Derecha autoritaria o izquierda socialista: Perú se debate entre dos extremos en las elecciones presidenciales

El pasado 11 de abril, Perú celebró la primera vuelta de sus elecciones de 2021. Tras la destitución de Martín Vizcarra, acusado de incapacidad moral en noviembre de 2020, los comicios parecían urgentes, consecuencia de las manifestaciones y la presión social en contra del mandatario impuesto por el legislativo, el congresista Manuel Merino.

Tras cinco días, Merino tuvo que abandonar el cargo, quedando como presidente Francisco Sagasti, una figura que logró conciliar y calmar las aguas hasta que se celebraran los nuevos comicios.

En este clima era de esperarse la inestabilidad política que se vivió en las urnas en abril. 18 candidatos se presentaron a las elecciones, y en las encuestas ninguno superaba el 12 por ciento de intención de voto. La segunda vuelta era virtualmente inevitable, por lo que solo restaba definir quiénes serían las dos opciones en el tarjetón el 6 de junio.

La sorpresa, sobre todo en las ciudades, vino por cuenta de la victoria de Pedro Castillo, candidato de Perú Libre, con el 18,92 por ciento de los votos. Profesor, campesino y líder sindical, Castillo logró un apoyo abrumador en las zonas rurales.

Sus posturas de izquierda en asuntos como el gasto público y la política exterior lo han acercado al sector más social, algo impensado hace algunos años, tras la asociación de esta ideología con el grupo terrorista Sendero Luminoso. El sector progresista urbano tampoco lo ve con buenos ojos, ya que es conservador en cuestiones sociales, por lo que rechaza la legalización del aborto, el enfoque de género en los programas escolares, y el matrimonio igualitario.

A pesar de su popularidad al alza, enfrenta una fuerte oposición del sector más moderado y de la derecha, que desconfían de su plan de gobierno, que le declara la guerra directamente a las grandes empresas. Por eso era clave el nombre de su rival en la segunda vuelta.

Y por eso sentó mal que la candidata de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, consiguiera el segundo lugar en la primera vuelta. Con 13,2 por ciento de los votos, la hija del  encarcelado Alberto Fujimori consiguió ser la candidata de la derecha para el 6 de junio.

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Pero su figura es tanto o más polarizante que la de Castillo, debido a los daños y delitos que cometió Fujimori padre cuando fue presidente peruano en la década de los 90. Fue encontrado culpable de delitos de lesa humanidad por las matanzas de La Cantuta, Barrios Altos, y el secuestro al periodista Gustavo Gorriti y al empresario Samuel Dyer Ampudia. Su figura autoritaria fue propia de las dictaduras del siglo XX en América Latina.

Por eso la figura de Keiko, que se ha mostrado afín con la política de mano dura y represiva de su padre, es vista como una legitimación de los crímenes atribuidos al fujimorismo.

Los dos extremos, y la falta de otras alternativas políticas, han dejado a buena parte de los peruanos en el limbo, una incertidumbre en la que la crisis política, social y económica que vive Perú, agudizada por la corrupción en las instituciones públicas, podría terminar de agudizarse.

Contra Keiko

Miles de personas se han manifestado en varias ciudades de Perú en rechazo a Keiko Fujimori, en marchas convocadas por grupos de derechos humanos y anticorrupción.

Bajo el lema “Por el Perú, Keiko no va”, en Lima la marcha se realizó pacíficamente con miles portando mascarillas y enarbolando banderolas con consignas contra la candidata y su padre.

Los opositores de primera fila son familiares de víctimas de violaciones a los derechos humanos perpetradas durante el gobierno de Alberto Fujimori, en el marco de la guerra contra el terrorismo maoísta de Sendero Luminoso.   

La población joven también considera al fujimorismo parte de una clase política corrupta, que ha marcado a fuego al país las últimas tres décadas.

El rechazo a la posibilidad de que Perú impulse a la dinastía al poder es otra bandera de la oposición a Keiko, quien se postula por tercera vez a la presidencia en diez años.  

Contra Castillo

Por su parte, decenas de expolicías y familiares de agentes caídos en el conflicto armado interno peruano han expresado su rechazo al izquierdista Castillo. Esta semana, se reunieron en un acto simbólico en una calle de Lima donde Sendero Luminoso perpetró un atentado en 1992.

El conservadurismo y los adversarios de Castillo han insistido en vincularlo con el Gobierno venezolano de Nicolás Maduro así como a Sendero Luminoso, a pesar de que el propio Castillo resistió las incursiones de la guerrilla como miembro de las “rondas” campesinas armadas en su región natal de Cajamarca. Esa preocupación revivió fuertemente esta semana tras el asesinato de 16 personas en la selva de Perú, presuntamente por remanentes de Sendero Luminoso.

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En cuanto a su vínculo con el chavismo, Castillo negó que su intención sea llevar al país hacia un modelo comunista o “chavista”, refiriéndose al régimen venezolano. “¿De dónde sacaron eso del comunismo, del chavismo?”, replicó Castillo en rechazo a afirmaciones de su adversaria derechista Keiko Fujimori, quien asegura que Perú corre el riesgo de una deriva comunista o bolivariana en caso de una victoria izquierdista.

“Es falso y denigrante decir que Pedro Castillo te va a quitar tu casa, tu terreno, lo que has ahorrado”, aseguró, dirigiéndose a más de un millar de simpatizantes en una manifestación en Lima.  

Las encuestas

Según Ipsos, Castillo supera ligeramente en intención de voto a Fujimori para el balotaje presidencial del próximo 6 de junio en Perú.

Castillo concentra el 40 por ciento de la intención de voto, mientras Fujimori recibe un 37 por ciento de las preferencias. Un 14 por ciento votaría en blanco o nulo y un 9 por ciento no precisó su opción electoral en la consulta.

En todo caso, la tendencia de los sondeos cada vez apunta más a unos comicios apretados. “No hay un favorito, cualquiera de los dos puede ganar. La campaña se torna mucho más disputada”, dijo Alfredo Torres, director de Ipsos, al diario El Comercio.

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