Emmanuel Carrère: el hombre que escribe sin tapujos sobre su vida, los secretos de su familia y sus miserias

El autor francés, reciente ganador del premio Princesa de Asturias de las Letras, es uno de los escritores más influyentes del siglo XXI. Con sus obras ha explorado la no ficción y ha mostrado sin restricciones su propia vida.

La carrera del escritor francés Emmanuel Carrère, quien fue anunciado hoy como el premio Princesa de Asturias de las Letras 2021, se puede dividir entre el antes y el después de El adversario (2000), su libro más famoso. 

Antes se había dedicado a hacer crítica de cine, periodismo y libros con un formato un poco más clásico de ficción y un tono existencialista, como El bigote (1986), en el que el protagonista se afeita el bigote y entra en una crisis de identidad cuando nadie a su alrededor nota el cambio. 

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Pero con El adversario todo cambió. Influenciado por su vena periodística y su gusto por los reportajes, Carrère decidió contar la historia real y truculenta de Jean-Claude Romand, un mitómano que se hizo pasar durante casi 20 años por un médico, miembro de la OMS, mientras le sacaba plata a su propia familia. 

Y quien al final, acorralado por las mentiras, decidió matarlos (a su esposa, sus hijos y sus padres) con un rodillo de amasar y un rifle de alto calibre antes de que descubrieran la verdad.

Ese libro, que en Colombia se puede encontrar bajo el sello Anagrama (como todos los suyos) no solo supuso su primer gran éxito literario, sino la puerta a un estilo que lo haría conocido en todo el mundo: a través de historias reales, mostrar a personajes que viven al límite, que tienen crisis de identidad o existenciales y que buscan la redención. 

Acorralado por las mentiras, Romand decidió matar a su familia con un rodillo de amasar y un rifle de alto calibre antes de que descubrieran la verdad.

En ese ejercicio muchas veces ha llegado a usar su propia vida y la de sus allegados como fuente literaria, algo que le ha traído no pocos problemas. 

Esa mezcla entre géneros (reportaje periodístico, biografía y novela) lo ha convertido, según los jurados del premio Princesa de Asturias de las Letras, en un autor que “dibuja un retrato  incisivo de la sociedad actual y ha ejercido una notable influencia en la literatura de nuestro tiempo”

Y en alguien que “ha construído una obra personalísima generadora de un nuevo espacio de expresión que borra las fronteras entre la realidad y la ficción”. 

Su vida como libro

Antes de dedicarse a mostrar la realidad (su realidad) al mundo, Carrère fue apasionado por la historia gracias a su mamá: Hélène Carrère d’Encausse, una historiadora, reconocida en su país por ser una especialista en la Rusia soviética, y en la Guerra Fría. 

También a los ensayos. Escribió uno sobre su autor favorito de relatos fantásticos: Philip K. Dick. 

Y por último al cine. No solo como crítico literario, sino como documentalista. De hecho, fue gracias al cine que llegó al periodismo, ya que debido a a su trabajo crítico en la revista Positif, pudo dar el salto para escribir las crónicas y reportajes que moldearon su estilo. 

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Una vez publicado El adversario, Carrère se dio cuenta de que su vida podía ser una fuente importante de literatura, y comenzó a escribir una especie de autobiografías.

La primera fue Una novela rusa, en la que expone al público un año completo de su vida. Lo hace sin importar que así le abre a mundo sus secretos sexuales, la vida íntima con su primera esposa y un secreto familiar que su madre habría preferido no revelar

De vidas ajenas es una especie de continuación: habla de cómo logró encontrar la estabilidad emocional y sexual gracias a su nueva esposa (Hélène Devynck). 

Carrère se dio cuenta de que su vida podía ser una fuente importante de literatura, y comenzó a escribir una especie de autobiografías.

Por esa época no abandonó la no ficción sobre otros personajes y escribió Limónov, en el que cuenta la historia novelada del escritor y disidente soviético Eduard Limónov. Además dirigió documentales como El adversario (basado en su famoso libro), Regreso al Kotelnich y El muelle de Ouistreham.

Incluso llevó al cine su novela El bigote, sin mucho éxito. 

Cansado de la autobiografía

Pero era en su propia vida donde seguía estando su mayor fuente literaria. Sus últimas novelas lo demuestran: en El reino cuenta en detalle su conversión al catolicismo y la mezcla con la historia de Pablo de Tarso, el evangelista Lucas y los primeros cristianos. 

Y en Yoga, publicada el año pasado, narra su depresión y la historia de su divorcio con Devynck, la mujer que lo había rescatado de los infiernos. De hecho, con una acción legal ella lo obligó a sacar de ese libro algunas partes de su historia y, una vez publicado, se quejó porque algunos episodios se filtraron en artículos que aparecieron en la prensa. 

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La experiencia dejó tan extenuado a Carrère, que le dijo al diario El País, de Madrid, que estaba cansado de las autobiografías y que se iba a dedicar a escribir otras cosas. 

Habrá que ver si lo cumple, porque lo que su carrera ha demostrado es que su éxito literario está ligado a eso: a cómo lleva hasta el límite la relación entre la realidad y la ficción. 

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