Fútbol y ‘rock’, un viaje en el tiempo a los sesenta

Alejandro Pino Calad hace un recorrido por la siempre emocionante historia que une al ‘rock’ con el fútbol.

El 5 de febrero de 1957, el pionero blanco del rock’n’roll Bill Haley hizo historia al visitar Inglaterra con su banda The Comets, con los que firmó el hit ‘Rock around the clock’.

The Comets fue el primer grupo blanco de lo que hoy conocemos como rock and roll y su llegada a Southampton en el barco Queen Elisabeth fue todo un acontecimiento, con más de 5.000 fans esperándole a grito herido, y se considera el punto de partida para lo que después se conocería como “’rock’ británico”.

Para el momento en que Haley visitaba Inglaterra, tres amigos del colegio en Liverpool, John Lennon, Paul Mccartney y George Harrison, eran de los cientos de miles que compraban sus discos y los de los otros pioneros del rock and roll intentando imitar su forma de tocar la guitarra.

Cientos de jovencitos empezaron a montar sus propias bandas tratando de llevar a Inglaterra el sonido negro fusionado con country de Estados Unidos, y ellos tuvieron el talento y la fortuna de encontrarse con un representante como Brian Epstein y un productor como George Martin para crear, junto con Ringo Starr, The Beatles en 1962 y cambiar la industria de la música para siempre.

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Ahora, era imposible que los roqueros ingleses de los sesenta no estuvieran permeados por el fútbol, y no solo por el título mundial de Inglaterra en 1966. La batalla por la hegemonía de la liga entre el Everton de Harry Catterick, el mítico Liverpool de Bill Shankly, el legendario Manchester United de Mat Busby y el infame Leeds de Don Revie, un Newcastle temible, Tottenham y West Ham complicando a todo el mundo…

Inglaterra respiraba fútbol con demasiados equipos grandes en disputa, dos de ellos originarios de Liverpool, y admitir un bando no parecía una decisión comercialmente inteligente para Los Beatles, por lo que durante muchos años se mantuvo el secreto de qué equipo era el dueño del corazón de cada uno. En una reciente columna publicada en Publimetro conté la historia (spoiler alert: Lennon era del Liverpool, McCartney es del Everton pero coqueteó con los rojos, Ringo es del Arsenal aunque tiene en su corazón al Liverpool y George era budista, así que el fútbol no le importaba).

Pero no todos los roqueros legendarios de los sesenta tenían tal nivel de prudencia e intereses comerciales, aunque sí, en su gran mayoría, estuvieron tentados por la pelota y soñaban con fútbol, incluso con jugarlo, por eso no extraña que un amigo guitarrista llamado Keith Richards hubiese jugado en las menores del Brentford.

Si alguna vez se ha preguntado por qué Keith Richards llegó a ser el legendario guitarrista de los Rolling Stones y no un defensa central más en la liga inglesa, él mismo lo responde: “Nadie en el club vendía buena marihuana, la mejor estaba en los campos del Queens Park Rangers“.

Los Stones, la antítesis de los Beatles, los chicos malos, los bandidos que una muchachita decente no le presentaría a sus padres, a diferencia de los buenazos de Paul, John y George, son tan distantes a los cuatro de Liverpool que incluso siempre han sido abiertos con su pasión futbolera.

Mick Jagger, por ejemplo, siempre ha aceptado que es futbolero e hincha del Arsenal, y cuando puede va al estadio, en donde solía encontrarse con viejos amigos de la escena de rock de los sesenta como Ray Davies de The Kinks, Roger Daltrey de The Who, y David Gilmour y Roger Waters de Pink Floyd y que también son gunners.

Jagger, londinense modelo 43, creció en la era posChapman en la que el Arsenal era no solo el equipo más rico sino el más poderoso de inglaterra. Sin embargo, cuando llegaron, los cincuenta los jóvenes hinchas del todopoderoso Arsenal de los treinta y los cuarentatuvieron que sufrir una era complicada: el poder ahora estaba en Manchester y con los sesenta en Liverpool. Para colmo de males, los odiados vecinos del Tottenham y el West Ham tuvieron varias mejores figuraciones que los gunners en esos años.

¿Sería la presencia de un joven Jagger en la cacha del Arsenal de esos tiempos el comienzo de la maldición que acompaña el nombre del cantante de los Rolling Stones? No lo puedo probar, pero me dan ganas de decir que no lo dudo, porque si hay alguien con más sal, más mufa, o más mala suerte para un equipo de fútbol en la historia, ese es Mick Jagger. ¡Es que ni Pelé!

La historia de sus mufas es legendaria y la principal víctima es la Selección Inglaterra: cada vez que una cámara de televisión muestra a Jagger en el estadio en el que está jugando la selección, Inglaterra pierde. Pasó en Francia 98 frente a Argentina y en 2006 frente a Portugal, en 2010 le echó la sal a Portugal e Inglaterra cuando en un concierto en Lisboa dijo que la final del Mundial iba a ser con ellos dos. Para ratificarlo, estuvo en el estadio el día que Alemania goleó a Inglaterra 4-1 en octavos de final y a partir de ahí decidió diversificar su producción salina y le hizo fuerza a Estados Unidos (eliminado por Ghana), a Brasil (eliminado por Holanda) y a Argentina (eliminado por Alemania).

En 2014 acompañó a Brasil frente a Alemania y todos sabemos cómo terminó eso: 7-1 en la peor humillación en la historia de la canarinha. Tras el partido se tiró una frase épica: “Me hago responsable del primer gol alemán, pero no de los otros seis”.

Ron Wood es un fanático enfermo del West Bromwich, habitual del estadio en donde la afición siempre le hace unos minutos de aplausos, y es pública su debilidad por los futbolistas argentinos. Fan y amigo de parranda de Maradona, en el Camp Nou siempre le guardaban un palco cuando quería ir a ver a Messi. A propósito, en los setenta, Eric Clapton también era un hincha público del West Brom, daba conciertos con la camiseta del equipo en años en que no era común hacer eso, pero tras irse a vivir a Estados Unidos dejó el fútbol y se volvió un entusiasta del cricket.

Y el fallecido Charlie Watts era del Tottenham y se declaró varias veces admirador de Osvaldo Ardiles, crack argentino del equipo a comienzos de los ochenta. El siempre serio baterista, un metrónomo y para muchos un lord en el mundo demente del rock and roll, nunca estuvo más serio en su vida que el día en que la banda grabó el video de One hit. Si se fijan en las pocas tomas que tiene, no solo estaba serio, estaba emputado y actuando de mala gana: ese día no pudo ir a ver al Tottenham por tener que grabar esa vaina.

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Pero si hay una banda icónica del rock inglés que sea fanática del fútbol, es inevitable hablar de Pink Floyd. Como ya les dije, Roger Waters y David Gilmour son del Arsenal, lo que no impidió que tuvieran todo tipo de diferencias creativas que llevaron a la explosión de la banda. Para tratar de operar como equipo en los setenta y que no les pasara lo de los Beatles, a Waters se le ocurrió que la banda fuera eso, un equipo de fútbol, en el que él era el portero y Gilmoure, Richard Wright y Nick Mason fueran jugadores de campo. Se llamó el PF FC y jugó torneos aficionados en los que las súper estrellas trataron de pasar inadvertidas, lográndolo con éxito pues nadie iba a creer que una de las bandas más grandes del mundo iba a estar en un campeonato de rodillones en Londres.

Pero más allá de su afición por jugar y ver fútbol, Pink Floyd nos dejó dos canciones maravillosas que dejan clara la relación de esa época con la pelota.


“Think I’ll buy me a football team”, dice Money, esa canción de 1973 que abre el icónico Dark Side of the Moon, y sí, en eso pensaban las estrellas de rock que habían sido hinchas rasos en los cincuenta y sesenta, los años maravillosos del fútbol inglés.

Tanto es así, que un año después Elton John, entonces ya una supertestrella del rock, parece haberle hecho caso a Pink Floyd y pasó a ser presidente y principal accionista del Watford. Elton había sido un niño tímido que encontró en el piano la redención. La relación con su padre fue tormentosa, pero había solo un punto en común: en 1953 el viejo Stanley Dwigth llevó al niño Reginald, que es su nombre original, a ver al Watford. “Ver a los jugadores en la cancha fue como tomar una droga a la que al instante te volvías adicto”, escribió el pianista en su autobiografía. Y Elton sí que sabe de adicciones.

En 1974 el sufrido equipo estaba en la quiebra y Elton John organizó un concierto benéfico con Rod Steward (hincha furibundo del Celtic de Glasgow), y salió disfrazado de Abejita. El polifacético artista no solo salvó al Watford de desaparecer, sino que le ofrecieron la presidencia del club, el cual compraría en 1976. 

Un añó después el dirigente Elton contrató al técnico Graham Taylor y comenzó la era dorada: ascendió de tercera a primera división en tres años y en 1981 fueron subcamepones de la liga inglesa, jugaron la Copa de Campeones de la Uuefa en 1982 y disputaron la final de la Copa FA de 1984 frente al Everton.

La épica aventura de Elton John al frente del Watford terminó en 1987, cuando vendió el equipo, pero ningún hincha lo olvida, no solo por ser uno de los suyos, uno que puso alma y billetera para darle gloria al equipo de su padre, sino porque su disfraz de abeja es hoy uno de los símbolos y la mascota del equipo.

Pero volvamos a Pink Floyd. Si bien Waters y Gilmour son del Arsenal, Richard Wright y Nick Mason son hinchas a muerte del Liverpool. Por eso, el fino detalle de terminar la canción Fearless con una grabación de la hinchada del Liverpool cantando You’ll never walk alone (YNWA) es uno de los gestos más hermosos del rock al fútbol en la historia.

Y si no se sabe la historia de YNWA, que valgan estos últimos párrafos para contarla. Esta puede ser la canción más famosa del fútbol en Europa; en América Latina el cuento es diferente por la vinculación de las barras argentinas con el rock de su país, pero el YNWA lo ha hecho global el Liverpool y lo cantan las barras del Dortmund, del Brujas, del Feyenoord, del Lugo, del Tokyo FC…

Ese “sigue adelante y nunca caminarás solo”, curiosamente, es el estribillo de un musical de Broadway que se estrenó en 1945 y que se llama Carrusel. Escrito por Richard Rodgers y Oscar Hammerstein II, Carrusel está basado en un drama húngaro llamado Liliom, y el coro “You’ll never walk alone” es utilizado en la obra para motivar a un grupo de estudiantes a seguir adelante en la vida, porque nunca caminarán solos. ¿Qué tiene que ver esto con rock? Ya vamos a eso.

En 1963, uno de estos miles de grupetos que buscaban la fama y la gloria de los Beatles, imitándolos en su aspecto y tratando de componer baladas que enloquecieran a las jovencitas, hizo su propia versión. Se llamaban Gerry and the Peacemakers, y su líder, Gerry Marsden, era amigo de los Beatles e incluso compartieron cartel en la mítica Caverna, el Cavern Club en el que los Fab 4 se hicieron famosos. Incluso, Brian Epstein fue su representante y George Martin les produjo un par de canciones.

El caso es que en 1963 Gerry and the Peacemakers utilizaron la legendaria frase en una canción que llegó a ser número uno en el Reino Unido, ¡por encima de Los Beatles!

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En medio de esta lucha sobre quién era más famoso entre Beatles, Rolling Stones, Kinks, Cream y el modesto Gerry and the Peacemakers, llegó la final de la Copa FA de 1965: Leeds United y Liverpool se enfrentaban para definir el verdadero poder del fútbol inglés, y en declaraciones a la prensa el técnico de los rojos, Bill Shankly, dijo que les ponía la canción a sus jugadores como motivación antes de los partidos.

Ese año, Liverpool ganó la FA por primera vez en su historia. Al año siguiente, con Shankly poniéndoles a los jugadores el You’ll never walk alone de Gerry and the Peacemakers, llegó la segunda Copa inglesa. Había empezado una leyenda y desde ahí y hasta ahora, como ustedes pueden ver cada fin de semana en la Premier o cada jornada de la Champions, la tribuna de The Kop, la más popular de Anfield, canta el coro de Rodgers y Hammerstein con el ritmo de los Peacemakers.

Bien vale la pena oirla de nuevo:

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