La interminable crisis humanitaria de la comunidad Embera en Bogotá

La situación de los Embera no da para más largas. Los que se encuentran en el Parque Nacional serían trasladados al parque La Florida, donde viven hacinados 1059 indígenas. El retorno de algunos a su territorio se empezaría a tramitar en unos días. ¿Cuándo terminará esta sin salida?

En marzo de este año, por lo menos unas 50 familias pertenecientes a la comunidad Embera llegaron a Bogotá desplazadas por la violencia de los departamentos de Chocó y Risaralda. 

No es una historia nueva. Las crisis humanitarias y sociales que viven en sus territorios han obligado a los Embera, durante ya varios años, a desplazarse a otras zonas del país. Cada tantos meses, un nuevo grupo de la comunidad arriba a Bogotá. Así lo exhiben los datos. De acuerdo con la Unidad de Víctimas, entre 1985 y 2020, la ciudad recibió 21.072 indígenas víctimas de desplazamiento forzado. 

En estas últimas semanas, sin embargo, la situación se ha venido agravando, puesto que las comunidades siguen sin tener un acceso a una vivienda digna, lo que las ha llevado a acampar en las calles de la ciudad.

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El Parque Nacional, ubicado en la localidad de Teusaquillo, ha sido un punto álgido en la problemática, luego de que unos 400 miembros de la comunidad instalaran allí un campamento tras ser desalojados de la vivienda en la que permanecían en Ciudad Bolívar y ante el anuncio de la terminación de las ayudas financieras que estaban recibiendo por parte del Distrito y el Gobierno. 

Desde entonces, la administración distrital ha intentado recuperar la zona. Sin embargo, se ha encontrado con negativas por parte de la comunidad. La resistencia de los indígenas y la insistencia de las autoridades ha generado enfrentamientos que agudizan el caos ante la ausencia de soluciones definitivas. 

El Distrito y la Unidad para las Víctimas planean trasladar a las personas que hoy acampan en el Parque Nacional al parque La Florida, para luego comenzar con el proceso de retorno a sus territorios. A los integrantes de la comunidad no les parece una buena opción, puesto que, según han explicado, sus pequeños se enfrentarían al hacinamiento, ya que allí habitan unos 1.059 indígenas. 

El desalojo inminente

Este jueves se adelantó una audiencia para la recuperación del espacio público en el parque nacional. En el encuentro, al que no asistieron los líderes indígenas, la policía aprobó el desalojo de las comunidades que allí permanecen. 

En la reunión se concluyó que la restitución del espacio público no se hará de manera inmediata, pues previamente la Unidad de Víctimas hará una caracterización de las necesidades del pueblo indígena. 

De igual manera, se espera que el Distrito se comprometa a emplear la mínima fuerza en el desalojo y a garantizar que el albergue transitorio cuente con las condiciones necesarias.

Esto quiere decir que si todo se ejecuta de acuerdo a lo previsto por las autoridades, los indígenas vivirían en un albergue transitorio en el parque La Florida. Una solución frívola, si se tiene en cuenta que las condiciones de este último, aunque mejores, siguen siendo limitadas e insuficientes para garantizarles una vida digna a los indígenas. 

Los encontronazos 

El problema no solo tiene relación con las acciones para solucionar las precarias condiciones en las que están viviendo los indígenas, sino que también se ha extendido a las narrativas que desde el mismo Distrito se han emitido y que han generado molestia en los embera y sectores de la sociedad. 

Hace unos días, por ejemplo, el secretario de Gobierno aseguró que los miembros de la comunidad estaban usando indebidamente las ayudas que se les tramitaban. 

“Hay líderes que se están tomando la plata de los bebés, de los niños y que los tengan expuestos hoy en el parque nacional al sol y al agua a la intemperie, porque se han dedicado a tomar trago en vez de estar cuidando a los menores”, dijo Gómez.

José Qeracana, mayor de la comunidad embera, por su parte, aseguró que las personas del video no tenían nada que ver con los indígenas. “No quieren reconocer que somos humanos, por ese motivo buscan hacer daño y deslegitimar nuestra lucha”, dijo a El Tiempo. 

Las discusiones se han trasladado además al campo político. Este fue el caso del desacuerdo entre el secretario de Gobierno y el concejal Luis Carlos Leal. Luego de que Gómez colocara una serie de fotografías en su cuenta de Twitter que daban cuenta “de las condiciones del albergue transitorio en el parque La Florida”, Leal, del Partido Verde, aseguró que las imágenes compartidas por el funcionario eran solo una “expectativa”, puesto que la comunidad que allí vive, lo hace en condiciones de “hacinamiento y desabastecimiento de agua”.

La concejal de la Colombia Humana, Heidy Sánchez, también manifestó su desacuerdo con la manera en la que se ha tratado a la población indígena, una “comunidad que es víctima y que además ha sido revictimizada”. En este sentido, calificó de “gravísimo” el desalojo autorizado de la comunidad en el parque nacional y pidió a la “administración distrital y a la nación entablar una mesa de diálogo”. 

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El retorno, otra dificultad para los Embera

Si bien el Distrito ha centrado sus esfuerzos en el traslado de la población al parque La Florida, el propósito es que los indígenas estén en el albergue por un corto periodo de tiempo mientras se tramita su retorno a los territorios.

La Unidad de Víctimas se ha pronunciado al respecto y ha manifestado que se espera que en noviembre algunos de los miembros indígenas puedan regresar.

“Ya hemos adelantado acercamientos y comités de justicia transicional con los municipios receptores. Ya en el Eje Cafetero hemos adelantado los comités de justicia transicional, en Bagadó (Chocó) estamos próximos a un comité de justicia transicional con el fin de definir ese plan de retorno, cómo va a ser, cuáles son las características y cuáles son esos compromisos claros para cumplir con los principios de dignidad, voluntariedad y seguridad para garantizar estos retornos”, dijo Ramón Alberto Rodríguez, director de la entidad. 

Esta movilización, sin embargo, suele tardar más de lo que inicialmente se considera. En 2018, por ejemplo, se tramitó el retorno al municipio de Bagadó (Chocó) de 600 emberas. En ese entonces, Miguel Sintúa, un líder embera, contó a Semana Rural que las autoridades competentes les habían incumplido el retorno al resguardo. “Nos retrasaron el regreso. Nos cansamos y por eso dormimos en el parque”, dijo. 

Las demoras en el proceso tuvieron relación con condiciones climáticas y con el hecho de que se tuvieron que repetir las valoraciones médicas a los indígenas, según expuso Juan Carlos Uribe, entonces miembro del equipo de reparación de la Alta Consejería. 

A esto se le suma que, una vez en los territorios, los indígenas podrían volver a experimentar las condiciones que los obligaron a marcharse, pues el conflicto entre diferentes grupos armados ilegales sigue latente en esas regiones. Mientras esto no cambie, esta crisis humanitaria continuará.

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2 Comentarios

  1. Ellos están hullendo de la violencia de los grupos armados que los sacaron de sus resguardos
    Si es una crisis humanitaria tenaz

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