La posesión de Enrique Olaya Herrera: historia de una fiesta popular

Entre críticas y aplausos, Gustavo Petro prometió que su posesión será una fiesta popular, un hecho que no ha sido inédito en la historia colombiana. Hace casi 100 años, Enrique Olaya Herrera casi hizo lo mismo.

Foto apertura: Cuéllar Jiménez, Gumersindo. Posesión Presidencial del doctor Enrique Olaya Herrera. Disponible en la Biblioteca Virtual del Banco de la República

El jueves 7 de agosto de 1930, Bogotá amaneció invadida por miles de personas que viajaron desde los distintos puntos cardinales del país para ver la posesión de Enrique Olaya Herrera, quien había ganado las elecciones el pasado 9 de febrero. Según las crónicas de la época, nunca se había visto semejante multitud en la ciudad. Desde hacía dos días, caminar por el centro de Bogotá era casi imposible. Los taxis, buses y el tranvía “pasaban atestados de gentes”. Y los pocos alojamientos, hostales y hoteles se encontraban a tope, debido a los más de 30.000 foráneos que arribaron a la ciudad, según la Junta de Alojamientos.

Portadas de El Tiempo sobre el triunfo y la posesión de Olaya Herrera
Portadas con que El Tiempo llamaba a votar por Enrique Olaya Herrera en las elecciones y anunciaba su posesión como presidente. Fuente: El Tiempo, domingo 9 de febrero de 1930 y El Tiempo, jueves 7 de agosto de 1930.

Expectativa por el cambio

Propios y extraños respiraban un ambiente enrarecido, producto de la alegría y expectativa por la llegada del liberalismo a la Presidencia y del miedo de que el traspaso del poder no se hiciera de forma pacífica. El nerviosismo tenía su razón de ser. El Partido Liberal no gobernaba al país desde que Rafael Núñez declaró, en 1885, el fin de los Estados Unidos de Colombia y buena parte de los conservadores creían que el advenimiento de sus contendientes significaba una nueva era de conflictos y guerras civiles.

Por su parte, la dirigencia e intelectualidad festejaban por partida doble la posesión de Olaya Herrera, no solo habían tumbado la Hegemonía Conservadora, sino que llegaba a su fin el gobierno de Miguel Abadía Méndez, que a juicio de ellos había sido nefasto. Al respecto, el editorial del 7 de agosto de El Tiempo decía: “Termina hoy el periodo administrativo más desastroso que se registre en la doliente historia de la república (…) La república estaba hace cuatro años próspera, fuerte, económicamente sana (…) y hoy se encuentra casi arruinada, abatida, exhausta bajo el peso de deudas enormes, presa del desconsuelo y de la angustia”.  

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El evento de posesión se realizaría en el salón central del Capitolio donde se instalaría el solio presidencial y a su alrededor las sillas traídas del Tetro Colón, reservadas para las altas autoridades políticas y eclesiales. En las tribunas altas se ubicarían los diplomáticos, periodistas y funcionarios de menor importancia y las barras estarían destinadas para la gente del común, pero con boletería. Con el fin de hacer la transmisión del mando un evento popular, el comité organizador dispuso“regocijos públicos –informó El Tiempo– en todos los barrios de la ciudad, y cine público en casi todas las plazas”.

Caricatura de Ricardo Rendón sobre candidatura de Olaya Herrera
En enero de 1930, el caricaturista Ricardo Rendón publicó una caricatura que simbolizaba la esperanza de la candidatura de Enrrique Olaya Herrera. Fuente: El Tiempo 8 de enero de 1930.

Muy temprano las calles del centro parecían ríos de personas que caminaban hacia la Plaza de Bolívar para tratar de ocupar el mejor lugar donde observar al presidente liberal. Los que tenían boleta para el Capitolio andaban tranquilos, los que no, buscaban afanosamente ubicarse cerca de los parlantes instalados por los organizadores. En las escuelas, estudiantes y profesores hacían homenajes a los mártires de la independencia, mientras las bandas de guerra recorrían las calles “tocando himnos patrióticos”.

A lo largo y ancho de la ciudad, se veía en los balcones y puertas banderas de Colombia izadas, arreglos florales colgados y gallardetes atravesados en lo alto de las calles, y algunos locales exhibían fotos de Olaya Herrera. En los cafés el tema de conversación era el futuro del país y cómo sería el gobierno del presidente. Lo que sucedió en esas horas era tan inédito, que el autor anónimo de la crónica, que apareció en El Tiempo el día posterior a la posesión, escribió: “No es necesario recurrir a la hipérbole porque lo cierto es que en la capital no se tiene noticia de que antes se hubiera registrado ni remotamente un espectáculo de tal magnitud e imponencia”.

Olaya Herrera: un hombre de masas

No era la primera vez que Olaya Herrera recibía muestras de semejante fervor popular. Su intempestiva y corta campaña presidencial se caracterizó por la concurrencia de miles de almas que se agolpaban en las plazas publicas para verlo y escucharlo. A inicios de enero de 1930, Olaya Herrera se encontraba en Washington y fungía como embajador de Colombia en Estados Unidos y a tan solo un mes de las elecciones no se tenía certeza si iba a ser el candidato del Partido Liberal. Aun así, la mayoría de los directorios departamentales del partido lo aclamaban como candidato presidencial.

Olaya Herrera retorno al país a mediados de enero y una vez pisó las costas colombianas se desató lo que podría llamarse la ‘olayomanía’. Desde que llegó a Cartagena, el 17 de enero, las plazas atestadas, las caravanas y vítores interminables fueron el sello de la campaña, que duró tan solo tres semanas. En el Corralito de Piedra, a Olaya Herrera lo recibió una manifestación de 25.000 personas (más o menos la tercera parte de la población de la ciudad) en la Plaza de la Independencia, un espectáculo “nunca antes visto”, según lo relató un periodista cartagenero. Similares escenas se dieron en Barranquilla, Medellín y Girardot, puerto donde lo recibieron 15.000 simpatizantes, el 25 de enero.

Manifestación Medellín Enrique Olaya Herrera
Manifestación que recibió a Enrique Olaya Herrera en la Plaza Cisneros de Medellín el 25 de enero de 1930. Fuente: El Tiempo, 26 de enero de 1930.

La gran cantidad de almas que salieron a las calles y plazas a recibir a Olaya Herrera en su recorrido hacia el interior del país no tuvo comparación con lo sucedido en Bogotá. El candidato liberal arribó en tren a Fontibón el 26 de enero. Lo esperaban miles de personas que llegaron en carros, autobuses y caballos desde Bogotá y otros sitios de la sabana y llenaron las calles de la población “en forma que era prácticamente imposible el tránsito”.

En un carro seguido por una caravana de 1.800 automóviles, según un cronista de El Tiempo, el candidato inició su recorrido hacia la Plaza de Bolívar en Bogotá. Iba a paso lento por la cantidad de personas que lo seguían. En total, 150.000 personas que lanzaban vivas a Olaya Herrera, a la Concentración Nacional y al Partido Liberal lo acompañaron bajo una lluvia de flores. De acuerdo con el cronista, cuando el automóvil “llegó a la Estación de la Sabana todavía no había terminado el desfile en Fontibón”.

Hacia las cinco de la tarde a la Plaza de Bolívar no le cabía ni una sola alma y “una gran cantidad de personas hubo de colocarse en las aceras en las tribunas y portones de las casas, en las azoteas, en las gradas y tribunas del Capitolio”. Ya fuera por el hastío con la presidencia de Abadía Méndez, por el carisma del candidato o por lo que los historiadores han denominado la irrupción de las masas en la política, Olaya Herrera protagonizaba una de las mayores manifestaciones hechas hasta ese entonces en la historia del país. Hecho que daba cuenta, también, de que la sociedad y la política colombiana estaban cambiando. Con razón, un periodista de El Tiempo escribió: “La manifestación que hizo ayer el doctor Olaya Herrera en la capital de la República pasará a la historia de la Patria con proyecciones de eternidad”.

Portada del El tiempo que daba cuenta del apoyo a Enrique Olaya Herrera
El Tiempo dió cuenta en su portada de la asistencia de más de 150.000 personas de la llegada de Enrique Olaya Herrera a Bogotá. Fuente: El Tiempo, 26 de enero de 1930.

De vuelta a la posesión

Al mediodía del 7 de agosto, el nuevo presidente y su familia partieron de Villa Camacho rumbo a Bogotá. Cuando la multitud se enteró que había llegado a su casa de la calle novena, frente al Capitolio, se dirigió hacia allí coreando “¡Viva el Partido Liberal! ¡Viva el doctor Enrique Olaya Herrera!”. Poco después, el tranvía dejó de funcionar desde la Plaza de Bolívar hacia el sur porque la gente había copado las calles que recorría.

La carrera Séptima –cuenta el cronista anónimo de El Tiempo– desde la esquina de la Plaza de Bolívar con la calle 10ª, hasta San Agustín, era un apiñamiento increíble de gentes que se sometían a todas las incomodidades, a los apretujones y demás adehalas de regla en estos casos, a cambio de gozar de un puesto más o menos aleatorio para ver y oír”. Y la Cruz Roja tuvo que atender los casos de asfixia.

Luego de la instalación del Congreso, una comisión de senadores fue a la casa de Olaya Herrera a avisarle que podía desplazarse al Capitolio para asumir la Presidencia. La guarda que custodiaba la casa y hacía una calle de honor tuvo que duplicarse ante la gran cantidad de personas que había. Cuando el presidente electo salió, los vítores, que no habían parado desde el mediodía, arreciaron y la Plaza de Bolívar parecía un extenso manto blanco por los pañuelos agitados al aire por los asistentes.

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Investido como nuevo presidente, Olaya Herrera dio su primer discurso, en medio de los aplausos de los asistentes, y procedió a dar el tradicional recorrido del Capitolio a la Casa de Nariño que debía hacer dentro de una calle de honor hecha por los soldados de las Escuela Militar. Sin embargo, la gente, deseosa de ver a su presidente, la rompió y al él no le quedó más remedio de transitar hacia su nuevo hogar rodeado de ellos. Terminada la transmisión de mando, la fiesta popular en las distintas plazas y barrios de la ciudad continuó hasta la madrugada.

Formación militar a un costado del Capitolio Nacional, durante la ceremonia de trasmisión de mando.
Formación militar a un costado del Capitolio Nacional, durante la ceremonia de transmisión de mando. Foto: Gumersindo Cuéllar Jiménez. Disponible en: Biblioteca Digital del Banco de la República.

Al día siguiente, el evento fue comentado por los diarios liberales EL Tiempo y El Espectador. Dedicaron sus ediciones a contar los pormenores de la posesión y reprodujeron el discurso de Olaya Herrara. En una nota breve, titulada ‘Las olas humanas’, los redactores de El Tiempo destacaron la gran confluencia de la gente al evento y la calificaron como nunca vista en la historia del país:

Una formidable marea humana, nunca vista antes entre nosotros, se estrelló ayer contra los graves edificios de piedra (…) La transmisión del poder público, que en otras ocasiones había dado la impresión desolada de un desahucio, y cuyas ceremonias solían desarrollarse con una absoluta prescindencia del sentimiento popular, asumió ayer una forma clamorosa (…) Nunca un hombre, dentro de nuestra crónica democrática, había asumido de modo tan pleno la representación de la patria como el doctor Olaya Herrera”.

Como lo han comentado varios historiadores, entre ellos Álvaro Tirado Mejía, con la República Liberal y con la Presidencia de Olaya Herrera, ocurre la irrupción de las multitudes en la política colombiana. Pocos años después Alfonso López Michelsen repetiría la escena en su posesión y Jorge Eliécer Gaitán se convertiría en el gran líder popular, cuyo carisma y promesas de cambio movilizarían a miles de personas a la calle.

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