Mientras Estados Unidos retira sus tropas, Afganistán vive la peor ola de terrorismo en años

No es coincidencia que Estados Unidos comience a retirar sus fuerzas de Afganistán y la violencia se recrudezca en el país, que vive una ola de violencia desde el 1 de mayo, fecha en la que se suponía que Estados Unidos habría retirado totalmente sus 2.500 soldados que permanecen en el país. Pero la retirada continúa, y terminará el 11 de septiembre, que marca el vigésimo aniversario de los atentados contra el Pentágono y las Torres Gemelas.

Ante esa reducción progresiva de las fuerzas norteamericanas, se produjo el atentado más mortífero del año, a las puertas de una escuela de niñas en Kabul. Al menos 50 personas murieron, la mayoría estudiantes, y unas 100 resultaron heridas en una serie de explosiones. Dos días después, al menos 11 personas murieron por la explosión de una bomba al paso de un autobús en la provincia de Zabul (sur), según indicó el Ministerio del Interior.

Los ataques son atribuidos a los grupos talibanes del sur de Afganistán, quienes, horas después de lo ocurrido en Zabul, decretaron un alto al fuego por la fiesta del Aíd al Fitr, que marca el fin del ramadán. Por su parte, el presidente afgano Ashraf Ghani ordenó a las fuerzas armadas gubernamentales “observar el alto el fuego” y pidió una tregua permanente.

Normalmente el Gobierno responde declarando a su vez un alto el fuego pero el negociador jefe Abdulá Abdulá dijo el lunes que el país necesita un alto el fuego permanente. “Creemos que la mejor manera de salir de la crisis es acelerar las conversaciones de paz, declarar un alto el fuego duradero y poner fin a los combates para siempre“, subrayó en un comunicado.

Las explosiones del sábado delante de un centro escolar en un barrio de mayoría chiita hazara, a menudo objetivo de los extremistas sunitas, en el oeste de Kabul, se produjeron cuando los habitantes hacían las compras para el Aíd al Fitr. El domingo, los cuerpos de decenas de niñas fueron enterrados en el cementerio de una colina de Kabul.

Rashed Hashimi, un residente en Kabul, cree que los talibanes deberían dejar de luchar cuando las fuerzas estadounidenses abandonen el país. “Los talibanes decían que luchaban contra los extranjeros, pero ahora los extranjeros se están yendo”, dijo. “Entonces, ¿por qué luchan contra los afganos?“. 

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Para el analista político Fawad Kochi, el alto el fuego sirve a los dirigentes talibanes para dar un respiro a sus fuerzas en los combates, que se intensificaron desde que comenzó la retirada de las tropas estadounidenses el 1 de mayo. “El gobierno intentará por todos los medios prolongar el alto el fuego, pero los talibanes volverán al campo de batalla justo después del Aíd“, afirma.

El Gobierno afgano acusa a los talibanes de estar detrás del ataque del sábado ellos niegan cualquier responsabilidad. Además afirman no haber cometido ningún ataque en Kabul desde febrero de 2020, cuando firmaron un acuerdo con Estados Unidos allanando el camino para las conversaciones de paz y la retirada de las últimas tropas estadounidenses.

Sin embargo, siguen luchando a diario contra las fuerzas gubernamentales en el interior del país.

En virtud del acuerdo de febrero de 2020 firmado en Catar con los talibanes por la administración del entonces presidente Donald Trump, ya no debería haber tropas estadounidenses en Afganistán. Pero el aplazamiento de la fecha de retiro provocó la ira de los talibanes.

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Su líder, Hibatulá Akhundzada, advirtió el domingo que un aplazamiento en la salida de las tropas sería una “violación” del acuerdo. “Si Estados Unidos vuelve a incumplir su compromiso, el mundo debe ser testigo y responsabilizar a Washington de las consecuencias“, afirmó.

La guerra en Afganistán ha dejado un saldo de 2.500 soldados norteamericanos muertos, 450 bajas para Reino Unido y otros cientos para otras naciones. Pero los soldados afganos han llevado la peor parte en la lucha contra los talibanes, con alrededor de 60.000 miembros de sus fuerzas muertos. Se calcula que el número de civiles muertos supera los 120.000.

El retiro de Estados Unidos pone fin a un despliegue que costó alrededor de un billón de dólares. Sin embargo, los resultados son cuestionables. Se logró dar de baja a Osama bin Laden en 2011, pero grupos terroristas como Al Qaeda y Estado Islámico continúan operando en Afganistán. Y ahora, la salida de las tropas norteamericanas y de la Otan es vista como un abandono al gobierno afgano, a todas luces incapaz de contener a las insurgencias del sur del país.

*Con información de AFP

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