“La polarización política influye en protestar violentamente”: general (r) Naranjo

Hace poco el general (r) Óscar Naranjo debutó como escritor con un libro titulado ‘Se creían intocables’. En sus páginas el exvicepresidente de Colombia cuenta la historia de cómo capturaron a 12 importantes criminales colombianos. Diario Criterio habló con él sobre su libro y otros temas. En la entrevista recalcó el papel del diálogo para superar la difícil situación que atraviesa el país.  

Diario Criterio: ¿Cómo surgió la idea de escribir este libro?

Óscar Naranjo: En tiempos de pandemia tuvimos que reinventarnos y buscar nuevos oficios porque se interrumpieron todos los viajes, las asesorías y la participación en foros y conferencias. Pensé que era un momento propicio para dejar una constancia histórica de lo que ha significado el esfuerzo y sacrificio colombiano en medio de la tragedia del narcotráfico y la violencia. Un momento para contar esa historia de primera mano desde el lado de la institucionalidad.

Mi libro tiene tres propósitos: rendirle tributo a muchos funcionarios que de manera anónima se entregaron a la tarea de cumplir con su deber, reconocer al periodismo colombiano que ha dejado unos registros y unas crónicas de mucha calidad de toda esta tragedia. En tercer lugar, en tiempos en que se dice que la guerra contra las drogas ha fallado, yo sí quisiera rescatar que en el caso colombiano no fue una guerra fallida, porque detuvimos el propósito criminal de imponer un narcoestado.

Diario Criterio: Tristemente Colombia tiene una variada cosecha de grandes capos y criminales, ¿cómo seleccionó a esos personajes para su libro?

O.N.: Procuré caracterizar los distintos tipos de organizaciones. Hay organizaciones criminales, urbanas, rurales, concentradas en su capacidad de ejercer una violencia indiscriminada… Al mismo tiempo quise mostrar la diversidad regional de esas organizaciones. No quise enfocarme en Medellín o Cali, sino ver cómo se comportan esas bandas criminales narcoparamilitares en los Llanos, en el Pacifico nariñense y en la propia capital.

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Diario Criterio: ¿Se podría hablar de un prototipo de criminal colombiano?

O.N.: En el caso colombiano hemos registrado una evolución de las generaciones de narcotraficantes, cada una con su propio perfil. Por lo menos hay cinco generaciones muy distintas entre sí. La primera tuvo su origen en el contrabando y en la bonanza marimbera de la costa Atlántica. Una segunda generación fue la representada por el cartel de Medellín. Eran criminales tremendamente violentos que acumulaban riqueza comprando tierras y con inclinaciones a ejercer el terrorismo indiscriminado.

El cartel de Cali sería la tercera. Más preocupada por obtener legitimidad frente a la sociedad. No lavaba activos comprando tierras sino montando empresas e industrias como Drogas La Rebaja. Estaba preocupada de ejercer la violencia de manera más disimulada. Una cuarta generación son los baby cartel de extracción urbana, con formación universitaria, con visión de mundo y preocupados por lavar activos en el circuito internacional. Y una quinta, las bandas criminales que enfrentamos ahora en el país muy segmentadas regionalmente y sin alcance nacional. Están al servicio de grandes clanes internacionales de la mafia como los carteles mexicanos.

Diario Criterio: Usted se ha destacado por su lucha contra los narcos. Ya en retiro, ¿cómo evalúa la guerra contra las drogas?

O.N.: El libro aparece cuando se cumplen 50 años de una política prohibicionista lanzada por el presidente Nixon. En todas estas décadas, a pesar de los esfuerzos la producción de narcóticos, el consumo, la violencia, la corrupción y las rentas criminales han crecido. Por lo tanto, yo diría que es un buen momento de inflexión para repensar nuevos paradigmas que permitan avanzar en esa materia y corregir esos errores del pasado. Y hay hechos en esa vía. Hay cambios significativos como el creciente número de estados estadounidenses y de países en el mundo que han regulado el consumo de cannabis medicinal o recreacional.

Yo no quisiera ser fatalista y condenar esos 50 años de lucha contra las drogas, pero sí estoy muy motivado en promover la hora de repensar el problema de manera distinta. Pensar el tema del consumo de las drogas a partir de una conceptualización de salud pública y de derechos humanos. El enfoque prohibicionista le debe ceder el paso a maneras más inteligentes y eficaces de eliminar la violencia y la multiplicación de mafias.

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Diario Criterio: Uno de los grandes problemas de Colombia han sido las estrechas relaciones entre política y narcotráfico ¿cómo ponerle fin a esa perversa convivencia?

O.N.: Yo comenzaría por rendir a los líderes políticos que literalmente fueron inmolados por enfrentar al narcotráfico: Rodrigo Lara, Luis Carlos Galán… Rendir homenaje a jueces, fiscales, magistrados, policías y periodistas que, en los momentos más duros, donde había una debilidad institucional, se pararon frente a esos narcotraficantes y entregaron sus vidas por esa decisión. Habría que decir que hemos tenido avances en esa materia que fueron el resultado de la voluntad de distintos gobiernos. Avanzamos en capacidades institucionales en la justicia, en la policía y en la fuerza pública y derrotamos la idea de que el narcoterrorismo nos podía vencer como sociedad y como Estado.

Diario Criterio: Pero todavía hay mucho narco financiando políticos y muchos colombianos todavía son permisivos con ellos…

O.N.: La pregunta es muy válida en cuanto a que las utilidades económicas del tráfico de drogas llevan a los narcos a acariciar la posibilidad de acumular poder político. Ahí hay una tormenta de corrupción muy fuerte que se expresa de diferentes maneras y que hoy es el principal reto del país. Pero también creo que la sociedad colombiana ha entendido que los cantos de sirena del narcotráfico terminan en tragedia.

Cuando reviso cuál era el comportamiento de la sociedad en la era del cartel de Medellín o del de Cali que se deslumbraba por e lujo y el poder de los narcos, me doy cuenta de que ha habido cambios. Colombia ha ido aprendiendo y ha empezado a sancionar socialmente al narcotraficante. Estamos a mitad de camino de lograrlo. Hoy los narcotraficantes están más inclinados a camuflarse dentro de la sociedad que a hacerse notar como lo hacían en el pasado.

Diario Criterio: Hubo un tiempo en que la policía también estaba corroída por los narcos ¿Cómo fue su lucha por limpiar la institución?

O.N.: Cuando una institución, como la policía, quiere dar la batalla contra el crimen organizado, tiene que asegurarse de tener la casa en orden. Eso significa que contrainteligencia debe aplicarse previamente a la inteligencia contra las organizaciones criminales. También es importante no negar la corrupción, hay que visibilizarla y actuar en contra de esta. Muchas veces se cae en el error de pensar que, si se reconoce que hay corrupción, se pierde prestigio. Mi experiencia fue todo lo contrario. Cuando uno no niega los problemas y actúa contra ellos, la confianza ciudadana se multiplica. Por otro lado, esa lucha contra la corrupción al interior de la policía estuvo acompañada de las agencias de inteligencia de Estados Unidos y del mundo.

Diario Criterio: ¿Cuál fue el mayor caso de corrupción que encontró en la policía?

O.N.: Recuerdo con mucha tristeza un momento muy complejo cuando llegué a la Dijin en 2003. En ese momento hice una reunión con pocos oficiales y les pregunté por las órdenes con fines de extradición de unos narcotraficantes. Me llevé la sorpresa de que muchos de ellos no tenían orden de captura y di instrucciones para empezar a trabajar en esas solicitudes. Mi sorpresa fue mayúscula cuando a los ocho o quince días empezó una campaña de anónimos muy agresivos tratando de sembrar dudas sobre mi honorabilidad. Luego establecimos que a esos narcotraficantes les había llegado la información casi exacta de esa reunión. Fue algo muy impactante que me puso en alerta y que me llevó a emprender una campaña de depuración al interior de la Dijin.

Diario Criterio: Uno de los episodios que más se ha cuestionado es la relación que tuvieron Los Pepes con la policía para dar de baja a Pablo Escobar. Usted en el libro afirma que eso fue un error que produjo graves consecuencias. ¿Cuál fue ese daño?

O.N.: Las consecuencias de haberle abierto las puertas a unos informantes de la mafia y no haber puesto unos límites a esa colaboración ha significado que todavía estos sectores mafiosos reclamen como triunfo de ellos la muerte de Pablo Escobar. Eso ha sido un costo enorme para la reputación de la policía. Fue un hecho muy grave que por fortuna no se ha repetido.

Diario Criterio: Las mujeres siempre figuran como personajes de segundo o tercer orden en las organizaciones narcotraficantes, pero usted destaca el papel de primera línea de una: Lorena Henao. ¿Hay otras mujeres por el estilo en mundo del narcotráfico?

O.N.: En general hay una subestimación al papel de las mujeres en la mafia, pero han sido muy poderosas. Desde finales de los años 70, Griselda Blanco era reconocida en América Latina, en México y Colombia como una gran mafiosa muy poderosa. Ese no es el único caso, en el libro trato de reconstruir lo que significó Lorena, hermana de Orlando Henao. Una mujer muy poderosa y muy peligrosa. Estos son tan solo dos nombres. No me cabe duda de que ha habido mujeres claves en la mafia que han pasado desapercibidas. Habrá que hacer un ejercicio investigativo para reconstruir estos perfiles.

Diario Criterio: Pasando a otros temas, a usted como vicepresidente de Colombia le tocó participar en la aplicación del acuerdo de paz. Como policía que hizo frente a las FARC, ¿cuáles han sido las fallas de esa aplicación?

O.N.: Uno de los grandes déficits del posconflicto ha estado representado en la incapacidad del Estado para llegar al territorio. Eso tiene que ver con un Estado muy centralista, no solo en el desempeño de la fuerza pública sino en general, que no ha sido capaz de permanecer de manera integral en el territorio. Esta es una primera aproximación.

Por otra parte, vemos que en las zonas donde las Farc tenían una presencia hegemónica la situación ha mejorado de manera notable. Pero en zonas con confluencia de distintos actores criminales la situación es compleja y violenta. Y lo otro que yo veo en el problema en los territorios es que los esfuerzos en erradicación forzosa están siendo opacados por resiembra de matas de coca. Por eso yo digo que a los campesinos colombianos que estuvieron esclavizados por las FARC debemos llegarles como Estado para superar una situación que se ha mantenido por cuatro décadas.

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Diario Criterio: ¿Cómo fue que llegamos a un estado en donde, luego de dos meses de protestas, hay muertos atribuidos a la fuerza pública, desaparecidos, imágenes de civiles disparando en contra de manifestantes, y actos vandálicos por doquier? ¿Dónde quedó la reconciliación que buscaba el acuerdo de paz?

O.N.: Creo que, desde hace un poco más de diez años, concretamente cuando, en Túnez, un joven vendedor ambulante se inmoló frente a las autoridades para protestar,

dando origen a las primaveras de indignación ciudadana, las protestas han sido protagonistas de primer orden. Esa indignación se expandió por el mundo y llegó a Latinoamérica. Ahora esa indignación se multiplicó por las consecuencias de la pandemia, por las pérdidas de empleo, por el empobrecimiento…

Lo que veo en el caso colombiano es una muy lamentable situación donde una polarización política alimenta esa indignación e influye en protestar violentamente. Por eso yo llamo a la reconciliación y al diálogo. Conversar y escucharnos es el camino para evitar la muerte. Por otro lado, tengo confianza en que la policía corregirá las razones que han llevado a unos miembros a no cumplir con total apego los protocolos y a usar excesivamente la fuerza. Confío en que en ese proceso de reconciliar la institución con los ciudadanos se reconozcan los errores y se asegure de que no haya impunidad.

Diario Criterio: ¿Se va a lanzar a la presidencia?

O.N.: No. Tengo una decisión de vida. Nunca me preparé para salir a conseguir votos. Tengo una vocación de servicio público, pero no tengo una vocación electoral de participar en política.

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