“En Colombia nunca ha habido un comunismo que amenace el poder de las clases dominantes”

En su nuevo libro, ‘Colombia en la mira. Peter Áldor y el anticomunismo gráfico’, el historiador César Augusto Ayala explica por qué una buena parte de los colombianos le temen al comunismo y promueven la idea de un Estado conservador y reaccionario.

Diario Criterio: ¿Por qué escribir un libro sobre un caricaturista extranjero tan poco conocido y no de otros colombianos destacados en la mitad del siglo XX?

César Augusto Ayala: La caricatura en Colombia ha sido estudiada, pero hacen falta trabajos que digan cuál fue el papel que desempeñó la caricatura en los procesos históricos del país. El húngaro Peter Áldor es un personaje desconocido y extraño para los colombianos. Llegó al país en 1949 a cubrir los temas internacionales, primero, en la revista Semana y, luego, en El Tiempo en donde estuvo hasta 1976, cuando falleció. De pronto, los investigadores que pasaban por las páginas de El Tiempo habían visto sus dibujos y su nombre, pero nadie se le había medido a analizar su papel en la historia política de nuestra historia.

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Diario Criterio: ¿Y qué es lo interesante desde el punto de vista histórico y político?

C.A.A.: Lo que me interesó de Áldor es que, través de sus trazos, se puede entender y explicar a una parte importante de la sociedad colombiana que concibe y quiere imponer su mirada conservadora y reaccionaria de la sociedad y del Estado. Es un grupo antidemocrático, antipopular y anticomunista que ha sido educado, durante varias generaciones. El resultado, es la imposición de un Estado muy represivo y policial.

Diario Criterio: ¿Pero eso qué tiene que ver con Áldor y su caricatura?

C.A.A.: Desde la Regeneración se empezaron a materializar estas ideas, con momentos célebres como la Ley Heroica en los años 20, y noviembre de 1949 (donde surge un Estado totalitario con la implementación de la censura). Ese año coincide con el advenimiento de Áldor al país. Él llegó acá en la resaca del Bogotazo, a finales de 1948 y desde 1949 cumplió el papel de difundir el anticomunismo, algo que no era difícil para él porque venía de una tradición antifascista, primero, y antisoviética, después. Ahora bien, quien mira su obra, sin duda entiende también que Peter Áldor era un gran dibujante, muy hábil, versado en los motivos de la pintura universal, capacitado en la retórica de la imagen y un hombre muy culto. Su caricatura es densa. La composición de un cuadro requiere mucho trabajo e ingenio, no es una caricatura simple.

Colombia en la mira. Peter Áldor y el anticomunismo gráfico.
Colombia en la mira. Peter Áldor y el anticomunismo gráfico.

Diario Criterio: ¿Acaso no había caricaturistas colombianos para cubrir la sección internacional ni para hacer esa especie de propaganda anticomunista?

C.A.A.: Claro que había y muy buenos. Estaba Jorge Franklin, a quien Áldor reemplazo porque se fue para Estados Unidos. También estaban Leonet Matiz Espinoza, Luis María Rincón, Guillermo Cabanzo, en fin, había un séquito de caricaturistas interesados en lo internacional, pero terminaron absorbidos por la cosa nacional, por la política y la línea editorial de los periódicos y revistas. Si usted ve ese periodo, había muy buenos caricaturistas divididos como lo estaba políticamente el país: caricaturistas liberales y conservadores.  

Diario Criterio: Acaba de nombrar varios caricaturistas que pocos saben de su existencia y una persona de a pie podría creer que la caricatura en Colombia es un fenómeno reciente. En ese sentido, ¿cómo era la caricatura colombiana en la época en la que llegó Peter Áldor?

C.A.A.: La caricatura venía con mucha fuerza desde La Regeneración. Era un arte muy combativo, poderoso, punzante, que le cortaron las alas en 1949 después del Bogotazo con la aparición de un Estado casi totalitario. La caricatura terminó ahogada y se volvió otra cosa, sonsa y giró al costumbrismo. Prácticamente, perdió su intensidad y el único que va a mantener ese espíritu es Áldor, porque en la censura conservadora todo se censuraba menos el anticomunismo. Si se quería ser caricaturista, había que ser anticomunista o dedicarse al costumbrismo.

Diario Criterio: Su libro muestra que en la prensa, la caricatura desempeñaba un papel central. ¿Por qué era tan importante?

C.A.A.: Primero, por el movimiento, porque tiene acción, mientras que la fotografía no tanto. Además, la caricatura es la condensación de un proceso noticioso. Un caricaturista te puede sintetizar en una imagen todo un conjunto de hechos, opiniones, debates, conflictos… La caricatura es movimiento, condensación y síntesis.

Por ejemplo, cuando una ve la fotografía de Roosevelt, Stalin y Churchill en Malta, uno advierte un momento congelado en el tiempo. Pero si a partir de esa imagen se hace una caricatura, la escena adquiere movimiento. El caricaturista puede jugar con la gordura y el tabaco de Churchill, con la elegancia de Roosevelt o con el bigote de Stalin. En la política, la caricatura funciona bastante bien como arma de combate. Un simple dibujo me puede decir muchas cosas que no me dice un texto, una fotografía u otra imagen

Diario Criterio: Qué quiere decir con que la caricatura es densa…

C.A.A.: La caricatura es un punto de llegada, nunca es un punto de partida, porque para entenderla hay que tener un contexto y un bagaje. La caricatura vuelca significados. Es decir, la fotografía parte de la idea de que quedó bien o mal y a partir de allí viene mi análisis, pero en la caricatura hay mucho más juegos de significados. Los ojos que el caricaturista quiso poner, asociar la monstruosidad al comunismo… Si yo escribo que el comunismo es un monstruo, no es lo mismo si dibujo al comunismo como un monstruo.

Diario Criterio: ¿Por qué es importante la caricatura en los procesos históricos de Colombia?

C.A.A.: Uno podría escribir la historia de Colombia solamente a través de la caricatura. La caricatura cierra un ciclo informativo y eso es importante para entender la Colombia de mediados del siglo XX, que culturalmente es hemerografía, pues los colombianos se comunicaban a través de periódicos, revistas, semanarios…

Ahora bien, en un país adscrito al bipartidismo, hay tantos periódicos liberales como conservadores. Los caricaturistas trabajaban en los órganos que también correspondían a su militancia política, generalmente. Y como el país está en guerra permanente, entonces el periódico se convirtió en un arma de combate poderosísima. El Siglo peleaba con El Tiempo y viceversa, y en esa confrontación, el caricaturista era importante en la construcción del enemigo. Ricardo Rendón, que era liberal, fabricó el enemigo conservador. Pepe Gómez, conservador, también lo hizo con la Revolución en Marcha de López Pumarejo, por ejemplo. Chapete construyó al Laureano Gómez que el Partido Liberal necesitaba como enemigo, y así sucesivamente, hasta que en el Frente Nacional se configuró una caricatura nueva, en la que coincide que el enemigo para ambos partidos es el comunismo, que convirtió en chivo expiatorio.

La Regeneración, Alfredo Greñas.
La Regeneración, Alfredo Greñas.

Diario Criterio: Entonces la caricatura es más importante de lo que uno creía en la política…

C.A.A.: Sí. La fuerza de la caricatura como arma política proviene de La Regeneración y eso se lo debemos a Alfredo Greñas. Luego pasamos a la época clásica con Rinaldo Scandroglio, Rendón y Pepe Gómez. Sin estos dos últimos no hubiéramos tenido el esplendor de la caricatura política. Rendón era un caricaturista de media o página entera en El Tiempo. Podía tumbar un gobierno. Y si nos vamos hacia el Frente Nacional, la caricatura ayudó a establecer ese régimen. Por ponerlo de alguna manera, la caricatura pone y quita gobiernos.

Diario Criterio: Pasemos al segundo tema del que trata su libro: el anticomunismo. ¿Por qué esa ideología es tan fuerte en Colombia?

C.A.A.: Preguntémosle a la Iglesia. Esta institución es una fábrica de ideología anticomunista. La tesis con la que trabajo en el libro es que, si bien en Colombia no hubo una revolución, sí hubo una contrarrevolución. El eco del comunismo, como el fantasma que recorre el mundo, llegó al país, primero, en la versión antijacobina, el miedo a las masas y el miedo a la reforma social. En ninguna parte de América Latina hemos visto tanto antijacobinismo como acá, particularmente, después de la caída del federalismo con La Regeneración.

Diario Criterio: Pero, ¿qué tiene que ver la regeneración con el anticomunismo de los 50, 60 y demás?

C.A.A.: Cuando los colombianos aprobaron el modelo regenerador como sistema social y político, admitieron la configuración de una sociedad católica, anticomunista y en la que la Iglesia iba a ser un importante coadyuvante de esa idea de nación. Fue la Iglesia la que profundizó la idea de que el liberalismo era pecado, al punto que Rafael Uribe Uribe, en 1912, tuvo que escribir un libro que explicaba por qué el liberalismo no era pecado para tener una legitimidad en el pueblo.

A los miembros de la Iglesia se les sumaron algunos laicos, que trabajaron juntos por desarrollar unas ideas y unas formas. Laureano Gómez, por ejemplo, era un teórico de la Iglesia. La década de 1930 fueron años de una producción anticomunista fecunda. En esa época se fortaleció la Universidad Javeriana, se fundó la Universidad Pontificia Bolivariana en Medellín. Es decir, se fue construyendo un país con un espíritu anticomunista, formado desde los púlpitos y salones de clase, desde primaria hasta la universidad.

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Diario Criterio: Un anticomunismo sin un comunismo fuerte…

C.A.A.: Exacto. En Colombia no ha habido un comunismo que ponga en peligro a las clases dominantes. Ni siquiera eso se registró cuando hubo un Partido Comunista sólido, ni siquiera en la década de los 40 y 50, cuando el comunismo tenía un aura positiva gracias al papel de la URSS en la derrota del nazismo. El Partido Comunista Colombiano (PCC) no representó nunca un peligro. Aquí, por ejemplo, el gobierno no tuvo que afrontar el peligro de una revolución comunista como la que tuvo que hacer frente Getulio Vargas en Brasil, en 1935. Aquí nunca hemos tenido una amenaza del comunismo, tanto que los conservadores tuvieron que vestir al liberalismo de comunismo para que fuera peligroso. Sin embargo, a la gente le asusta el comunismo. Desde muy temprano, en el siglo XX, a la gente le asusta que pueda venir un proyecto comunista, y ese es un milagro que se le debe a la Iglesia católica y a las clases dominantes.

Diario Criterio: Si el PCC nunca fue fuerte, ¿por qué hubo tanto anticomunismo?

C.A.A.: Yo creo es el resultado del talento que tuvieron las clases dominantes de producir una estrategia de dominación que les ha dado muy buenos resultados. ¡Y eso hay que reconocerles! Laureano sigue vivo. Él era un estratega político hábil, que fortaleció el anticomunismo. Inventó El Basilisco, que en pocas palabas pintaba al Partido Liberal como monstruo gigantesco, pero con una cabeza muy pequeña que era el comunismo. Esa imagen retórica, fabricada por él en los años 40, la trabajan muy bien los conservadores y la Iglesia. Colombia es un país de grandes pastorales anticomunistas. Monseñor Miguel Ángel Builes, por ejemplo, emitió una pastoral de cuaresma donde hablaba de que el liberalismo era pecado.

Los cuatro jinetes del apocalipsis.
Los cuatro jinetes del apocalipsis. Suplemento literario de El Tiempo. 1 de marzo de 1953.

Diario Criterio: Pareciera que el país no ha salido de esa lógica anticomunista propia de la Guerra Fría. Se escucha a Álvaro Uribe, a María Fernanda Cabal y a otros hablar de la amenaza comunista, ahora encarnada por el castro-chavismo

C.A.A.: Llevamos décadas metidos en la lucha contra un comunismo que existe más en el imaginario político. Ya hay una cabeza trabajada y una sociedad fabricada para esos efectos. El fascismo no ha desaparecido, ni el nazismo, ni el franquismo… sus estrategias son lecciones a las que acuden las élites para dominar, en unos países con más éxito que en otros. En los países en donde hubo intentos democratizadores que dieron resultados, como en México, no asusta tanto el comunismo. Dicho de otra manera, en países reformistas el anticomunismo no es tan fuerte, porque saben que las reformas no significan el acabose. Todo lo contrario a lo ocurrido en Colombia. Aquí no solo no tuvimos un comunismo fuerte, sino que tampoco tuvimos un periodo reformista.

Diario Criterio: ¿Ni siquiera la Republica Liberal?

C.A.A.: Ni siquiera. La República Liberal es una parodia, es un embeleco alegre. No fue un periodo reformador. Alfonso López Pumarejo decía que apenas habían logrado moverle una costilla a la Constitución de 1886. Este fue un periodo de reformas muy pálidas, inflado por los mismos comunistas, liberales e historiadores marxistas. La Revolución en Marcha fue un periodo muy débil en reformas sociales y la contrarreforma se hizo sobre un legado reformista muy pálido.

Diario Criterio: Una contrarreforma que está muy metida dentro de los colombianos…

C.A.A.: Sí. Aquí, por ejemplo, se acepta y no asusta la expropiación de la propiedad a la manera del paramilitarismo, pero cuando un dirigente político habla de expropiación vía Estado y legal, a todos les cunde el miedo. A los colombianos no les asusta que no haya unidad del territorio, que haya una fragmentación del territorio en donde no hay presencia del Estado y si de otros poderes armados, pero les asusta que un gobernante hable de integración territorial y mayor presencia del Estado.

Eso es algo paradójico y haría pensar, grosso modo, que aquí hay una especie de anticapitalismo. Los que proponen reformas capitalistas y democráticas hoy son asimilados como comunistas. Acá lo que hay detrás del miedo al comunismo es un miedo a un desarrollo capitalista del país al estilo que proponía Jorge Eliécer Gaitán.

Frente al comunismo, Peter Áldor plantea la salida del cristianismo

Diario Criterio: Para finalizar, ¿por qué las personas deberían leer su libro?

C.A.A.: ¡Qué bueno que todo el mundo leyera mi libro! Lo que intento mostrar es que el arte, por sofisticado y bueno que sea, también ayuda a fabricar un país reaccionario y antirreformista pero con sus contradicciones. Es decir, Áldor no solamente fue ese gran pintor anticomunista, sino un hombre de valores, ético, sincero, que tiene una propuesta válida. Frente al comunismo, él planteaba la salida del cristianismo. Colombia no es mala porque sea religiosa o porque sea católica, sino porque no ha sido buena cristiana. ¡Ojalá cumpliéramos la mitad de los diez mandamientos! Colombia es uno de los países más católicos de la orbe, pero ¡vaya catolicismo el de los colombianos!

6 Comentarios

  1. Ciro Eduardo Becerra Rodríguez

    Sin lugar a duda recomiendo el libro de César Augusto Ayala Diago.
    Otra mirada de la historia política, social de Colombia a través de la imagen, la caricatura.

  2. Muy interesante tema el del libro. Quedé con muchas ganas de leerlo ya. Profesor Ayala, gracias por este aporte literario.

  3. Qué buena entrevista; el escritor resume lo que ha sido nuestro país a nivel político en el siglo XX. Interesante de leer el libro.

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