Murió el creador del Festival Ancón: así fue el encuentro de sexo, drogas y rocanrol hace 50 años en Medellín

Entre el 18 y 20 de junio de 1971, se llevó a cabo en la conservadora y católica Medellín el Festival Ancón, icono del hipismo criollo y e hito de la historia del rock del país. Gonzalo Caro Maya ‘Carolo’, creador de esta idea, falleció este domingo, pero le alcanzó a contar a Diario Criterio cómo fue esa experiencia.

Este fue el artículo, originalmente publicado el 18 de junio de este año:

Un año turbulento

En 1971, la agitación social dominaba la vida cotidiana. Desde febrero, el movimiento estudiantil protagonizaba marchas y protestas a lo largo y ancho del territorio. Heridos, encarcelados y asesinados por las balas de la fuerza pública eran el resultado de las acciones de una juventud rebelde que pedía a gritos mejor educación, mayor financiación y libertad de pensamiento.

En ese mismo año, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc), con el lema “La tierra es pa’l que la trabaja”, promovió la invasión de haciendas en Sucre, Córdoba, Bolívar y en el interior del país. Y en febrero, los indígenas del Cauca, que llevaban décadas luchando por las tierras de sus antiguos resguardos en manos de la élite terrateniente, crearon el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric).

Frente a ese estallido social, la represión oficial actuó. En febrero de 1971, el entonces presidente Misael Pastrana Borrero volvió a implantar el estado de sitio. Se persiguió a todo lo que diera un pequeño atisbo de inconformidad con la excusa de perseguir a la insurgencia.

En una clara violación al debido proceso, los líderes estudiantiles, campesinos y obreros fueron juzgados de manera expedita en los consejos de guerra verbales, y algunos terratenientes recurrieron a matones privados, conocidos como ‘pájaros’, para asesinar a los líderes de la toma de tierras. Y las guerrillas (Farc, ELN, EPL) empezaban a extender sus acciones y aportar en esta espiral de violencia.

Los hippies criollos

En ese convulso panorama, los hippies criollos se hicieron a un espacio en vida cultural del país. Ellos eran jóvenes de élite que seguían al movimiento “peace and love” estadounidense. Escuchaban los pocos discos de rock que llegaban a estas tierras, que combinaban con salsa. Seguían al nadaísmo, fundado por Gonzalo Arango. Y por supuesto, fumaban marihuana y consumían gran variedad de drogas que había a su disposición.

Entre esos hippies se encontraba el antioqueño Gonzalo Caro Maya, quien en las playas de San Andrés y en medio de una “traba por ácidos” se imaginó un festival de rock. “Vi dibujado el festival en el cielo, los instrumentos aparecían en las nubes. Recuerdo que Gonzalo Arango me decía ‘se nos chifló la mascota‘”, cuenta Gonzalo, conocido en Medellín como Carolo, en una entrevista telefónica concedida a Diario Criterio.

Comienza así la historia del legendario Festival Ancón llevado a cabo entre el 18 y 20 de junio de 1971 en Medellín. Una historia que contada por Carolo adquiere un matiz místico, casi de ensueño.

El Festival Ancón

Unos desconocen esta historia y muchos de los que la saben afirman que es un hecho sobrevalorado. Pero más allá de mitificarlo, el Woodstock criollo mostró que la sociedad colombiana estaba cambiando. Basta señalar algunas curiosidades. El joven alcalde conservador Álvaro Villegas no solo autorizó el festival, sino que asistió a su inauguración. Hecho que semanas después le costaría el puesto.

Y mientras la fuerza pública les daba bolillo y plomo a los manifestantes, prestó su seguridad al evento. Carolo recuerda que cuando fue a solicitar la compañía de la policía para Ancón, el comandante le dijo: “Cómo le voy a prestar a mi gente si usted ya estado preso por revoltoso”. Carolo le respondió: “Mi coronel, esto es diferente. Vamos a cambiar las piedras por guitarras flautas y armónicas”.

Según nuestro protagonista de la historia, “la encanada” mencionada por el comandante se debía a que él en 1968 había participado en el movimiento estudiantil como miembro del Moir. Y en una de las tantas marchas que participó fue apresado.  

Manos a la obra

Cuenta el historiador Umberto Pérez que en la organización del evento participaron los hippies y empresarios bogotanos que ya tenían experiencia la organización de eventos del rock al aire libre. Luego de su viaje psicodélico en San Andrés, Carolo llegó a Bogotá en búsqueda de personas que le ayudaran a hacer realidad su sueño.

La suerte acompañó al paisa, que en el pasaje de la 60 se contactó con Gustavo Arenas para indagar sobre quién podría ayudarlo. Arenas lo presentó con Humberto Caballero, representante de Colinox Unidos, quien se prestó a echarle una mano para realizar el concierto de Medellín”, escribe Pérez en su libro ‘Bogotá, epicentro del rock colombiano entre 1957 y 1975’.

Por su parte, Carolo cuenta que el Festival Ancón se hizo realidad por apoyo de muchas personas en Medellín que confiaron a ciegas en él. “Hubo alguien muy especial, un argentino, don Leonardo. Me prestó 5.000 pesos y fue el fiador para otro préstamo de 10.000 pesos”.

Todavía no hay un consenso en la cifra de asistentes. Las versiones van desde los 20.000 hasta los 300.000. Carolo solo dice:

“En un principio imprimimos 10.000 boletas, pero al ver que llegaba tanta gente a Medellín decidimos imprimir 50.000. Recuerdo que recogíamos el dinero en bultos y que cuando llenaban, los llevaba y meta debajo de mi cama. Luego regresaba con pollo vino y otras cosas para los organizadores, ayudantes y músicos”.

Otras personas que hicieron parte del festival afirman que al principio cobraban 13 pesos con 20 centavos, pero ante el gran número de asistentes, su logística no dio para recolectar el dinero y al final el festival fue gratuito.

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En medio de marihuana, ácidos y otras drogas, los hippies del país vieron a Los Flippers, Hidra, La Banda del Marciano Columna de Fuego, Chucho Merchán, La Planta, Free Stone. También hubo mucho sexo. “En eso pastos se hizo mucho el amor. Quedaron benditas para hacer el amor. No miento, más del 50 por ciento de los moteles de Medellín están en esos terrenos donde se hizo Ancón”, comentó Carolo.

Las reacciones y el legado

Ante el desmadre, la sociedad conservadora y religiosa de Medellín reaccionó. Desde antes de comenzar el evento “los curas condenaron a pecado mortal a todo aquel que asistiera. A mí [a Carolo] supuestamente me excomulgaron. Pero a la larga esa fue la mejor propagando que tuvimos”. Los comunistas también rechazaron el festival, pero por razones diferentes. Para ellos, el Festival Ancón lo financiaba la CIA como parte de “una estrategia de infiltración imperialista para alienar a los jóvenes”.

Han pasado 50 años de ese festival y Carolo lo atesora como su logro más importante. “Hace medio siglo tuve mi mejor sueño motivado por los ácidos”, dice. Y trae al presente ese pasado:

“En esa época luchamos por la paz, eso fue Ancón. Ahora debemos seguir luchando por la paz. Este año por la situación no pudimos celebrar este aniversario, pero espero poderlo hacer el otro y que se vuelva a ser un símbolo de paz”.

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