La crisis demográfica que obligó al Gobierno chino a aceptar hasta tres hijos por familia

En 2016, la conocida política del Gobierno chino que ponía un límite de un hijo por familia, impuesta en 1970 por Deng Xiaoping, llegó a su fin. O más bien, el límite pasó a ser de dos hijos, con el fin de reactivar la tasa de natalidad tras décadas a la baja y que ocasionó un preocupante envejecimiento de la población.

Hoy, tres semanas después de los resultados de su último censo, que reveló una fuerte desaceleración del crecimiento de su población, el Gobierno autorizó un límite de no más de tres hijos por familia.

En 2020, el número de nacimientos cayó a 12 millones, contra 14,65 millones en 2019, año en el que la tasa de natalidad (10,48 por 1.000 habitantes) ya era una de las más bajas desde la fundación de la China comunista, en 1949.

Puede leer: Derecha autoritaria o izquierda socialista: Perú se debate entre dos extremos en las elecciones presidenciales

A finales de los años 1970, China se acercaba a los 1.000 millones de habitantes, casi el doble respecto de 1949, apenas veinte años atrás. Por eso se impuso la “política del hijo único“, con fuertes multas para los infractores, pero con flexibilizaciones para las minorías étnicas o familias campesinas cuando su primer hijo era una niña. Esto ha hecho que ahora el número mayor de hombres también sea una preocupación.

Durante más de tres décadas, la “política del hijo único” criticada por disparar los abortos y esterilizaciones, y por el destino incierto de los hijos que superaban el límite tenían que pasar en refugios, a la espera de ser adoptados por otra familia.

Pero la nueva política de 2016 no fue suficiente para reactivar la natalidad, en caída libre por varias razones. Entre esos motivos está la disminución de los matrimonios, el aumento del costo de la vivienda y la educación, la fertilidad más tardía de las mujeres que privilegian su carrera profesional, exceso del número de hombres en relación con las mujeres.

Población envejecida

En el otro extremo de la pirámide de edad, China tenía más de 264 millones de personas mayores de 60 años el año pasado, que constituye ahora el 18,7 por ciento del total de la población, un aumento de 5,44 puntos porcentuales respecto al censo de 2010.

Por el contrario, la población en edad de trabajar (entre los 15 y 59 años) no representa más del 63,35 por ciento del total, 6,79 puntos menos que hace 10 años.

Otro asunto problemático es que el parlamento votó un plan para aumentar gradualmente la edad de jubilación durante los próximos cinco años, para disgusto de gran parte de la población. Los detalles de esa política no han sido revelados.

Los demógrafos advirtieron del riesgo de una evolución a la japonesa o a la surcoreana, con una disminución de la población y un exceso de personas mayores en relación con los jóvenes y la población económicamente activa.

Según el último censo, China tenía 1.411 millones de habitantes a fines de 2020. En comparación con el anterior estudio de 2010, la población aumentó sólo un 5,38 por ciento, la tasa de crecimiento más baja desde los años 60.

Hay quienes son pesimistas con el aumento del umbral, ya que en 2016 el cambio no fue marcado. Ye Liu, especialista en desarrollo internacional del King’s College de Londres, cree que la nueva política tiene “pocas posibilidades” de éxito porque el gobierno “pone la responsabilidad del envejecimiento de la población sobre las familias sin compromisos financieros concretos“.

Los números del futuro

Las cuentas ya no le cuadraban a Xi Jinping. El mandatario tiene la mira puesta en su plan para fortalecer el poderío chino en el mundo,  y que se materializará en la Nueva Ruta de la Seda y en proyectos globales de ámbito tecnológico, social, espacial y deportivo. En las próximas décadas, Xi espera que China sea la mayor potencia económica del mundo.

Sin embargo, el desplome de la población ha puesto contra las cuerdas sus planes antes de lo pensado. La liberación del número de hijos que acaba de anunciar  su gobierno estaba prevista para 2027. Pero desde antes se sabía que la población china iba a enfrentar problemas estructurales en su población envejecida.

Según un análisis de Nicholas Eberstadt y Ashton Verdery en Foreign Policy, las proyecciones indican que, a pesar de que los vínculos familiares en China son mayores que nunca (gracias a la mayor expectativa de vida), para 2050, los jóvenes menores de 30 años tendrán una  quinta parte de los primos que tienen actualmente esa población en aquel país. El número de tíos también será mucho menor, incluso más bajo que el registrado en el periodo pre-Mao.

En 2050, dos de cada cinco chinos menores de 50 años serán hijos únicos, una cifra que indica una seria amenaza para las estructuras sociales tradicionales de aquel país, arraigadas en buena medida en los lazos familiares. Para Eberstadt y Verdery, “a pesar de los avances materiales, la China contraída, envejecida y atomizada de 2050 podría ser un lugar profundamente pesimista”.

Puede leer: Seis billones de dólares: la inmensa deuda que propone Biden para reinventar la economía de EE.UU.

Este envejecimiento implica que los mayores de 65 años absorban buena parte de los programas públicos del Estado, lo que Xi no vería con buenos ojos y sería la razón para intentar subir aún  más la edad de jubilación.

Además, Eberstadt y Verdery concluyen que “el futuro descenso de parientes biológicos vivos golpeará la economía china”, ya que “así como la proliferación de parientes consanguíneos fue un poderoso estímulo para el crecimiento económico en China, la rápida evaporación de estas mismas redes puede actuar como un depresor económico y provocar una recesión”.

Esto porque los miembros de la familia estarían dispuestos a tomar menos riesgos, “descartando emprendimientos en beneficio de actividades económicas más confiables pero menos productivas”. En todo caso, los efectos están por verse. El Gobierno chino solo espera que las medidas tomadas para frenar las consecuencias de su plan demográfico no hayan llegado demasiado tarde.

0 Comentarios

Deja un comentario

Diario Criterio