‘Gólgota’: viaje al calvario

Desde hace unos años se vienen publicando en Colombia historietas de ciencia ficción que destacan por una particular exploración del género en la narrativa nacional, y por el uso de variados recursos gráficos que le han permitido a dibujantes y guionistas diseñar alternativas al curso estático de hechos históricos nacionales y excavar en otras formas de representación. 

En este nuevo mapa de historias se pueden enumerar algunos libros que han tenido resonancia entre los lectores y la crítica como el premiado con el oro en el Japan International Manga Award, Dos aldos (Cohete cómics, 2016) de Henry Díaz y Pablo Guerra, un fluido viaje de experimentaciones, entre las posibles formas del amor y la ciencia; Emús en la zona (Tyto Alba Editores, 2019) de Mario Garzón, que señala el origen posible de una historia que se mueve entre el relato de la barbarie y el relato de la civilización; Liborina (Planeta cómic, 2020) de Luis Echavarría, una historieta que además de plantear un futuro alternativo, focaliza una parte de la violencia y retazos de la historia nacional en un paraje perdido, y Gólgota (Tyto Alba Editores, 2022), la adaptación libre de Giovanni Castro y Alberto Rodríguez al relato del mismo nombre del escritor Ricardo Burgos.

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Esta última, una solvente narración con tiempos alternos y escenarios locales, donde la aventura y la ambición se deslizan desde un eterno presente hasta el origen inmodificable del cristianismo que está amarrado al sacrificio y su eterno recordatorio. 

A través de su atractivo gráfico, tanto en su formato que privilegia los paisajes con las variadas formas de composición, en Gólgota se ponen en cuestión tanto símbolos como imágenes tradicionales, y a lo sumo sagradas. Así sucede desde el punto cero, el de la portada, donde vemos a un hombre que viste un holgado traje espacial y al fondo una parte de la torre del reloj de Cartagena de Indias, en una evidente superposición de temporalidades gráficas.

Gólgota
Gólgota

De ahí en adelante, el viaje nos conduce a una primera estación: Jerusalén, en el siglo I, de lo que está subrayado como la era común, un punto clave para entender las líneas narrativas que se desglosarán en la historieta. En este espacio del tiempo, los movimientos silentes de las imágenes nos muestran, en distintos planos, un calvario interrumpido por la aparición de una nave espacial, de la que desciende el hombre de traje de la portada, quien rescata a Jesús del sacrificio.

Luego, en otro salto en el tiempo, el Jesús rescatado, vistiendo unas ropas limpias, aparece en un paisaje de montañas en 2019, en el municipio de Tabio. Y por último, se abre otro punto en el tiempo, el de la Cartagena de la portada, expandida con otras arquitecturas y diseños, con una fértil y atractiva recreación de la ciudad y discretos esbozos de su puerto, en un futuro año 2225. 

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Con las tres líneas temporales trazadas, y con los indicios establecidos, el viaje que se propulsa es una aventura que abre las respuestas que se esconden en Gólgota, las cuales están diseminadas en el futuro alterno para la República de Colombia, sobre todo para el epicentro narrativo y tecnológico que es Cartagena de Indias, y los viajes que se elaboran al pasado desde un centro de viajes en el tiempo, del que disfrutan excéntricos millonarios aficionados a los hechos históricos. 

En esa primera parte se expande la experiencia que buscan los viajeros hacia sus fijaciones históricas, las cuales son suplidas por el programa que tienen a disposición, el cual se desarrolla en una ciudad que es otra respecto a la que conocemos, que ha cambiado con los años y ha sufrido sutiles alteraciones en el paisaje, aunque conserva elementos reconocibles que se interponen a las nuevas ornamentaciones técnicas y las intervenciones en las arquitecturas. Esto último es algo que al paso de la historia se filtra desde distintos ángulos a pesar de la limpieza que da la línea clara y los tonos usados, la ausencia de manchas y sombras entre viñetas.  

Gólgota

Lejos de desglosar la trama, los escenarios y las composiciones, despojados del fácil exotismo, son algunos de los elementos que logran darle un espacio de representación acorde a la propuesta. En lo que refiere al rápido ritmo y al tono sin pretensiones de los diálogos, ambos se ajustan, sin tropiezos, a la paleta de colores, la variedad de composiciones, y la limpieza en las páginas, haciendo de la historieta en su conjunto una máquina narrativa compacta y acorde con la propuesta narrativa.

Entre tanto, el viaje narrado, a pesar de su aparente complejidad se revela sencillo, y el juego con el corsé de la aventura queda ajustado a una historia que se hace posible en los paisajes de Colombia.

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Gólgota es una historieta de ciencia ficción tropical que atiende a los códigos clásicos del género, y que a pesar de su registro conservador, logra hurgar en ideas y la fijeza de las inmodificables bases cristianas que sobreviven adaptadas en el tiempo y la memoria, rindiendo homenajes a una tradición de la historieta muchas veces denostada, añadiendo con sus saltos en el tiempo, como se señalaba al principio, un nuevo punto en el mapa de la historieta colombiana al servicio de nuevas y diversas alternativas de representación. 

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