Q. E. P. D.: uribismo

Veinticinco años de política colombiana. Veinticinco años de un titular diario. Veinticinco años haciendo y deshaciendo en Colombia. Veinticinco años donde su opinión importaba. Era el año 1997 cuando comenzó el uribismo, una filosofía que en pocas años sería nacional. Su mayor auge fue en julio de 2008 cuando liberaron a Íngrid Betancourt y a los tres contratistas estadounidenses. En ese momento, el uribismo era una religión. Nada podía oponerse y Álvaro Uribe Vélez era un dios.

Catorce años después, el uribismo está moribundo. Los tres pilares sin peso alguno. La seguridad democrática reducida a los “falsos positivos”. La confianza inversionista tambaleante. Y la cohesión social fracturada por la polarización.

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En las elecciones de 2022, ser uribista es negativo. Muy negativo. El candidato Federico Gutiérrez, un paisa, no reconoce el apoyo de Uribe. No acepta verse con el expresidente y dice que su respaldo es personal. Un abandono que no era previsible apenas tres años atrás.

La cruda realidad de hoy es que Álvaro Uribe Vélez no ejerce influencia sobre nadie. Sus palabras caen al vacío. Sigue en la esfera pública porque Semana y RCN lo mantienen vivo. Un poco en solidaridad, lo cual demuestra el nivel tan bajo en el que ha caído. Las encuestas –que eran antes una prueba de opinión pública a su favor–, son hoy a sus ojos, otra parte de la conspiración castrochavista y no puede confiar en ellas. La razón es sencilla: no favorecen al expresidente.

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Álvaro Uribe Vélez tiene otro problema: el judicial. Va a ser juzgado por presunto fraude. Es muy serio el delito. Uribe ha intentado desmontarlo y ha fracasado. El caso comenzó en 2012 cuando Uribe acusó al senador Iván Cepeda de conspirar en su contra. No funcionó. A Cepeda lo exoneró la Corte Suprema y decidió investigar al expresidente en 2018.

A mediados de 2020, la Corte Suprema acusó a Uribe al encontrar pruebas de un posible fraude y ordenó su detención domiciliaria. Uribe renunció al Congreso para evitar ser juzgado por la Corte. Se nombró a un fiscal que a los pocos meses pidió que archivaran el caso. Al mismo tiempo, sus abogados exigieron a la Corte Constitucional volver al principio. Alegaban que Uribe no puede ser juzgado, lo que significaría su exoneración. También fracasó. Con una votación de 5-4, Uribe sigue acusado.

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El último golpe ocurrió el mes pasado. Allí una juez determinó que no existen motivos para cerrar el caso y recomendó ir al juicio. Otro golpe para el prestigio del expresidente. Ha perdido en cada ronda. Su infortunada salida de atacar a la juez fue un acto de cobardía y así lo interpretó la opinión pública.

Uribe corre el peligro de pasar a la historia no como el hombre de la seguridad democrática, sino como un tipo incapaz de afrontar a la justicia. Sería un triste final para el expresidente.

3 Comentarios

  1. Uribe no solo agudizó los problemas de Colombia, además fue el creador de la polarización al no permitir enfoques alternativos de país y a cambio señalar todo lo diferente a él como terrorismo. Unos muy pocos colombianos se creen el cuento

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