Guerra con China, desplomes y huella ambiental: la mala hora del bitcóin

Desde que Elon Musk trinó un meme sobre el bitcóin en los primeros días de junio, el bitcóin ha entrado en un espiral de inestabilidad del que aún no logra salir. En aquel momento, el precio de esta criptomoneda cayó en un 6 por ciento, el mayor desplome de su precio jamás registrado. En aquel momento alcanzó un mínimo de 35.000 dólares, pero la situación actualmente es incluso peor.

Esta semana, el bitcóin viajó en una montaña rusa. Cayó por debajo de los 30.000 dólares por primera vez en cinco meses, afectado por las medidas chinas para regular este mercado descentralizado. Mientras transcurre la semana, la criptomoneda ha logrado remontar lentamente.

La criptomoneda alcanzó su nivel más bajo desde enero: 29.334 dólares, perdiendo cerca del 9 por ciento de su valor. El desplome vino luego de que Pekín decidiera cortar la corriente a las empresas especializadas en el minado de esta moneda virtual, en la provincia de Sichuan.

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La volátil criptomoneda sigue al alza en más de 12 por ciento desde principios de año. Pero su cotización actual está lejos de su máximo histórico de 64.870 dólares, alcanzado a mediados de abril.

Fawad Razaqzada, analista en ThinkMarkets, señala dos razones para esta volatilidad extrema. “Las preocupaciones por las medidas de ajuste del Gobierno chino y el miedo a que la aceptación del bitcóin y de otras criptomonedas llegue con retraso por su impacto en el medio ambiente lastran al mercado“, dice el experto.

¿Por qué China actúa así?

La necesidad de control del Gobierno chino sobre el sistema financiero se ha reforzado a medida que este ganaba en importancia. Las criptomonedas, y en especial el bitcóin, representan un desafío para Pekín, dada la imposibilidad para el banco central de seguir los movimientos de dinero que pasan por esos activos.

Para “prevenir y controlar los riesgos financieros” la autoridades decidieron prohibir los intercambios de criptomonedas en el país. Según analistas, China teme un aumento de inversiones ilícitas y de captaciones de fondos, en momentos en que sus autoridades intentan controlar los flujos de capitales.

Xi Jinping, presidente de China. Foto: AFP
Xi Jinping, presidente de China. Su idea sería introducir en aquel país una moneda virtual nacional. Foto: AFP

China no tiene un mercado de capitales abierto, y las criptomonedas permiten esquivar esta situación, lo que  es inaceptable para las autoridades” opina Jeffrey Halley, analista para Asia de Oanda, empresa especializada en intercambios internacionales.

El endurecimiento ante las criptomonedas permite además a China introducir su propia moneda virtual. El banco central trabaja en este proyecto desde 2014, lo que permitirá al Gobierno controlar mejor los intercambios.

La creación y los intercambios de criptomonedas son ilegales en China desde 2019. Pero las recientes acciones de sus autoridades van a conducir a un importante sector de minado a cerrar sus actividades.

China, un jugador clave

Hoy, cerca del 80 por ciento de los intercambios de bitcoins se gestionan a través de centros de datos instalados en China, que consumen mucha energía.

El acceso a material y a energía muy barata ha favorecido la emergencia de empresas especializadas en los intercambios. Pero también ha motivado la creación de nuevos activos de criptomonedas, una operación que requiere gran potencia de cálculo y fuerte gasto de energía.

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Una parte importante de la industria se alimenta de electricidad de centrales que funcionan con lignito, un carbón muy contaminante, lo que podría impedir a China alcanzar sus objetivos climáticos, lo que en parte explica su reacción.

Según el índice de consumo eléctrico del  bitcóin, publicado por la universidad británica de Cambridge, el minado de monedas virtuales debería consumir 0,6 % de la electricidad mundial en 2021, el equivalente del consumo de Noruega.

Huella ambiental

El consumo energético del bitcóin ha alcanzado cotas históricas. Según el Cambridge Bitcoin Electricity Consumption Index,  grupo de investigación de la Universidad de Cambridge University su consumo es superior al de naciones como Irlanda o Argentina.

El minado de bitcóin implica un proceso de uso intensivo de energía, destinada a resolver complejos problemas matemáticos. En 2009, cuando fue creada esta criptomoneda, el proceso se podía llevar a cabo en un computador común y corriente. Pero como indica Lauren Aratani en The Guardian, “por la manera como el minado de bitcóin fue configurado por su creador (o creadores, nadie está seguro de quién lo creó), hay un número finito de bitcóins que pueden ser minados. Y entre más bitcóin sean minados, más difícil será el algoritmo”. Y, en consecuencia, más energía se consumirá en el cálculo.

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Los defensores de la criptomoneda dicen que utilizan mayormente energía de fuentes renovables, que es a la vez más barata para su producción. Según el Centro de Finanzas Alternativas de Cambridge, el consumo anual de los bitcóins está por encima de los 115 terawatts-hora (TWh). El sitio Digiconomist lo estima cercano a los 80 TWh. Según este portal, una transacción de bitcóin deja la misma huella de carbón que “680.000 transacciones con una tarjeta Visa o 51.210 horas viendo YouTube”.

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