Es mejor ser malo que bueno

La verdadera muerte es el olvido, no lo dudemos. Por eso, el ser humano se ha ocupado de escribir su nombre en piedra y los cementerios son aglomeraciones de mármol y otras piedras infinitas en las que los deudos labramos los nombres de aquellos que no queremos enterrar en el olvido. 

Coco, una bella película de Disney desarrolla brillantemente este concepto, y también expone la codicia por la trascendencia y la gloria, al señalar que hay personas que, realmente, se ocupan de trazar un puente al infinito asegurándose de que sus nombres, por una razón u otra, sigan siendo invocados. Eso es lo más cerca que el humano puede estar a la inmortalidad. 

Paradójicamente los caminos más efectivos para la eternidad no están en la moral y las buenas costumbres. Todo lo contrario. Las autopistas a la memoria infinita están trazadas, muchas de ellas, sobre el crimen, la maldad y la infamia.  De este fenómeno puedo dar fe como escritor dramático que, aconsejado por Hitchcock, me he ocupado de construir malos memorables, como Paulina, personaje malvado de Pura Sangre, interpretado por Katy Sáenz, que no se va de la memoria de los que vieron la novela, o aquel Francisco de Paula Acero de mano de Jorge Cao que encarnó al padre en La Mujer del Presidente.  Hitchcock decía que si uno tiene un “buen malo” tiene salvada la historia.  Lo corroboro.

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Si aceptamos por un momento la tesis de la inmortalidad como la presencia viva en la memoria humana,  entonces tenemos que reconocer el buen negocio que hizo Pablo Escobar, mucho mejor rankeado que un Rodrigo Lara Bonilla, por ejemplo. Es común ver camisetas con la imagen del criminal paisa, pero no he visto hasta ahora la primera T Shirt con la foto del verdadero héroe de esa historia macabra de los años de 90 en Colombia, RODRIGO LARA BONILLA. (Aclaro que los méritos del padre, en este caso, no se hacen extensivos a su homónimo que coincidencialmente es su hijo.)

Hizo una gran faena Hitler, que sobrepasa en recordación a miles de alemanes y europeos que aportaron a la vida, a la salud, a la compasión, y que no son siquiera nombrados por la cultura popular, en contraste con el reconocimiento masivo y permanente al asesino del pequeño bigote. 

Popeye, el sicario; Caín, el hermano de Abel; Jack, el Destripador; Francisco Franco, Álvaro Uribe Vélez, Augusto Pinochet, Francisco Somoza, Darth Vader, Voldemort, el Guasón. Nombres que tienen asegurada la memoria en la historia.

Y vamos a decirlo francamente, si el paso por la vida se tratara de alcanzar la eternidad, estos nombres ya hicieron lo suyo. Lo cual nos deja pensar que, como dice la sabiduría popular, “que hablen bien o mal, pero que hablen”.  Si extendemos esta visión y homologamos la memoria eterna con el cielo, pues bien, los de la lista de arriba ya se ganaron el paraíso y tendríamos que decir que se lo merecen, porque hasta para hacer lo que hizo esa gente, se necesita talento.  Se les podrá llamar cualquier cosa, menos mediocres. En esa óptica, ¿a qué lugar del inframundo van los nombres de los pusilánimes que ni siquiera lograron ser buenos malos? ¿Al olvido? De ser así, entonces que la historia se apiade de la totalidad de nombres que corren en el escenario político colombiano, los que se van y los que van llegando, porque ni para malos son buenos.

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5 Comentarios

    1. Qué buen cierre. Muchos de nuestros malos, hasta para villanos son mediocres. Aunque hay que decir que también han transitado por las filas de la historia de nuestro país, en años recientes, villanos sin par ni comparación en la ficción, de una sevicia sin parangón.

  1. Un agudo analisis del ser humano. En verdad la historia del hombre esta plagada de seres despreciables, tiranos politicos y religiosos que gobernaron y aun los recuerda la historia de la humanidad. De ahi el decir que la historia siempre la escribe el vencedor; vencedor que no es mas que un personaje bien maloso con algunas pocas cosas buenas.

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