La Feria del libro de Bogotá fue un éxito, pero ¿fue una buena feria?

Los indicadores tradicionales de la FILBo (visitantes, ventas, ejemplares que las personas se llevaron bajo sus brazos) fueron increíblemente buenos. Era casi de no creerlo. Buenos Aires ratificó esa condición de verdadera euforia del encuentro con el libro impreso en el continente. La gente deseaba volver a ver y tocar libros masivamente. Y eso fue lo que pasó, genuinamente: las personas se enloquecieron intentando entrar a los parques feriales para respirar libros. Los récords de libros vendidos de 2017 y 2019 se superaron y el reporte de las casas editoriales fue muy alentador.

Eso es bueno, por supuesto. Recordemos que un año antes aun estábamos en una zona caracterizada por la angustia y la desazón. Lo sabemos, el libro los años precedentes no sufrió tanto como otras industrias culturales, que casi no se levantan. Incluso 2021 fue un año mucho más positivo de lo que solemos aceptar. Pero la feria vino a ratificar varias cosas: la vitalidad del libro impreso, la capacidad de reinvención de la industria con decenas de novedades, y el hecho de que, culturalmente, Colombia tiene una porción muy importante de su sociedad con intereses culturales, preocupados por su entorno y deliberantes políticamente. 

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Ahora, muchas personas me han preguntado: ¿fue una buena feria? No lo sé con certeza. Quiero decir, fue una feria extremadamente masiva y eso es interesante porque derrotó el miedo básico epidemiológico. En un solo día entraron casi 100.000 personas a Corferias: inundaron los pasillos, los stands y auditorios. Fue una locura. El parque ferial colapsó en medio de la satisfacción de los editores. Había filas para todo. Ver chicas y chicos esperando por horas para que alguien firmara su libro era conmovedor, por decirlo de alguna forma. 

Sin embargo, una feria no puede ser solamente un indicador de los torniquetes de entrada y de registradoras de dinero. Tenemos que preguntarnos muchas más cosas: ¿las editoriales exhibieron libros valiosos, culturalmente hablando? ¿La programación cultural fue buena, variada y creativa? ¿Los autores entendieron las dinámicas de la fiesta?  ¿El carácter masivo del evento es siempre un indicador positivo? ¿Hubo momentos culturalmente importantes (autores descubiertos, entrevistas insólitamente importantes, homenajes históricos) para recordar? ¿Corea estuvo a la altura?

Feria internacional del libro de Bogotá
En un solo día entraron casi 100.000 personas a Corferias: inundaron los pasillos, los stands y auditorios. Fue una locura.

Son temas que deben interesarnos. Porque si bien esta fue una feria de transición (hace dos años no teníamos ferias y el equipo de dirección de esta edición era en su mayoría nuevo) es necesario adoptar mucho mejores indicadores. Por ejemplo: algunas personas expresaron la híperabundancia de saldistas de libros en algunos pabellones que opacaban las editoriales con nueva producción. Otros se quejaron de que la asistencia masiva impidió una visita al lector más especializado (ese que dijo salir furioso y amenazó con no volver).

Es cierto, no hubo tantas estrellas de primer nivel (aunque esto está ligado a las agendas muy inciertas heredadas de pandemia). Otra vez constatamos que Corferias muestra las limitaciones de sus instalaciones (por cierto, no pocas veces oí compradores netos de libros decir: ¡nunca volveré a la feria, mi hija intento ir al baño unas seis veces!). Y, por último, es posible que a la curaduría cultural le haya faltado el riesgo y la imaginación de las ferias precedentes. Puede ser. Habrá que mirarlo. Y todo es aprendizaje. 

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Pero en la FILBo hubo muchas cosas buenas. Fue un deleite encontrar esa explosión de editoriales independientes con libros muy originales; lo dije en Facebook, ya son un verdadero continente. También vimos una amplia oferta de catálogos importados que complementa a nuestros catálogos criollos y deja ver un interés y apertura de los públicos. Finalmente, las grandes editoriales de interés general hicieron un esfuerzo por editar muchos autores y autoras nacionales, incluso óperas primas. Corea como país hizo un buen stand, pese al tiempo tan corto de construcción. Lo de Bogotá y su espacio fue notable. Hubo conferencias geniales. Y las universidades mostraron que, pese a las dificultades, sus editores tenían más de 900 novedades que no solo estaban destinadas a las comunidades académicas; encontraron nuevos lectores en quienes están interesados en la no ficción. 

En fin, es una feria paradójica y difícil de leer por ese carácter de transicional. Muy buena, pero no tanto. Yo entiendo que muchos de los editores estuvieran exultantes con los indicadores de ventas y visitantes. Pero eso tiene un peligro: que se piense que la calidad del evento sea un asunto segundario porque finalmente siempre vendrá gente a inundar el parque. Y eso es un error en la lógica cultural. Sin una curaduría de expositores, sin una agenda muy robusta y sin una gama de autores que despierte interés, las cosas se nos pueden salir de las manos. Porque, entre otras –y esta es mi principal crítica–, muchos libros buenos y de valor quedaron sepultados por la oferta hipercomercial en stands sin curaduría, especialmente del primer piso de los pabellones 3 y 6, otrora los templos del buen libro. 

FilBo Ciudad portada
Sin una curaduría de expositores, sin una agenda muy robusta y sin una gama de autores que despierte interés, las cosas se nos pueden salir de las manos.

Si la FILBo quiere ser seguir siendo el evento cultural más importante –y no solo el más taquillero– debe discutir estos aspectos. Entre otras –y me perdonan– pero Buenos Aires sigue siendo una feria con cosas que enseñarnos. Es un mercado interno de lectores y lectoras mucho más rico. La compra de títulos es más variada y los catálogos muestran complejidad para un público mucho más lector, especialmente de títulos de ficción. La gente conoce más autores y autoras nacionales y foráneos. Hay más trabajo previo de una sociedad que venera el libro. Por favor, no interpreten esto como una exaltación a lectores más auténticos. Por el contrario. Ir a esa feria es tremendamente importante para una familia, así sea solo a ver las tapas. Ahí se gestan vocaciones y gustos, incluso intelectuales. Pero la construcción de lectores y lectoras exige más acompañamiento y tiempo para los contenidos. Exige ir a escuchar nuevas propuestas y narrativas. Y el ejercicio de contemplación en el stand es importante. Y aquí perdimos algo de eso entre la multitud atropellante. 

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Es decir, no porque vendimos mucho es que la FILBo fue perfecta. Obvio, es un aspecto importante pues somos industria y economía. Y teníamos miedo de haber perdido los lectores y compradores, cosa que no pasó. Pero no debemos olvidar que somos agentes culturales. Y eso, me perdonan, no es desdeñable. 

2 Comentarios

  1. que buen análisis. No todo es mercantilismo, ganancias económicas, se debe ganar también en calidad de escritores, de buenos lectores.

  2. A lo largo de los catorce días que duró la FILBo, debo rescatar que el contacto humano, sensible y cercano que se creó entre los diferentes actores de la industria editorial como autores, ilustradores, libreros, editorialistas, caricaturistas, diseñadores, etcétera, fue el común denominador entre los expositores, que sin duda estábamos expectantes por la respuesta del público consumidor o no de literatura que visitó el recinto ferial.
    En nuestro caso, somos una editorial independiente y nos presentamos con una propuesta arriesgada desde la experiencia adquirida como impresores durante más de dos décadas, tiempo durante el cual hemos dedicado nuestro esfuerzo a servir en el proceso productivo para grandes editoriales nacionales.
    En esta versión de le FILBo, quisimos presentar nuestro sello editorial y traer novedades con altísima calidad tanto en presentación y acabados, como en su contenido y aporte.
    En primer lugar realizamos el lanzamiento de AMBROSIO, EL MENTIROSO, la Saga de nueve novelas del autor e historiador santandereano Helí Ardila Serrano que busca mostrar América Latina desde el momento de la conquista hasta el día de hoy, en función de sus gentes, de sus tierras, de su biodiversidad y del pensamiento y creencias de los habitantes originarios en contraposición a la desastrosa conquista sufrida, cuyas consecuencias aún seguimos sobrellevando.
    https://www.facebook.com/graficoloreditorialsas/videos/281213267551773
    Presentamos también el libro IMAGENES DE MOMENTOS IMAGINARIOS, del reconocido ilustrador Lucho Salcedo que trajo como novedad una recopilación de más de doscientas ilustraciones de su autoría con carátula en tapa dura forrada con impresión sobre lienzo, garantizando que quien llevara el libro, llevaba también una obra de arte con sello de autenticidad. https://www.salcedoart.com/
    NI AMOR, NI LIBERTAD de Odiia Sánchez, un relato autobiográfico convertido en novela que presenta la escritura como un camino hacia la sanación y el perdón dejando al descubierto una historia de vida marcada por el abuso, el machismo, los cambios generacionales y la confrontación en medio de las apariencias sociales.
    DE PASEO POR LA VIDA, una obra de la Fundación Vida Nueva que relata la vida del profesor Jean Baptiste Hermosilla un ingeniero hidráulico argelino que le dio la vuelta al mundo dos veces y cuyo recorrido realizado en su juventud alimenta de manera exquisita la imaginación de quienes fueron sus alumnos en la Universidad Nacional de Colombia en donde se pensionó. Su disciplina fueron las matemáticas puras y es recordado por generaciones de los más ilustres ingenieros y arquitectos quienes hoy a sus 93 años tuvieron la bella oportunidad de hacerle un sencillo reconocimiento en el marco de esta FILBo apreciando su obra sin matemáticas pero llena de humanidad.
    ALAS PARA MIS SUEÑOS, es el resultado de un hermosísimo taller literario realizado por la Fundación Vida Nueva, cuyo resultado ofrece una recopilación de relatos realizados por mujeres en condición de prostitución y en proceso de reintegración social quienes logran exteriorizar sus sentimientos más íntimos en torno al perdón, la reconciliación y el arte.
    Con esta pequeña pero significativa muestra de contenido creemos haber aportado a esa función que como agentes culturales tenemos.
    Deseamos de corazón seguir perfeccionando nuestro trabajo para acompañar a autores y artistas que tengan propuestas cargadas de contenido, de conocimiento y de aporte social que valoricen nuestros muy amados libros para poder impulsarlos en una nueva versión de la FILBo.

    Maribel Ardila Carreño
    Coordinadora Editorial
    GRAFICOLOR EDITORIAL SAS

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