Feminicidios en Colombia, el tema del que solo se habla cuando hay un caso aterrador

Entre el 1 de enero y el 9 de mayo de 2021, la Fundación Feminicidios Colombia ha registrado 98 feminicidios en el país, seis más que en el mismo periodo de 2020. El año pasado 227 mujeres fueron asesinadas debido a su género, según los datos de la ONG.

En entrevista con Diario Criterio, Gloria Yamile Roncancio, directora de la Fundación Feminicidios Colombia, afirma que hay una desprotección social de las víctimas y que los feminicidios solo se abordan cuando sucede un caso “aterrador” que se convierte en noticia nacional. Mientras tanto, las políticas públicas se enfocan en decirle a las mujeres cómo evitar que las asesinen, en lugar de trabajar con los hombres quienes cometen los feminicidios.

Roncancio también analiza los asesinatos de niñas y adolescentes, las zonas con más registros, el caso de Sara Sofía, la incertidumbre de las mujeres en Tibú (Norte de Santander) y el papel de las mujeres en las movilizaciones sociales que se iniciaron el 28 de abril.

Diario Criterio: ¿cuál es el análisis de la violencia feminicida en los primeros meses del año?

Yamile Roncancio: este año, con corte al 9 de mayo, se han presentado 98 feminicidios y hay 64 casos en verificación. En 2020, iban 92 casos hasta la misma fecha. Aumentaron seis, con la particularidad de que este año teníamos restricciones a la movilidad que no existían en los primeros meses de 2020. Enero fue una desgracia, el mes más violento para las mujeres en Colombia. Vemos que se mantienen las mismas cifras y modalidades en los mismos lugares. Por eso no podemos decir con contundencia que la pandemia aumentó los feminicidios.

En nuestros análisis de los últimos tres años de violencia feminicida notamos que para que se hable de feminicidio en Colombia tiene que ocurrir un caso aterrador. Hay una desprotección social a las víctimas. Las condenas también deberían ser visibilizadas para que tengan impacto.

Por otro lado, falta interpelar a los hombres, toda la política pública se concentra en hablarle a las mujeres, en que identifiquen las señales y denuncien, un discurso en el que nosotras somos responsables de que nos maten o no.

Diario Criterio: ¿cuáles son las zonas del país que más casos presentan?

Y.R.: llama la atención el aumento de la violencia feminicida en Bogotá. En el mismo periodo de tiempo, la capital pasó de tener siete casos a 14, aunque se quiera denominar una ciudad cuidadora. Además de la capital hay dos zonas que mantienen los primeros lugares en feminicidios: Antioquia, con 14 casos, y Valle del Cauca, con 10.

También crecieron en La Guajira. Aquí no hubo feminicidios en 2020 y en los primeros meses de 2021 llevamos tres que sucedieron prácticamente en la misma semana. Uno de ellos, el de una adolescente indígena. Magdalena y Nariño también presentan aumentos.

Diario Criterio: ¿cuáles son las características de la violencia feminicida?

Y.R.: es usual el uso de arma blanca o cortopunzante. En la selección de riesgo feminicida siguen preguntando si el hombre tiene arma de fuego, pero en el país la mayoría de las mujeres no son asesinadas con ese tipo de armas. Por otro lado, se ha recrudecido la violencia. Se presentan casos con uso de ácido e incineración en vida, de este último hubo siete el año pasado y seis sobrevivieron. Reportamos casos de asfixia, de agresiones con más de 15 puñaladas, entierros en casa, desapariciones, violencia sexual previa, disposiciones de cuerpos en bolsas y en lugares públicos.

En medio de esta convulsión social dos cuerpos de mujeres fueron expuestos en vía pública, uno en Cartagena y otra en Medellín, nadie ha dicho nada. Los agresores son, en la mayoría de los casos, parejas y exparejas, pero también padres o padrastros. Además, están los casos de feminicidio de los que nadie quiere hablar por el mal llamado trabajo sexual, que en realidad es explotación sexual, y los asociados a la trata de personas que viene en aumento durante la pandemia, especialmente de migrantes venezolanas.

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Diario Criterio: ¿cuál es el rango de edades donde se presentan más casos feminicidio?

Y.R.: entre los 19 y 35 años, con 46 casos. La mayoría madres y trabajadoras en la edad más productiva en cuanto a las posibilidades de empleabilidad. No es cierto que las mujeres víctimas de feminicidio sean dependientes económicamente de los hombres, muchas de ellas con independencia económica y emocional son asesinadas cuando deciden terminar la relación con su pareja o ya la han terminado.

En cuanto a las niñas, este año van cinco casos: dos de 4 años, dos de 11 y una de 12 años. Además, tres adolescentes de 14 años, dos de 16, tres de 17 y una de 18 años.

Diario Criterio: ¿qué análisis hacen del feminicidio de niñas y adolescentes?

Y.R.: llamamos la atención sobre la normalización de las relaciones desiguales de poder. Las adolescentes constantemente están expuestas a relaciones con hombres mayores y tienen hijos a corta edad sin que la sociedad estudie el problema. El tema no puede girar alrededor del discurso de que el amor no tiene edad, sino en torno a los derechos de las niñas y adolescentes que deben estar protegidas por el Estado. Es un mito que solo sucede en zonas rurales, también pasa en las ciudades, incluso con más frecuencia.

Consideramos que las adolescentes no deberían tener relaciones sexuales antes de los 18 años, no por un asunto moral, sino por un asunto biológico y psicológico. Antes de esa edad no es posible tener una sexualidad libre y deseada. Las adolescentes empobrecidas, en contextos de violencia, que terminan en estas relaciones, muchas veces son violentadas o usadas en redes de explotación sexual.

El caso de la mamá de Sara Sofía es un ejemplo. La Fundación -junto a otras organizaciones- advirtió que la mujer fue víctima de explotación y maltrato, pero nos respondieron que estábamos defendiendo a una asesina. Ahora la Fiscalía ya se está dando cuenta de que era una víctima de trata y explotación sexual y que, posiblemente, no tuvo que ver con la desaparición de su niña. La sociedad no quiere hablar de los proxenetas, de los hombres explotadores, del matrimonio servil y forzado.

Diario Criterio: ¿el caso de Sara Sofía se incluye en el registro de feminicidios? ¿Cuál es el análisis del tema?

Y.R.: no podemos incluirla hasta que haya una declaración de muerte o hasta que la encuentren. Pensamos que Sara Sofía fue vendida porque cumple con los ‘requisitos’ de trata de niñas (para familias que compran bebés) o de explotación sexual: rubia, de ojos claros y piel blanca. Este caso nos lleva a otra conversación sobre la gravedad de creer que tener hijos e hijas es un derecho, lo que abre la puerta a un comercio criminal que vende niños y niñas y explota mujeres empobrecidas -latinas o ucranianas, principalmente- a través del alquiler de úteros.

Diario Criterio: ¿el feminicidio de niñas se usa como una represalia contra las madres?

Y.R.: sí, en muchos casos asesinan a las niñas o ejercen violencia sexual sobre ellas como una represalia. Lo peor es que la sociedad lo justifica. Lo primero que se cuestiona es si la mujer era una buena o mala madre y por qué “había dejado a su familia”. Las mujeres no abandonan a su familia, toman decisiones de vida de rupturas sentimentales. Estos casos vienen aumentando sin que el Estado lo estudie y sin que se evalúe, dentro del riesgo feminicida, la posibilidad de que sus parejas o exparejas asesinen a las hijas. No pasa tan a menudo con los niños.

Es un hecho aleccionador no solo para la madre, sino para todas las mujeres. El feminicidio tiene ese objetivo -aunque el hombre que lo ejecuta no lo entienda- si matan a una, es un castigo para todas, una forma de decirnos que, si hacemos eso, nos pueden matar.

Diario Criterio: ¿sus registros están unificados con los de la Fiscalía?

Y.R.: la comunicación con la Fiscalía se da a partir de un discurso crítico, pero respetuoso. En el último año encontramos más acogida. ¡Por fin tuvimos una reunión que esperamos tres años! En el encuentro, el equipo de la Fundación mostró los errores en la tipificación y en la gestión de datos. Es un aporte gratuito al Estado en el que pasamos nuestras bases de datos y cruzamos las cifras argumentando por qué algunos casos que no están tipificados como feminicidio, deberían estarlo.

El cruce ha sido efectivo. Logramos seis modificaciones, casos que pasaron de homicidio a feminicidio, de suicidio a feminicidio, de lesiones personales o violencia intrafamiliar a tentativa de feminicidio. En el trabajo conjunto conseguimos que los fiscales tengan otra visión con el acompañamiento de expertas que entendemos de forma más amplia la violencia feminicida.

Diario Criterio: ustedes emitieron una alerta sobre Tibú ¿Qué está pasando?

Y.R.: este es un municipio históricamente olvidado, estigmatizado, donde los grupos al margen de la ley tienen gran poder. En Tibú hay ocultamiento de los feminicidios, es difícil saber qué está pasando. Evidenciamos frecuencia en los casos: una mujer asesinada por su esposo, la esposa de un militar asesinada como represalia, el feminicidio de una mujer explotada sexualmente y otros varios casos que no se sabe quién lo ejecutó o por qué. Por ahora, las mujeres dejan claro que hay un listado de 25 amenazadas de muerte, no existen garantías y hay un silencio generalizado.

Toda la atención está en las protestas en las que no se están discutiendo los derechos de las mujeres.

Diario Criterio: ¿sienten que las mujeres están representadas en el paro nacional?

Y.R.: No. Sentimos que las organizaciones feministas no tienen protagonismo, no vemos que los derechos humanos de las niñas, adolescentes y mujeres estén representados. Por ejemplo, la necesidad de transformar la rama judicial, teniendo en cuenta que hay una tasa de impunidad de más del 80 por ciento en la violencia sexual. No hay un balance entre lo que se exige ni tampoco se comprende que nosotras somos el 52 por ciento de la población.

Diario Criterio: ¿hacen seguimiento a los casos de violencia sexual durante el paro nacional?

Y.R.: estamos a la espera de las cifras. Lo que dejamos claro es que no se puede ignorar que la violencia sexual no viene solo de la fuerza pública, de hecho, esta representa el 0,35 por ciento de los casos. Sí, hay que juzgar con más rigor al Estado, pero debemos analizar el tema estructural, ponerlo sobre la mesa. Los agresores en la mayoría de los casos son familiares, conocidos, parejas, exparejas, amigos.

En las protestas las mujeres se exponen a la violencia sexual, a la misoginia en las arengas, a la presencia de sus agresores en las marchas. También encontramos una justicia que sigue sin creerle a las víctimas y un Estado que las estigmatiza.

Diario Criterio: ¿cómo cubrir la violencia contra las mujeres de forma responsable?

Y.R.: primero, es que las sobrevivientes tienen derechos. Hay que preguntarles y advertirles sobre las implicaciones de compartir sus casos, para así determinar cuál es la mejor forma de hacerlo sin exponerlas. Los medios no pueden seguir culpando a las mujeres, deben evitar a toda costa poner sesgos sobre ellas y justificar a los agresores. No se deben publicar fotos revictimizantes, ni de hombres en posiciones agresivas. Es mejor usar imágenes de mujeres luchando por sus derechos.

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Sobre la Fundación Feminicidios Colombia

La fundación nació en 2019, pero un año antes funcionaba como observatorio de feminicidios. Es una organización autónoma, autofinanciada e independiente que trabaja en varias líneas de acción, la primera de ellas es el registro de violencias contra las mujeres, especialmente feminicidios y tentativas de feminicidio, allí se analiza la información y, posteriormente, hay un cruce de datos con la Fiscalía. La segunda es el programa Justicia para Todas, representación judicial gratuita a familias víctimas de feminicidios y mujeres víctimas de tentativa de feminicidio, sobre todo en zonas apartadas del país. Actualmente, representan a 28 familias y 10 sobrevivientes.

Además, crearon una línea de incidencia ante las instituciones para proteger los derechos humanos de las mujeres violentadas; un programa de ayuda humanitaria y una línea de asesoría jurídica gratuita. Recientemente, la Fundación lanzó el consultorio de violencia simbólica contra las mujeres que realiza un monitoreo de medios de comunicación para identificar los estereotipos que perpetúan la violencia. El proyecto más reciente es la venta de camisetas y busos hechos por mujeres víctimas de violencia sexual, de la Fundación Dignidad Abolicionista de Tolima, para apoyar económicamente a dos fundaciones.

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