Qué puede esperar América Latina de la victoria de la izquierda en Perú

La nueva era política en Perú comienza con señalamientos. Con menos del uno por ciento por contar, Pedro Castillo tomó una ventaja de un poco más de 60.000 votos de ventaja sobre Keiko Fujimori. La distancia, a la espera de que el voto extranjero reduzca la ventaja del líder de izquierda, es insalvable. Ante esta definición, Fujimori no ha tardado en denunciar un fraude electoral.

En las pasadas elecciones, cuando perdió contra Pedro Pablo Kuczynski, hizo lo propio, y ahora su única esperanza es que los pedidos de los grandes bufetes de abogados peruanos, la mayoría alineados con ella, logren anular unos 100.000 votos a favor de Castillo.

Las acusaciones de Fujimori contrastan con la conclusión de la misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA), que enfatizó, antes de la denuncia de la candidata, que el escrutinio se realizó “de acuerdo a los procedimientos oficiales”.

Pedro Castillo. Foto: AFP

Los señalamientos han sido tomados como recordatorio de la inestabilidad política que ha vivido Perú en el último tiempo. El desfile de mandatarios destituidos y acusados de corrupción precede a estos comicios, y auguran un futuro difícil para el ganador de las elecciones. Castillo tampoco se ahorró tiempo para anunciar su victoria a falta de que sea oficial. Lo hizo, entrada la noche del martes, apoyado en las proyecciones paralelas de su partido, Perú Libre.

En todo caso, Castillo, representante de una izquierda apoyada por el voto rural, será el siguiente presidente de Perú. El destino de sus predecesores es un mal augurio, pero los peruanos entran en terreno desconocido. Además de representar la línea marxista-leninista de Perú Libre, Castillo sería el primer mandatario peruano fuera de las élites políticas y económicas en su historia.

Castillo, una sorpresa

Hace un mes, en Lima y las demás ciudades peruanas eran pocos quienes tenían a Castillo en el radar. El profesor, campesino y líder sindical logró un apoyo abrumador en las zonas rurales, y consiguió en primera vuelta un 18,92 por ciento de los votos.

A Castillo, sus posturas en temas como el gasto público y la política exterior lo han acercado al sector rural y campesino. Sin embargo, no le valieron el apoyo de la izquierda moderada, que denuncia su conservadurismo en temas como la legalización del aborto, el enfoque de género en los programas escolares, y el matrimonio igualitario.

La derecha, el centro y el sector empresarial desconfían de su plan de gobierno, que le declara la guerra directamente a las grandes corporaciones. Castillo promueve un activo papel del Estado en la economía, una idea que implica un aumento del gasto público en un país que ha mantenido el equilibrio de sus cuentas nacionales, pero que históricamente ha escatimado en inversión social.

Castillo sostiene que el sector de telecomunicaciones debe estar en manos del Estado, un negocio actualmente controlado por varios operadores extranjeros.

También quiere meterle mano al sector minero. Con una enorme producción de cobre, oro, plata, plomo y zinc, la minería es el motor de la economía peruana, responsable del 10 por ciento del PIB y de una quinta parte de los tributos pagados por empresas.Castillo afirma que con los actuales precios del cobre “las trasnacionales mineras están obteniendo sobreganancias” y parte de estas deberían pasar al erario nacional. Por eso propone “un nuevo impuesto a las sobreganancias, eliminación de exoneraciones tributarias, regalías en función de las ventas y renegociación de contratos con estabilidad tributaria“.

Castillo apostaría por la inversión pública para reactivar la economía, así como en infraestructura, compras públicas a Pymes y la disminución de las importaciones.

Qué puede esperar América Latina

La elección de Castillo está en sintonía con el giro a la izquierda de la región en los últimos meses. Tras la inesperada victoria del consevador Guillermo Lasso en Ecuador, los comicios en Perú, así como las próximas elecciones en Brasil, Chile y Colombia, han prometido una base electoral fuerte para los candidatos de izquierda.

Sin embargo, los cambios agresivos como los propuestos por Castillo no son bien vistos del todo por analistas políticos y economistas. Sus planteamientos, asociados con el intervencionismo fuerte del Estado en la regulación económica, hacen dudar acerca de la sostenibilidad de sus planes sociales.

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Otros gobiernos de izquierda en la región han demostrado que los mercados no tienen que temer per se a un mandatario de izquierda. Pero los inversionistas temen que una nueva crisis social termine por desestabilizar económicamente estos proyectos, sobre todo aquellos fuertemente intervencionistas, como el de Castillo.

El regreso de la violencia interna también es otra preocupación. Castillo hizo parte de las rondas campesinas, las patrullas comunitarias que en los años del conflicto armado interno en Perú se dedicaron a detener las incursiones de Sendero Luminoso. Pero con los últimos antecedentes de ataques de remanentes de esta guerrilla, Castillo tendrá en frente resolver de una vez por todas uno de los pocos conflictos internos que aún permanece en la región.

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