento del gasto con sus planes para mantener la confianza de los mercados“.

Disputa ideológica

En todo caso, las elecciones, en las que muchos peruanos se sienten insatisfechos por los dos extremos entre los que deben escoger, son sobre todo una disputa entre dos maneras de ver el turbulento proyecto latinoamericano.

El estallido social de Chile en 2019, que hasta ahora se ha mostrado productivo con la conformación de una nueva Carta Magna, motivó a los proyectos que consideran que la región está preparada para emprender nuevos proyectos políticos alejados de la clase política tradicional. Sebastián Piñera, que representa esa clase política señalada, terminará su mandato, pero ha tenido que ceder ante el descontento social y responder al llamado de cambio.

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Además, una victoria de Keiko Fujimori supondría indultar a Alberto Fujimori de su condena por masacres y corrupción durante su presidencia. En definitiva, sería conceder al autoritarismo un voto de confianza por encima de una hipotética crisis económica de la mano de un modelo inspirado en el socialismo.

Pero cambios tan agresivos como los propuestos por Castillo no son bien vistos por los economistas. Si bien gobiernos como el de López Obrador en México han demostrado que las políticas de izquierda no tienen que ser necesariamente una mala noticia para los mercados, el temor de los inversionistas es que una nueva crisis social termine por desestabilizar económicamente estos proyectos. Citan los casos de Cuba y, sobre todo, Venezuela, del que Castillo se ha intentado desprender en los últimos meses.

La lucha contra la violencia interna también entra en esta discusión. Hace una par de semanas, un ataque atribuido a remanentes de la guerrilla Sendero Luminoso en la selva peruana dejó 18 muertos. Castillo hizo parte de las rondas campesinas, las patrullas comunitarias que impedían los robos de ganado y que,en los duros años del conflicto armado interno (en las décadas de los 80 y 90), también se dedicaron a repeler las incursiones de Sendero Luminoso. Sin embargo, los fujimoristas insisten en que una victoria de Castillo abriría el camino a que las guerrillas puedan apoderarse de las zonas rurales de Perú.

En todo caso, las elecciones en Perú son tan trascendentales como fieles a la realidad latinoamericana. Se producen en medio de una crisis de las instituciones públicas, con una pandemia que no da tregua en la región (la más afectada del planeta) y en medio de un clima polarizado y de descontento del que la izquierda ha salido beneficiada. Está por verse si la tendencia se mantiene en los comicios del domingo.

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