‘Encanto’: las no-naciones de Disney

‘Encanto’ alude de manera tangencial a Colombia. Pero su preocupación es menos el problema de la integración o desintegración de los países o las historias nacionales traumáticas. Son las familias. La película propone a la familia como centro de un nuevo orden recuperado, fruto de una amalgama exitosa de las diferencias. Familias diversas y sin nación, que consuman unidas.

El influyente ensayo Ficciones fundacionales: las novelas nacionales de América Latina, de Doris Sommer, analizó el lugar de las narrativas literarias en la conformación de los Estados latinoamericanos. Según la investigadora, que trabaja en Harvard, novelas como Doña Bárbara en Venezuela, Amalia en Argentina o María en Colombia, fueron también instrumentos ideológicos que ofrecían una síntesis o reconciliación de los elementos heterogéneos y los varios grupos sociales que querían hacerse un espacio dentro de las jóvenes naciones del siglo XIX. En estas narraciones se ofrecía un lugar a cada uno de esos grupos, siempre y cuando estos a su vez aceptaran participar de un proyecto común de nación.

María, la novela que se desarrolla en una casa del Cauca nombrada, no sin ironía, como El Paraíso, sería una ficción fundacional fallida. Si la unión de eros y romance en esas novelas fundacionales apuntaba a un futuro nacional de armonía y productividad, en María ese futuro se rompe pues la heroína es genéticamente inapropiada para casarse con Efraín, el héroe masculino y depositario del legado patriarcal. Como saben, la adolescente María es portadora de una diferencia que se manifiesta, desplazada, en la enfermedad incurable que la mata: su origen es judío. Ellos, pues Efraín y María son primos, son una diferencia que el mito nacional que Jorge Isaacs quiso imaginar (y donde los negros, pero no los indígenas, tenían un lugar reglamentado en las estancias y las distancias de El Paraíso) no puede asimilar. El judaísmo, según Sommer, es un “disturbio” racial en la joven nación y en el seno de la aristocracia hacendada de la novela, que no puede, debido a esa diferencia, aspirar a ser un modelo de cohesión aplicable al resto de la nación.

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Es un largo rodeo para llegar a Encanto, pero verán que no es una digresión descabellada. La narrativa de la película de Disney también tiene como centro de su narración a una casa y una adolescente. Y también expone, a la manera edulcorada de Disney, el problema de la diferencia. La armonía conseguida en esa casa, que en la película se llama magia, está a punto de romperse. La joven Mirabel, por un lado, no tiene los dones de los otros miembros de la casa, y Bruno, otro joven, parece decidido a dilapidarlos y aparentemente huye de ella. Una y otro amenazan con disolver el hogar desde adentro. La casa de Encanto está bajo amenaza y lo más llamativo es que los enemigos que la derrumbarían no están afuera sino en su interior. Exactamente como en María.

Cien años de soledad, la gran novela colombiana del siglo XX, planteaba otra ficción fundacional centrada en la casa. Una casa dentro de un pueblo, y el tiempo devastador, según el plan y los elementos con que García Márquez creó su arquitectura narrativa que avanza hacia un final ineludible: el fin de los Buendía. Ni en María ni en Cien años de soledad la casa protagonista tiene un porvenir, las fuerzas tanáticas arrastran a ambas familias hacia su disolución. Encanto llega, en el siglo XXI, con una narrativa que ya no podríamos llamar fundacional. Ante la casa derrumbada –¿imagen concentrada de la nación en ruinas?–, propone un nuevo mito de integración-desintegración (no) nacional.

En las ficciones fundacionales el problema por resolver era cómo darles representación a los grupos humanos y culturales muy diversos que coexistían conflictivamente en las naciones en ciernes. La casa Disney, hija del melting pot norteamericano, sabe muy bien amalgamar lo heterogéneo. En Encanto vemos un sancocho (o un ajiaco, que es lo que come la familia reunida) donde varias regiones colombianas con sus características culturales son aludidas. Esa mezcolanza sin identidad que ha molestado a tantos, me parece por el contrario muy indicativa de los modos de proceder de cualquier narrativa de reconciliación o síntesis. 

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La familia Madrigal vive en una casa y un pueblo donde el conflicto racial se resuelve con una cuota de corrección política gracias a la cual cada “raza” tiene su lugar dentro de un nuevo orden. Esta familia, lo sabremos, es producto de un desplazamiento violento. Puede molestar a muchos que la película sea tan imprecisa en nombrar causas históricas o actores específicos de esa violencia. Por el contrario, creo que de esa forma imprecisa entró “La Violencia” en la conciencia de muchos colombianos. Como una entidad mágica que al mismo tiempo nombraba y escondía lo nombrado.

Encanto, película de Disney
Encanto, la nueva película de Disney, cuenta la historia de la familia Madrigal.

Por otro lado, en Encanto Colombia es un marco apenas reconocible; o dicho de otro modo, el país está en los marcos exteriores de la película (como en la canción de Carlos Vives) más que en su corazón narrativo. Pero la película nunca se plantea el problema de lo nacional ni su propósito es corregir las narrativas nacionales para incluir en ellas los márgenes, como lo hacen por ejemplo, y con mucho ansiedad referencial, las películas de Ciro Guerra y Cristina Gallego. Son películas como Los viajes del viento, El abrazo de la serpiente o Pájaros de verano las que quisieron hablar en términos que conciliaran la magia y el realismo, las dos grandes vertientes que alimentan el arte colombiano, y presentarse como narrativas justas o reparadoras para los márgenes no incluidos en la nación imaginada del siglo XIX.

Como queda claro en todo momento, en Encanto predominan las narrativas de la magia –en peligro– y el conflicto central pasa por recuperar el encanto de la casa desencantada. Sí, la película acude a elementos de color local e incluso se permite traer a ese color local un conflicto armado, mostrado como una presencia genérica más cercana a una invasión de los jinetes del apocalipsis. A Disney no le preocupa el problema de las naciones y su integración o disolución. Le interesan las familias. Por eso, luego de retar el orden familiar, Bruno y Mirabel ayudan a reconstruirlo, cuando sus respectivas diferencias son aceptadas o ellos las sacrifican en pos de un bien común. 

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No es un orden familiar que sea espejo de un orden nacional. La de Encanto es una familia de cualquier parte, donde la pertenencia identitaria es apenas un distintivo folclórico, una divisa de circulación transnacional. El nuevo orden que propone Encanto, el reencantamiento de la casa familiar, tiene un corolario casi inevitable: familia que permanece unida, consume unida, cuando la productividad, verdadera patria actual, se restablece.

Ps. Y sí, muy virtuosa la animación y lástima lo que el doblaje hace con las canciones.

11 Comentarios

  1. Gracias por esta lúcida reseña. Tu análisis, Pedro Adrián, lo dice todo. Esta película y su mensaje tan completamente político en medio de una fachada “ linda y adorable” me produjo rabia y frustración. Vi esta película en Estados Unidos y la audiencia estaba compuesta de dos familias colombianas y yo. Al salir, oí al padre de una de las familias decirle a la madre: “Siquiera esta película nos muestra a los colombianos como lo que somos: gente de bien. Todos”.
    Ay, ayayay.

  2. La reseña es espectacular, su tinte político es impactante se reconoce inmediatamente nuestra realidad una nación no reconocida fruto del desplazamiento es triste pero también reconfortante el resaltar el valor de la familia.

  3. Muy aguda tu reseña, Pedro. Y concuerdo contigo en cuanto a que la familia Madrigal y sus “problemáticas” no son exclusivas de Colombia y eso es importante para, por fin, quitarnos esa idea de que somos únicos en el mundo. Y esto incluye a “nuestra” violencia: la que creemos que solo ocurre acá.

  4. Luis Fernando Gasca Bazurto

    Encanto es una fantasía inspirada cómo ven a Colombia, no es Colombia. Y entre esa fantasía variopinta y culturalmente multidiversa se resalta, además de la magia, la capacidad de sobreponerse a la adversidad.

  5. Profundo tu análisis, tan profundo que resulta innecesario. Encanto encarna la realidad de 8 millones de personas que han sido desplazadas, y que estabas esperando, ¿que Disney entrara a hablar de grupos en concreto?, es una película para niños. Que superficial resulta querer ser profundo frente al simbolismo de una cadena cinematográfica para niños. Ni el equipo de cine más berraco del mundo terminaría de recrear un entramado social tan complejo como el de Colombia.

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