En Colombia a ningún presidente se le niega un juicio o la cárcel. Parte I

Historia de los presidentes que han afrontado juicios políticos o judiciales, desde Antonio Nariño hasta Álvaro Uribe. Algunos han salido victoriosos y otros han cargado la deshonra de haber sido condenados. Primera parte: siglo XIX

Durante estos doscientos años, las intrigas, jugadas y conflictos surgidos por el control del Estado han dejado un rastro de procesos judiciales o políticos en los que han terminado involucrados importantes políticos, con justicia o no. Ni siquiera se salvaron los héroes de la patria, ni los presidentes que, en algunos casos, estuvieron a punto de perder la vida por cuenta de las acusaciones y escándalos que protagonizaron.

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Nariño sale invicto del Senado

Pasaron tan solo dos años de la fundación de Colombia, comúnmente llamada la Gran Colombia, cuando estalló el primer gran juicio en contra de uno de los padres de la independencia. Como si su vida no hubiera sido lo suficientemente desgraciada, desde que tradujo y publicó la Declaración de los Derechos Humanos, Antonio Nariño enfrentó un juicio en el recién instalado Senado en Bogotá, en 1823, azuzado por Francisco Santander y sus seguidores. Nariño pensaba que con el surgimiento de la nueva nación se podría dedicar tranquilamente a la política, a reconstruir su fortuna y cuidar de su salud.

Desde las páginas de El Patriota, los santanderistas, que no le perdonaban haber criticado algunos aspectos de la Constitución de Cúcuta, montaron una campaña en contra de Nariño. Acostumbrado a la polémica, él defendió su inocencia desde el periódico Los Toros de Fucha. Pero poco valió el esfuerzo. El 13 de mayo de 1823, el Senado lo acusó de malversación de fondos cuando encabezó la Tesorería de Diezmos, a finales del siglo XVIII, de traicionar a la patria por haberse entregado voluntariamente a los españoles en 1815, y de no tener el tiempo de residencia en Colombia para ejercer el cargo de senador. El proceso buscaba que él perdiera su investidura.

En un discurso que tituló “Defensa de Antonio Nariño ante el Senado de la República de Colombia”, el padre de la Independencia demostró su inocencia con tal elocuencia que, según cuentan los cronistas de la época, al final de su lectura el auditorio se paró, lo vitoreó y lo absolvió de los cargos. Nariño continuó siendo senador, pero por el agravamiento de la tuberculosis que padecía, al poco tiempo tuvo que pedir una licencia. Viajó a Villa de Leyva, donde murió el 13 de diciembre.

Santander se salva de la muerte

Irónicamente, ocho años después, Santander, el auspiciador de las vacusaciones en contra de Nariño, ocupó el banquillo de los acusados al ser señalado como el organizador de la Conspiración Septembrina, en la que un grupo de individuos entraron a los aposentos de Simón Bolívar para asesinarlo.

La historia es conocida. En la noche del 28 de septiembre de 1828, los encargados entraron al Palacio de San Carlos con el firme propósito de acabar a las malas la presidencia de Bolívar. Avisado por Manuelita Sanz, Bolívar saltó por una ventana y se escabulló en la oscuridad, mientras ella se enfrentaba a los conspiradores.

Bolívar, iracundo, desencadenó una persecución no solo contra los autores materiales, sino contra todo aquel del que se tuviera la más mínima sospecha de haber participado en la conspiración. Luego de una seguidilla de juicios, que muchos calificaron de dudosos e ilegítimos, 14 personas fueron fusiladas, entre ellos el general Padilla.

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Santander fue juzgado y condenado a muerte como responsable de la conspiración. El fallo del Consejo de ministros decía: “El general Francisco de Paula Santander ha sido condenado a la pena de muerte y confiscación de sus bienes, previa degradación de su empleo. La sentencia que lo condena es justa (…) Por cuanto resulta bien privado que ha tenido conocimiento de una conspiración bien medida, que la aprobaba. Que ha dado sus consejos y opiniones sobre ella”.

Sin embargo, quizás por la cercanía que Santander había tenido con Bolívar o temiendo las repercusiones que podría traer su fusilamiento, el Consejo de Ministros decidió conmutarle la pena de muerte por el exilio: “Pero como no está bien probado que tuviese igual parte en el suceso específico del 25 de septiembre (…) o porque no tuvo noticia de él, o porque no quiso presentarse a apoyarlo o a aprobarlo, el consejo opina que pudiéndose justificar por esta circunstancia el indulto de la pena ordinaria, o la conmutación de ella, conviene tener en consideración el tiempo que ha pasado desde el 25 de septiembre, suficiente para que se haya convertido en sentimiento de compasión el horror que produjo el crimen que se trató de cometer aquella noche”.

Disuelta la Gran Colombia, Santander fue presidente desde 1832 hasta 1837 y murió en 1840. Luego de su deceso, y durante el resto del siglo XIX, Colombia se mantuvo en una inestabilidad política caracterizada por una seguidilla de guerras civiles nacionales y regionales. En ese contexto, los juicios políticos y judiciales en contra de los grandes representantes de la elite política fueron la regla. La derrota del enemigo en la guerra significaba una condena, dada en juicios plagados de irregularidades y en los que primaban los odios y las rencillas por encima de la justicia. 

Un doble castigo

En la guerra civil de 1854, ocurrió una escena en la que las animadversiones entre conservadores y liberales, estos divididos a su vez entre gólgotas y draconianos, dejó como resultado un presidente legítimo juzgado y condenado dos veces, y a un presidente usurpador exiliado por perder la guerra.

La doble condena a José María Obando es la tragicomedia de un político encarcelado por negarse a asumir la dictadura ofrecida por los artesanos y los militares encabezados por José María Melo y que se habían levantado en contra de las medidas del Congreso dominado por los gólgotas. Obando fue juzgado y hallado responsable por ese levantamiento. En ese mismo proceso, Melo fue condenado a muerte luego de haber sido derrotado, pero su pena se conmutó con la del exilio, en donde murió cuando luchaba en las guerras civiles mexicanas.

Uno de los que promovió el juicio y las acusaciones en contra de Obando fue Tomás Cipriano de Mosquera. Al poco tiempo ambos se reconciliaron y volvieron a forjar una amistad que sirvió para que el expresidente condenado apoyara a Mosquera en su revolución en contra de Mariano Ospina Rodríguez en 1860. Un año después, y en un hecho usual en la historia del país, el veterano militar de las guerras de Independencia que había militado en el partido conservador dio una voltereta y termino líder del radicalismo liberal, asumió la presidencia y estableció el federalismo con los Estados Unidos de Colombia.

La desgracia del Mascachochas

Mosquera dominó la política de la década de 1860, pero su extremo autoritarismo, entre otras razones, ocasionó un levantamiento que culminó en su derrocamiento. A la medianoche del 22 de mayo de 1867, un batallón se dirigió al palacio de San Carlos y aprovechó el sueño del apodado Mascachochas para apresarlo. En la madrugada del 23 fue trasladado al Observatorio Astronómico.

En los próximos meses el juicio en su contra se llevó a cabo. El fiscal del caso lo acusó ante el Congreso de promover la dictadura y de otros delitos: “Mosquera, divorciado de todos los partidos, impulsado por móviles que el patriotismo sospecha y que al porvenir toca revelar, disuelve el Congreso llamándolo traidor, y levanta sobre los escombros las instituciones una dictadura oprobiosa”.

El 30 de septiembre, el veterano general, seguro de su condena dijo: “No me inquieta el fallo que la mayoría de vosotros va a proferir. No se me oculta que me será adverso… Cómplices el mayor número de vosotros del atentado criminal del 23 de mayo, y enemigos míos implacables, en vano sería esperar de vosotros rectitud e imparcialidad como jueces”.  El Senado lo declaró culpable por hechos irregulares cometidos en sus presidencias y condenado a la cárcel, Mascachochas pidió que esa pena se le conmutara por el exilio

3 Comentarios

  1. FERNANDO BARRAGÁN MURCIA

    Muy bueno e importante conocer nuestra historia, Siempre nos la enseñaron parcializada de acuerdo al “historiador” de turno, si liberal, conservador o socialista…
    Por eso siempre hemos vivido engañados y como no conocemos nuestro pasado histórico no tenemos claridad en ver el futuro de nuestra patria. Gracias