Gracias, ELN

Si el cese del fuego, así planteado por el Gobierno Petro, se hubiera dado, se hubiera dado también el caos contra de las instituciones y a favor del ELN“.

El título y lo que se sostiene a continuación requieren explicaciones. Pero se sustentan en variadas razones.  

La dialéctica de toda confrontación armada es perversa. Es algo lamentable pero así hay que aceptarlo. La paz —bien este de los más apreciables— es ardua, esquiva, evasiva, contradictoria, difícil, y sobre todo paradójica y no se la encuentra a la vuelta de la esquina. Lo que no se hace bien hoy, con el deseo de ahorrar vidas humanas, mañana podría convertirse en un factor multiplicador de víctimas. Inclusive, podría precipitar el colapso del proceso que busca esa misma paz. En este caso, con el ELN.

El meollo de un cese de fuego con cualquier guerrilla, lo han repetido bien los que de esto saben, está en la verificación. Algunos sostienen que la única manera segura de hacerlo es mediante el confinamiento del grupo armado en un espacio del cual no pueda salir ninguno de sus miembros.

En el decreto que consignó el inexistente fuego bilateral, tampoco existía, en la realidad concreta, ninguna verificación. Mucha ONU, mucho monseñor, mucho personaje de campanillas y buena voluntad, sin herramientas todos ellos para comprobar el cumplimiento de ese cese de fuego por las dos partes.

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En la primigenia y elemental lógica, esas partes deben acordar también los mecanismos de la verificación. Y ello conlleva que aceptan de antemano los veredictos producto de esos mecanismos. Es algo disuasivo para ambos. Pero ello no se hizo. Así las cosas, cualquiera hubiese podido burlar ese cese bilateral —decretado unilateralmente—, y desconocer, por consiguiente, cualquier decisión de cualquier comité, este ad hoc y constituido por un simple decreto.

Cese del fuego, así, cierto, en el inmediato plazo podría lograr menos muertes, pero en un tiempo un poco más dilatado, esas muertes, es muy probable, habrían de multiplicarse. Porque las guerrillas siempre han aprovechado esas circunstancia para más reclutamientos, más narcotráfico, más extorsiones, más dinero y, en síntesis, para empoderarse más. Para fortalecerse. Y para luego, se repite, poder accionar más y más para más muertes y más conflicto. Y así la paz, lo será tanto más lejana cuánto más empoderada se sienta la respectiva guerrilla.

Si ese cese del fuego, así planteado, se hubiera dado, se hubiera dado también el caos. El caos en contra de las instituciones y a favor del ELN.

Por eso hay que agradecerle al ELN el que no lo hubiera aceptado. Aunque eso lo hizo, estoy seguro, no por otorgarnos ese favor, sino porque consideró que había en ello un “gato encerrado”. Una trampa envuelta en ese surrealista decreto tan generoso y tan insensato. Toda guerrilla, y ello está en su naturaleza, es paranoica.

Además, gratitud, porque es posible —si es que su alta personalidad voluntarista y su ego de proporciones ciclópeas así se lo permiten—, que ante semejante fiasco el presidente reflexione sobre la forma como viene actuando. Y corrija. Y saque las conclusiones del caso, porque el oso que hizo, aquí y allende las fronteras, es similar al tamaño de sus anteriormente descritos ego y personalidad.

Lecciones

UNA. Que Usted, señor primer mandatario, y el país ya lo sabe, acostumbra a hacer las cosas con gran apresuramiento. No las medita. Las lanza por Twitter sin mayor análisis. Corríjase. Así no se gobierna. Su twitter suscita desconfianza. Grave para Usted. 

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DOS. Que los procesos de paz no son una carrera de los 100 metros planos, en donde la velocidad de la salida es fundamental para conseguir la medalla de oro, sino que se trata de una maratón, en donde esa misma partida, así pueda parecer desorganizada se irá ajustando.

Hay que tener paciencia. Hay que aceptar unos ritmos de acuerdo a como se vaya sintiendo el organismo, y en donde cuentan mucho la observación, tanto del propio cuerpo como los de los demás competidores. Y, sobre todo, estar consciente de que la meta comienza lejana y es demorada. Y que no se debe principiar por el sprint final. La maratón de Nueva York, por ejemplo, exige trotar 42 kilómetros más 195 metros. Quien en esa competencia saliere disparado al inicio, como si se tratara de correr los 100 metros planos, será un buen candidato para ser recogido por una ambulancia.

TRES. Que hay que tener mucho cuidado con las concesiones. Las guerrillas negocian tomando todo lo que se le les dé y ofreciendo y concediendo lo mínimo. Mientras más se les vaya dando, especialmente al principio, más se irán alejando de la firma final de la paz.

CUATRO. Que, aunque siempre hay que sentarse a negociar, hay que hacerlo bajo la premisa de que se está tratando con una contraparte desconfiada, de mala fe, que presentará todos los inconvenientes, dilatará los temas y tratará de desgastar al gobierno. Es por ello por lo que el manual sobre la negociación, nada menos que de la universidad de Harvard, trae un capítulo dedicado a la forma cómo se debe negociar con una contraparte de mala fe.  

CINCO. Que los griegos antiguos se referían a la hybris, la desmesura, la cual llevaba a ciertos humanos a perseguir metas producto de su soberbia y lo cual terminaba convirtiéndose en desastre. El adjetivo total, para la paz suya, en un país tan atravesado de violencias, suena delicioso y magnífico, pero puede convertirse en una real hybris.

Pensemos, igual, o quizás peor, en la desmesura suya sobre aquello del calentamiento global, en donde Usted, señor presidente, pretende solucionar, con iniciativas disparatadas y demagógicas, tal tamaño de problema desde esta no muy extensa esquina del globo terráqueo.

SEIS. Que, si se le quieren obtener más lecciones al fiasco de su cese del fuego con el ELN, se le diría al señor presidente que aprenda a manejar en forma diferente su tiempo. Cada cosa en y a su momento. Y no solo con los compromisos de su agenda, sino también con las pautadas acciones, necesarias ellas para tantos distantes resultados sobre la paz y las paces, como los que se buscan en su gobierno.

SIETE. El más importante. Que debe revaluar todo su estilo de gobierno. Si un semejante traspiés o un fracaso en su principal empeño, no le enseñan nada, estará él señor Petro, y nosotros a la par también lo estaremos, condenados a padecer el mismo y fracasante método de administrar el país.

Si el presidente Petro asume estas lecciones —y, además, otras que aquí no me caben— habrá que darle, insisto por tercera vez, las gracias al ELN. 

Este episodio, y muchas de las circunstancias que lo han acompañado, me recuerdan a Madame Roland, ciudadana de los tiempos de la Revolución Francesa, cuando Robespierre, sediento de sangre, a diestra y siniestra enviaba carretadas de hombres y mujeres a la guillotina. Ella, camino a su ejecución, exclamó: “¡Oh, libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”.

Ahora podríamos exclamar: ¡Oh, paz!, ¡cuántas ingenuidades y torpezas fatales se cometen en tu nombre!

Y cuántas babas también, desde Belisario hasta Petro.

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