“Gustavo Petro no es un contradictor, es un enemigo”: Everth Bustamante

La calificación del excomandante del M-19 Everth Bustamante contra Gustavo Petro puede traer peligrosas consecuencias para la democracia colombiana. Análisis de Diario Criterio.

Transcurrían dos horas de la reunión del Centro Democrático convocada el pasado 15 de marzo por Álvaro Uribe para decidir si adherirían al candidato Federico Gutiérrez. Al estrado subió Everth Bustamante, excomandante del M-19 al que Álvaro Uribe llama patriota y amigo entrañable. Pronunciaba sus palabras iniciales cuando el expresidente tomó el micrófono y lo interrumpió. Aparte de recordar los argumentos que dio en su momento para aprobar el indulto a esa guerrilla, Uribe mostró su aprecio por Bustamante: “Conocí un patriota, que es Everth”.

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Petro, un peligro, según Everth Bustamante

Uribe volvió a acomodarse en su puesto. Bustamante le agradeció por sus cortas palabras e inició su intervención: “Yo vine a esta reunión únicamente a escuchar, porque los mayores lo único que podemos hacer es escuchar, y cuando vislumbramos un peligro, los mayores tenemos que advertirlos. Y yo advierto un grave peligro para la democracia y la libertad de Colombia“. Se refería a nada más y nada menos que a Gustavo Petro.

Paso seguido, pidió perdón a Uribe por haber conducido al candidato del Pacto Histórico por el camino de la política. Dice Bustamante que su antiguo compañero de armas “ha acumulado prestigio popular” acusando al expresidente de ser paramilitar. “Petro es pseudocomunista y sabe que para crecer tiene que atacar y golpear a quien representa la defensa de la democracia“.

Durante los más de diez minutos que duró la intervención, Everth Bustamante trató de demostrar por qué, según él, Petro es un peligro para la democracia y las libertades. Le dijo de todo y hasta lo involucró en una conspiración internacional orquestada por la Unión Soviética (aunque hace más de 30 años no existe), China, Corea del Norte y Venezuela.

La “conspiración” petrista

Bustamante tildó a Petro de mentiroso y traidor: “Si tiene que decir que es liberal y que no es comunista, lo va a hacer para conseguir aliados (…) pero en los primeros seis meses de gobierno les cortará la cabeza“. Y también lo señaló de fomentar la anarquía y la guerra social al tratar de dividir a los campesinos y a los trabajadores.

Apela a las pasiones de los desposeídos“, “busca impulsar la lucha de clases“, “plantea que la posibilidad de progreso en este país es la expropiación“, son algunas de las estrategias que, según Bustamante, emplea Petro para llegar al poder.

Incluso, el excomandante guerrillero, ahora ferviente uribista, vaticinó cómo será el primer año de gobierno de su antiguo compañero en armas: “Algo más grave –dijo de manera exaltada–, la línea de conspiración que él tiene para Colombia. El acuerdo que él ya tiene con el ELN y la disidencia de las Farc, en línea con Maduro, en línea con la nueva situación internacional, para reestructurar todo el aparato militar de Colombia entre los 6 y los 12 meses, si es que llega a ser presidente de la Republica. Y va a convertir al ELN en una fuerza para transformar el aparato militar del país“.

La diatriba de Bustamante fue aplaudida por el auditorio. El expresidente Uribe la elevó a un “trascendental” análisis sociológico y de ciencia política. Y Óscar Iván Zuluaga le pidió al excomandante guerrillero “hacer un escrito que nos sirva para sacarlo como un artículo en medios y para hacerle una difusión” porque “si hay alguien que tiene autoridad para hablar de eso, es él

Petro, el enemigo

Todas las acusaciones contra el candidato fueron el insumo de Bustamante para dar una sentencia a todo el auditorio y que se debería convertir en el principal objetivo de la campaña presidencial: “No nos debe dar miedo de salir a decir que el enemigo principal de la  democracia de Colombia es Gustavo Petro (…) Hoy Gustavo Petro no es un contradictor, Gustavo Petro es un enemigo. No nos equivoquemos“.

Según Bustamante, antes de Petro, los debates electorales se daban entre contradictores que controvierten el uno con el otro: “Dentro de la democracia que ha tenido el país, el debate se había concentrado entre contradictores que tenían como común denominador la defensa y el mejoramiento del sistema democrático

Sin embargo, Bustamante afirmó que esa regla la subvirtió Petro porque simple y llanamente él quiere acabar con la democracia y las libertades. Para él, ese hecho los han pasado por alto todos los candidatos presidenciales que tratan al líder del Pacto Histórico como contradictor y no como enemigo. “Una grave equivocación“, dice Bustamante. Por eso llama a todo el Centro Democrático a desenmascararlo.

Everth Bustamante antiguo compañero de armas de Petro
Desde hace 30 años Everth Bustamante acompaña al expresidente Álvaro Uribe.

Un peligroso señalamiento

Lo dicho por Bustamante podría pasar como una anécdota más de la campaña presidencial en la que distintos candidatos o miembros de un partido buscan descalificar a su oponente para exacerbar emociones y lograr más votos a su favor. No obstante, en un país como Colombia, con una larga historia de intransigencia y violencia política, denominar a un contradictor como enemigo puede traer peligrosas consecuencias.  

En su conferencia dada en 2008, titulada Construir al enemigo, Umberto Eco decía que, de manera casi natural, las sociedades humanas se caracterizan por crear enemigos con el propósito, entre otras cosas, de fomentar la unidad social o el sentido de pertenencia. Para lograr ese objetivo, el enemigo debe simbolizar el carácter extraño y atribuírsele características como la fealdad. En un principio, el filósofo italiano no veía tan negativa esa operación pero también afirmaba que podía llevar a situaciones peligrosas.

En un artículo, el sociólogo español José María Tortosa Blasco explica que, en sociedades o momentos de marcada conflictividad o ansiedad, el enemigo ya “no será sólo el que permite entender los males del mundo, sino que permitirá la descarga de pulsiones agresivas directas o simbólicas”.

El enemigo en la sociedad colombiana

La afirmación de Tortosa podría encajar perfectamente a lo sucedido en Colombia durante más de seis décadas. Desde la violencia bipartidista de mediados del siglo XX, sino antes, el contrincante o adversario político ha sido calificado como enemigo y se le ha despojado de toda humanidad.

Esa deshumanización permite que al contrario se le pueda matar o someter a tratos indignos, lógica que puede encontrarse, por ejemplo, en dolorosos hechos como el exterminio de la Unión Patriótica y el Nuevo Liberalismo, o en la tortura o desaparición de contradictores políticos ocurridas desde la década de los ochenta del siglo pasado.

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Precisamente, esa es una de las conclusiones a la que llegan Jaime Andrés Mesa y Adriana María Ruíz en su artículo Consideraciones sobre el enemigo público en Colombia: 1998-2009’, publicado, en 2013, en el Boletín de Antropología Universidad de Antioquia.

De acuerdo con los investigadores, “los acontecimientos discursivos analizados durante la investigación nos permitieron encontrar que el enemigo público o político ha pasado a convertirse en un enemigo absoluto, que desprovisto de su condición de hombre, padece un proceso de deshumanización que alcanza intensidad e inhumanidad insólitas: porque frente al enemigo absoluto únicamente es factible matar o morir”.

Es imposible establecer si Bustamante está consciente del peligro que conlleva catalogar a Petro como el enemigo número uno de la sociedad, pero vale la pena señalar los peligros que entraña esa operación en una sociedad que mantiene altos índices de intransigencia política.

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